Opinión

El presidente Ortega: los consejos y la heterogeneidad


La propuesta que el gobierno de la Unidad Nicaragua Triunfa ha planteando recientemente en referencia a los consejos, los cuales dicho sea de paso ya fueron aprobados por la Asamblea Nacional, ha acarreado una serie de controversias, tergiversaciones y hasta desmemorias en el ambiente político tradicional, todo con el afán de desvirtuar el espíritu de los mismos. El asunto es que éstos han colocado en la palestra, al menos en lo referente al consejo de la Costa Caribe, una carga de tanteos teóricos e identitarios urgentes en nuestro país, los que han pasado inadvertidos para la tradicionalidad política nicaragüense, pues se han dado a la tarea de calibanizar la propuesta, sin valorar sus articulaciones y por extensión su importe como construcción y proceso de la identidad caribeña retrotraída de la mal llamada reincorporación de la Mosquitia.
Diríamos que ya gente como Lisandro Chávez Alfaro, para mencionar sólo a uno, debatió y sigue debatiendo hasta la saciedad el asunto de la caribeñidad nicaragüense. Este autor produjo la entrada de la historiografía y de la reflexión/ficción en la reforma que revisa el valor epistémico de este problema dentro de la constitución de la nacionalidad. Es decir, Chávez ha argüido que los relatos, tropos e incluso el discurso que se ha utilizado desde el pacífico han desempeñado un papel fundamental en la formación, construcción y el proceso mismo de significación de las narrativas históricas/identitarias sobre las cuales se cimenta lo nicaragüense/excluyente.
He ahí el valor y la doble significación de este consejo que el presidente Daniel Ortega enviara con urgencia a la Asamblea Nacional. Quiérase o no, la conformación de éste lleva implícito desarticular el arcaico complejo sistema de tropos y estrategias discursivas mediante las cuales se ha organizado el discurso político/identitario en nuestro país. Trae consigo una especie de solvencia para la heterogeneidad, tanto en el campo de la reflexión como en lo que respecta a la participación de los pueblos en lo referente a sus propias divisas socioculturales y económicas.
Desde esta perspectiva, el presidente Ortega nos presenta como una articulación de su gobierno un destejido total de la urdimbre en la cual se encontraban sumidos los pueblos del Caribe y los indígenas del Pacífico. Por lo tanto, éste es un paso claro y determinante hacia la conformación de una nueva condición de la cultura y la identidad nicaragüense.
Este consejo delega en los propios sujetos la cuestión de la posicionalidad y de la des-subalternizacion de los mismos, en tanto y en cuanto los comisiona para que elaboren su mismidad y la posicionen dentro de un espacio central, el que siempre ha estado en fuga para ellos. De igual manera disloca el constructo del “nosotros” “otros” o de lo que Walter Mignolo llama el otro interno.
En este sentido, serán los propios sujetos sus intérpretes y quienes planteen la reflexión crítica y hermenéutica de sus mismas propuestas. Dicho de otra manera, serán elementos claves del entramado nacional y de la nueva cartografía política/cultural/social devenida desde julio del 79, así como de los lineamientos y reconfiguraciones que se están gestando desde que el gobierno de la Unidad Nicaragua Triunfa ha empezado a administrar.
El sentido es ya no representar política y hasta económicamente a una región que de sí es propia, en tanto la dimensión que los Estudios Culturales le adjudican a las narrativas indígenas. Es una invitación a reorientar los relatos a través de los cuales se ha constituido la Nicaragua marginadora, ésa que yo llamé la máquina de subalternidad (Pacífico) y la cual construye la historiografía cercenada, dirigida y es la que se le enseña a nuestros niños en las escuelas.
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