Opinión

Corrupción estatal y cambios posibles


El que integrantes del “nuevo gobierno” hayan debutado en sus sillas pregonando con escándalo sus descubrimientos sobre el mal manejo y apropiación indebida de bienes públicos realizados por la anterior administración es, hasta cierto punto, indignante. Para empezar, muchos de los “descubrimientos” ya habían sido objeto de señalamientos por parte de algunos grupos de nuestra malhadada “sociedad civil”. Pero además, cualquier persona con un poco de memoria, capacidad de análisis y honestidad, tiene que reconocer que la corrupción estatal que hoy sufrimos tiene importantes raíces en la “piñata” de los bienes propiedad del pueblo, perpetrada a inicios de los años 90 por integrantes del partido en el gobierno que hoy denuncia a su antecesor.
Los mecanismos sobre cómo legitimar la modalidad de “piñatear” el erario han sido, desde entonces, moneda de curso corriente del país. Peor aún, durante los últimos 16 largos y conflictivos años y contando con la participación de los dirigentes del partido sandinista, las subsiguientes administraciones los han ido perfeccionando con la lógica de “tus tantos y tantos más”, cual si se tratara de una partida de póquer. En ese contexto, las denuncias de hoy sólo pretenden seguir marcando pautas para profundizar el olvido histórico sobre las responsabilidades que como integrantes de un partido que primero fue gobierno oficial y luego gobernó “desde abajo”, tuvieron y han tenido en la validación de la corrupción y lumpenización que hoy corroe no sólo los cimientos de la economía nacional, sino también la identidad moral y el comportamiento ético de las personas que constituimos la nación nicaragüense.
Breves pincelazos ejemplifican este comportamiento. Importantes “cuadros” sandinistas se entronizaron y enquistaron como clase política parasitaria en el conjunto de poderes del Estado, donde siguen ejerciendo poder y enriqueciéndose ilícitamente. Sólo en el caso de los diputados, han validado una serie de emolumentos tanto en especie como en dinero, dizque para acciones que en todo caso no son de su competencia, restando recursos a las instancias correspondientes. Y a cambio, ¿qué hemos obtenido en materia de leyes y acciones para controlar la corrupción y evitar la repartición antojadiza del erario?
La suspensión hasta el año 2008 de los mecanismos definidos por la Ley de Administración Financiera y del Régimen Presupuestario (Ley 550) para lograr un presupuesto que vincule las asignaciones a resultados concretos, fue aprobada con el voto mayoritario de diputados sandinistas, ampliando así la permisibilidad de seguirlos elaborando al antojo y conveniencia de los jerarcas que controlan la Asamblea y titulares de los poderes de turno. En resumen, una carta blanca “legalizada” para hacer barriletes de los recursos provenientes de los impuestos a la población y los externos, muchos de ellos directamente relacionados con la lucha contra la pobreza.
¿Mandaron los jefes del ahora flamante diputado Yáser Martínez a que hiciera paros y otras averías para impedir la aprobación de los presupuestos donde se legitimaron los Cenis y se autorizó el pago de una deuda interna altamente onerosa a bancos en los cuales algunos legisladores tenían o tienen participación? ¿Hubo alguna moción para crear comisiones especiales que investigaran la cantidad de casos que no se cocinaron en las profundidades de ninguna sima, sino a vista, paciencia y complacencia de los diputados sandinistas y de sus representantes en la Superintendencia de Bancos y en el Banco Central, durante los más de diez años que duraron las irregularidades del sistema financiero y que entre otras concluyeron con las quiebras bancarias? ¿Quiénes pararon la resolución de la Contraloría General de la República sobre los Cenis, para emitirla, exactamente en los mismos términos de como había sido elaborada, cuatro años después?
Con la lógica del póquer aplicada al manejo de la cosa pública que conocemos, pudiera ser que ahora, para el nuevo gobierno, los tantos se refieran al equivalente de billardos elevados a enésimas potencias.
