Opinión

No hay plazo que no se venza, ni deuda que no se pague


Se ha vuelto de moda algo que siempre ha estado: la denuncia y lucha contra la corrupción. Todos siempre han sabido de los actos de corrupción de los gobiernos a través de la historia de Nicaragua, desde el origen de la República, la dinastía de los Somoza, la piñata sandinista, la corrupción del gobierno de doña Violeta, la del reo Alemán y ahora la del ex presidente de la “Nueva Era”, en resumen, todos en mayor o menor grado han sido unos gobiernos corruptos.
Entonces, eso significa que los grandes reclamos que hacen los funcionarios del gobierno de “reconciliación nacional” no toman a nadie por sorpresa, por el contrario, nos hubiésemos asustado si no estuvieran en el plan que se encuentran, denunciando todos estos desmanes del gobierno anterior. Pero bien, es necesario y legítimo estar haciendo toda una campaña en contra de los corruptos anteriores inmediatos, pero como todo en la vida, estas cosas deben matizarse y para los espectadores es necesario hacer una advertencia de no caer en ese juego de imagen en los medios, y que por deslumbrarnos por todo lo malo que ha pasado nos descuidemos acerca de las consecuencias que esas denuncias de corrupción traerán en el plano de la justicia.
Si hacemos un poco de historia nos daremos cuenta de que la justicia nicaragüense no ha sido ni mucho menos un ejemplo para Nicaragua, ya no digamos los índices de corrupción en que aparecemos anualmente en el informe de Transparencia Internacional; si nos remontamos a lo más cercano estaría el castigo que por las masacres y la corrupción recibió Somoza y sus allegados con el triunfo de la Revolución, sin importar que ahora a esa familia “honorable” se le siga ocurriendo, y con una cáscara de hierro, reclamar propiedades en manos del Estado nicaragüense.
Que yo sepa, nadie fue acusado, procesado ni mucho menos condenado por haberle robado al Estado propiedades inmensas, dando así el origen a los nuevos ricos de Nicaragua, todo ello al final del gobierno sandinista que dirigía nuestro excelentísimo señor presidente Ortega; todo se resolvió con un tristemente célebre protocolo de transición que echó una palada de tierra a semejantes abusos de parte de funcionarios de ese gobierno revolucionario al que todos apoyamos en su momento. Se hizo la pantomima de crear una comisión de ética a lo interno del FSLN que no quedó más que en “meas culpas” y por argumentos falaces se perdonó a la mayoría de compañeros que incluso le robaron al mismo partido rojinegro; al final nadie cayó preso por esos actos de corrupción que todavía seguimos pagando con nuestros impuestos y principalmente en el ámbito de la propiedad.
Inmediatamente asume el gobierno de la esperanza, que con una elegante señora vestida de blanco supuestamente traería la democracia y el desarrollo a este hambriento pueblo. Lo que no sabían muchos de los que votaron por la UNO era que debajo de la manga de ese vestido blanco, doña Violeta traería a una pandilla de zánganos corruptos que acabaron hasta con el ferrocarril de Nicaragua, aun en contradicciones evidentes con el desarrollo económico que esto significaba en ese momento y ahora el transporte ferroviario en muchos países desarrollados del mundo. No les bastó y siguieron robando con las privatizaciones de las empresas del Estado, que en contubernio con muchos dirigentes revolucionarios y sindicales de ese entonces vendieron a sus propios agremiados a cambio de ingresar las filas de la nueva burguesía. Si es mentira lo que digo entonces que alguien me dé cuentas de qué se hicieron y en qué trabajan todos aquellos “líderes” sindicales que dirigieron la privatización de todas esas empresas del Estado. Se vendieron propiedades a precio de guate mojado y a veces sin autorización de las instancias correspondientes, entregas de dinero que jamás entraron a las arcas del Estado y da la casualidad que en esas propiedades vendidas o privatizadas hoy se alzan grandes centros comerciales en Managua, y quienes autorizaron la venta de esas propiedades hoy tienen más de lo que por vía salarial deberían tener.
Tampoco me di cuenta, a menos que viviera en la luna en ese entonces, que al final del gobierno de la UNO y cuando el ahora reo feliz Alemán se asentó en el poder, haya encaminado alguna acción en contra de cualquier alto funcionario del gobierno anterior al suyo. Lo del gobierno de Alemán se sale de lo normal, así como engordó personalmente, engordaron todos sus funcionarios y miembros de su séquito del partido rojo sin mancha. Fue una brutalidad inigualable lo que hicieron con los recursos del pueblo, creo que no es por honrado que fue condenado a 20 años de cárcel a vivir en su lujosa hacienda de El Crucero; por su condición valetudinaria y de enfermo crónico de más de una decena de enfermedades es que hoy puede hablar y decir cualquier chabacanería en los medios de comunicación, y para terminar de condenarlo ser invitado a la toma de posesión del gobierno de “unidad y reconciliación nacional”, y los magistrados del Tribunal de Apelaciones de ambos partidos mayoritarios bien gracias.
Se hicieron las campañas de don Churri y la gran alharaca y luego eso no quedó en nada, el ex procurador Novoa parecía un mesías en el desierto y los juzgados se encargaron de absolver todo aquello que oliera a corrupción. ¡Qué coincidencia que hayan sido protegidos del reo feliz! En resumen, además de la pantalla de la cárcel de lujo de Alemán, nadie, absolutamente nadie, ha caído preso por corrupción, ni el que se construyó un palacete, ni el que autorizó el derroche de las tarjetas de crédito a cuentas del dinero público, ni el que desapareció miles de vaquillas, en fin, nadie.
Hoy se repite la misma historia, si hacemos caso de una de las frases más célebres e inteligentemente pensadas que hasta una gran jaqueca le produjo por semejante esfuerzo académico, el reo feliz repite como lora de barco pirata: “No hay plazo que no se venza, ni deuda que no se pague”. Efectivamente que así es, mi inteligente reo, hoy se llenan la boca los nuevos funcionarios, sacan las uñas y afilan los dientes de la honradez para atacar a los nuevos corruptos, se jalan los pelos y casi están justificando que no les podrán cumplir a sus votantes las promesas electorales porque la estela de corrupción dejó a un país en la quiebra con niveles peores a los que se recibió el Estado posterior el triunfo de la revolución. Cabe decir aquí que esa información ya la tenían, entonces para qué hicieron tantas promesas si sabían que no podían cumplir. Esa respuesta la dejaremos para los próximos años de este gobierno.
Si la historia se ha repetido en materia de la lucha contra la corrupción, entonces está por verse si este gobierno será capaz de romper esta cadena (y de corazón que lo deseo) y por fin hacer brillar la ultrajada y enlodada justicia nicaragüense. Estoy a la expectativa de las acciones de la Fiscalía y la Procuraduría General de la República dando impulso a esa maquinaria del Estado para llevar hasta la condena a los nuevos y viejos corruptos que todavía se pavonean en los medios de comunicación como si no hubiesen cometido ningún ilícito, como si la condición de reo, lejos de reducir, aumenta los derechos civiles y políticos y hasta algunos se convierten en diputados y padres de la patria (por eso nos sentimos huérfanos).
Lo peor que se podría hacer es negociar la corrupción para obtener prebendas y nuevos aliados políticos. Ruego a Dios que no sea así, de lo contrario sólo faltaría esperar las nuevas elecciones y escuchar al futuro candidato a Presidente gritar a los cuatro vientos: “No hay plazo que no se venza, ni deuda que no se pague”.
León, enero de 2007