Opinión

El lado bueno y el dudoso de la oferta de Chávez…


En mi imaginación vi a los nicaragüenses nadando en plata. No perdí una sola de las frases del presidente Chávez, sobre todo cuando hizo referencia a la condonación de la deuda que nuestro país “tenía” con Venezuela. Subrayo el tenía porque no sé hasta dónde el presidente venezolano tenga potestad para tomar decisiones capaces de borrar la deuda de un país amigo que tenga que ver con las finanzas del Estado. Por supuesto, la decisión del fundador y propulsor del ALBA de alguna forma o intención viene a beneficiar a los más empobrecidos del pueblo nuestro.
Otra decisión alentadora es el acuerdo con los alcaldes relativo a abastecimiento del petróleo a precios preferenciales y facilidades de financiamiento que colocan al país en ventajosas condiciones para continuar presionando; entrega de los embarques de urea y planes relacionados con el financiamiento de miles de viviendas populares y ayuda en otros sectores sociales que tendrían impacto positivo en el desarrollo y crecimiento económico. Creo que cualquier operación de orden financiero que beneficie la salud del Estado es buena, y no hay que desaprovecharla.
Si realmente esto de la ayuda se vuelve una constante manejada con la cabeza y no por cosquilla de las vísceras, Nicaragua saldrá beneficiada; fundamentalmente todo será mejor, de manera puntual, en el sector social, que es el principal pagador de los elotes a la hora que se roban la milpa. Aun quien tiene dos dedos de frente conoce bien que la delincuencia: robo, prostitución, soborno, cohecho, chantaje son producto final de la falta de oportunidades; la miseria se genera como respuesta de la sociedad anémica que transforman en arterias en que circula la debilitada sangre del Estado.
Por supuesto, en estos acuerdos con Chávez existe un componente de realidad y otro de ofrecimiento y fantasía, especialmente cuando el presidente Chávez habla de montar una refinería con capacidad para almacenar 150,000 barriles de petróleo, por cuya inversión --tomando en cuenta las frases del mismo presidente de Venezuela-- Nicaragua será socio mayoritario, que equivale a financiar una inversión gigantesca que se sale del presupuesto, a menos que ese 51% del capital accionario venga a su vez como préstamo, o lo que fuere, del gobierno venezolano.
De acuerdo con los datos que he logrado investigar, una refinería de este calibre requiere de por lo menos cinco o seis años para comenzar a operar, tomando en cuenta el sector de localización, planos de construcción y lugar en que se levantará la infraestructura, traslación de la tecnología necesaria para lograr las metas propuestas y, por supuesto, el diseño y construcción del oleoducto, posiblemente desde algún lugar del Atlántico hasta el centro de distribución, que deberá localizarse en Managua. El trayecto del oleoducto requiere un tiempo que habrá de estimarse en cuanto a negociación y compra de lotes o terrenos que requerirá su construcción.
Esta última idea esbozada en los proyectos y la ayuda del presidente Chávez es maravillosa, fantástica y merecedora del aplauso, si estuviésemos hablando de una Nicaragua boyante y fuerte desde el ángulo de la realidad económica y social, como todos la deseamos. Claro está, para cualquier jefe de Estado, sea éste Ortega o de otro nombre o facción política, la idea es tentadora; tiene componentes capaces de quitar el sueño a cualquier hombre de gobierno, y no podemos dar un no de primas a primeras a tal ofrecimiento, que aparentemente nos llega envuelto en un fantástico papel de cuasi regalo, que no deja de ser envolvente de uno mismo y rodea de fantasía. Sin embargo, el tiempo pasa de prisa, especialmente en estos días cuando el planeta se viene más de frente con sus amenazas apocalípticas y sus torpezas suicidas, y como todo pasa y todo cambia por esa premura y fragilidad del hombre y el tiempo, vale la pena esperar.
* Su autor es escritor y ex presidente del Partido Conservador.