Sí, habrá cambios
A pesar de lo señalado, es indudable que al menos desde el gobierno habrá cambios por razones obvias para todos/as y por otras quizás no tan obvias para algunos/as.
Veremos cambios, porque existen algunas personas bien intencionadas o capaces que le harán “güevo” a los retos de sus carteras. Los esfuerzos estarán enfilados a combatir la pobreza, como parte de su “indeclinable compromiso” con los pobres. En ese aspecto tendrán todo el respaldo del titular del Ejecutivo y su consorte, en tanto les sean útiles para lavarles la cara de sus pendientes y proyectar su mesianismo. Otra obviedad es que por lo endémico de la pobreza, cualquier esfuerzo será reconocido como maravilloso por quienes se beneficiarán directamente de ellas y por quienes desde concepciones religiosas consideran necesaria la caridad. Serán reconocidos y aplaudidos también por quienes apostamos a su erradicación, desde criterios de justicia social distributiva.
Lo que no será tan obvio probablemente es la diferencia en los reconocimientos. Mientras muchos/as lo interpretarán como favores o bondades del líder sempiterno, otras/os sabremos que representan una mínima parte de lo que ya debería estar alcanzado.
A propósito de educación, por ejemplo, podría no tener importancia para quienes viven en champas, recibir clases en toldos, si ello les garantiza el acceso a una educación básica. Pero este “esfuerzo” no será sino un acto populista y, por tanto, manipulador y falto de ética, si el proceso formativo excluye información sobre los grados de irresponsabilidad que han tenido quienes usaron su poder desde el gobierno de abajo, para privilegiar a banqueros en detrimento de su educación. Sin esa información y otra de carácter similar, ninguna de las personas sujetas de derecho que en este país viven en condiciones de pobreza va a tener posibilidades de opinar y participar conscientemente en la construcción de una sociedad mejor para ella y sus descendientes.
En el caso de las mujeres en situación y condiciones de pobreza, la lógica parece ser: ¿qué importancia puede tener la penalización o no del aborto, si igual se lo harán, acostumbradas como están a arriesgar y dar su vida por los suyos, frente al ofrecimiento de un tuquito de tierra y una que otra gallinita, chanchito o vaquita? Después de todo, es sencillo ocultar la realidad de la pobreza derivada de la violencia de género minimizando en las estadísticas oficiales, entre otras, las cifras de la mortalidad de mujeres por abortos inseguros y maximizar las macroeconómicas.
Otro aspecto no tan obvio es reconocer que muchos de los beneficios que en términos materiales puedan concretarse en el gobierno de los penitentes serán en buena medida resultado de los pendientes que en general el partido ahora oficialmente en el gobierno y Ortega en particular tienen con las mujeres de Nicaragua y sus derechos, los cuales en distintos momentos fueron alegremente negociados en las diferentes estructuras del poder y que involucran tanto al ayer y al ahora. Los pendientes del ayer los tienen con quienes parieron hijos para una guerra que dentro de los cambios supuestos iba a emanciparlas y aunque sin lograrlo, posibilitaron la apertura de espacios para realizarlos. Los de ahora, a partir del pacto bipartidario y la negociación de sus derechos por votos para garantizar el retorno oficial al poder de quien pretende ser reconocido como salvador ungido por poder divino.
En este contexto se hace necesario asumir la oportunidad de hacer efectivo un cambio de época. Recuperemos el sentido crítico y la memoria histórica. Eliminemos esta clase política que se recicla permanentemente y nos convierte en una sociedad que se vende y compra a ella misma. Dejemos de seguir viviendo este drama con perfiles de sainete interminable, sólo porque nos resulta más fácil y menos contradictorio ser cómplices por acción u omisión que hacer los duelos necesarios para reconocer la crudeza de la realidad que decimos querer cambiar. Ello pasa también por reconocer que al igual que ayer los poquitos avances y las posibilidades de seguir avanzando son producto del aporte de las mujeres nicaragüenses, pagado además con el atropello a sus identidades, dignidad y derechos.
*Movimiento Autónomo de Mujeres