Opinión

A propósito de los médicos y los diputados


Desde la época del “Padre de la Medicina”, Hipócrates, éstos jamás han descansado, más bien siempre se enfundaron en la vocación de servir sin importar a quién, pues en la mayoría de dichos profesionales el juramento hipocrático ha pesado tanto como el sentido y perfil de la ética de trabajo.
En sus puestos de trabajo, contexto nicaragüense, los medios e instrumentos de trabajo de dichos galenos han sido la intuición, experiencia y deseos de poder salvar a la vida que tienen en sus manos, porque el gobierno, las autoridades, no responden, pues el sistema de salud está privatizado, neoliberalizado.
En cambio, cuando empezó a surgir el sentido del poder, ya la idea cifraba su concepción política, en tanto el maniqueísmo hacía presa del más fuerte con el más débil, a pesar de que Grecia apologizaba la categoría democracia, mientras que la realidad era otra, distinta, pues la ética del poder estaba basada precisamente en la esclavitud; algo distinto a la semántica categoría helénica.
Con Maquiavelo apareció la justificación política de los políticos y aquí podemos decir que Nicolás ya conocía a los políticos nuestros, pues todo lo que dijo el autor de una de las mejores obras del Renacimiento y del mundo clásico ya estaba escrito, incluso se dio el lujo de conocer a los actuales diputados y a los que pasaron durante un siglo por los hemiciclos conocidos en tiempotes y tiempitos, como los de hoy.
Sólo Maquiavelo, pues, los conoció porque el pueblo jamás los ha conocido, sólo los ha visto haciendo karaokes, tomando la palabra que no es de ellos, porque involucionan la historia de la praxis política, representando quién sabe a quién, dado que ni ellos mismos saben por qué están ahí, sólo interpretan que es parte de la buena suerte.
Los diputados no conocen a los médicos, ninguno de ellos tiene el honor de conocerlos, pues si así fuere, le rendirían el más grande de los respetos. Sólo saben que obedecen a un horario brutal de desgaste físico y mental absorbido por la firme convicción de hacer valedera la responsabilidad; tampoco conocen a quienes trabajan en los hospitales, que son un peligro real más que la propia enfermedad que aqueja a los enfermos.
El presupuesto es la guillotina para los asalariados, los médicos lo son, ha aparecido una luz, porque como toda regla tiene su excepción, y hay diputados que rezan el concepto de darles a los galenos la oportunidad negada desde antes de que se estrenen la bata blanca que los acredita como la inmediata respuesta de nuestros males.
Un diputado hasta el año pasado ingresó en sus cuentas en cinco años como ocho millones de córdobas, cifra que jamás ha pensado recibir un médico; ahora bien, ¿quién es más importante entre un médico y un diputado? La respuesta es dueña de todos los nicaragüenses conscientes para que se les reajuste el salario a como lo ganan los colegas del área centroamericana.

Docente UNI.