Opinión

Hacia un modelo de economía mixta


Si los acuerdos firmados con Venezuela e Irán, entre otros países, se hacen realidad, estamos en presencia del desarrollo de una economía mixta, con mayor presencia del Estado en la esfera de servicios y producción material. Y las críticas que ha hecho el presidente Daniel Ortega al modelo liberal de alguna u otra forma nos anuncian el desarrollo de otro modelo. Pero, ¿cuál es ese modelo que nos podría sacar de la pobreza?
Por definición, según Wikipedia, se llama economía mixta, en oposición a la economía liberal y estatista ortodoxas, a la economía que tiene parte de ambos. Es un tipo de economía donde se intenta lograr un equilibrio entre el papel del mercado y el del Estado.
La mayoría de las economías en el mundo utiliza mercados y mandos para coordinar la actividad económica. Una economía que descansa tanto en mecanismos de mercados como en mecanismos de mando se llama economía mixta, según otras corrientes.
La economía de la mayoría de los países occidentales se apoya mucho en el mercado como mecanismo para coordinar las decisiones de las empresas y familias individuales. Pero estas economías también utilizan los mecanismos de mando y, por ende, tienen un fuerte componente estatal.
De hecho, la economía de Nicaragua ha venido evolucionando de una economía fuertemente estatal hacia una economía de mercado, aun cuando existen remanentes de propiedad estatal. Digo evolucionando porque en verdad nunca hemos sido por completo una economía de mercado, pues siempre han prevalecido controles de precios y tarifas manejadas por el Estado.
Con el gobierno sandinista entramos a un stop del proceso de liberalización, especialmente de privatizaciones y vamos de regreso hacia una economía mixta. ¿Se pretende regresar a la economía mixta de los años 80? Bueno, en el corto plazo se ve imposible, pues en la década de los 80, aunque existía un fuerte componente del sector privado, el Estado desempeñaba un papel determinante.
En ese tiempo el Estado, en lo fundamental, decidía qué producir, cuánto producir e incluso determinaba la preferencia de los consumidores, y ejercía fuertes controles de precios. Era una economía que descansaba en “mecanismos de mando” y parte de su política económica descansaba en la planificación. El modelo no funcionó, unos creen que por razones de la guerra, otros por las fallas intrínsecas de las economías con tendencia socialista.
Desde luego no nos encaminamos por ahora a un modelo de economía de los años 80, pero sí podemos decir que el Estado tendrá una función más activista, preponderante, incluso podrían llegar a darse iniciativas planificadoras y mecanismos de mando. ¿Acaso no lo hizo el gobierno Enrique Bolaños con su famoso Plan Nacional de Desarrollo? Lamentablemente no pasó de ser un proyecto, que costó millones de dólares.
De hecho, estamos en el principio del desarrollo de una economía mixta, así lo anuncian la detención de las privatizaciones y las inversiones conjuntas en energía, minas, hidrocarburos, viviendas, banca y otros bienes y servicios que se realizarán con Venezuela, Irán y otros países aliados estratégicos de Nicaragua.
Todavía debemos esperar un poco más para saber qué tipo de economía mixta impulsará el gobierno, pues esto dependerá de la aprobación de las leyes por parte de la Asamblea Nacional y de las negociaciones que se hagan con el sector más beligerante del sector privado.
Lo posible por ahora es una economía mixta, pero con dominio del sector privado y el respeto de la propiedad privada. Desde el punto de vista de la libertad de precios, es posible que se fortalezcan algunos mecanismos de mando referente al control de precios y, como decía anteriormente, es posible que se profundicen las tendencias planificadoras.
Si esto es bueno o malo para la economía de Nicaragua es difícil decirlo por ahora. Los economistas modernos, en su mayoría, tienen un rechazo total a la intervención del Estado en la economía y los más liberales pretenden minimizar sus funciones en la economía. Otros, en cambio, creen que el sistema capitalista por su propia naturaleza es inestable y necesita ser regulado por el Estado.
Al final, el modelo que se pretende desarrollar ahora se resolverá por la vía política. ¿Quién da a quién, qué, cuánto y por qué?, estará a la orden del día. Las primeras críticas a las pretensiones del gobierno no se han hecho esperar, pues las iniciativas estatales se ven como una competencia con fuertes perjuicios para el sector privado.
Pero independientemente de que se desarrolle un modelo de economía mixta, los problemas de pobreza, desempleo y calidad del empleo estarán a la orden del día. Y desde luego, una expansión del gasto público tendrá sus repercusiones y por ende se tendrá que manejar una política monetaria responsable; de lo contrario, entraríamos en una espiral inflacionaria. Los recursos económicos son escasos y su asignación no es tarea sencilla.
Así, pues, Nicaragua se presta ahora al retorno de un modelo de economía mixta sin haber experimentado las bondades del mercado ni haber ejecutado lo que se denomina despectivamente el modelo neoliberal. Y éste ha sido uno de los grandes problemas del país, nos despedimos de un modelo sin haberlo terminado. Ese ha sido el idéntico retorno de nuestro país.
Un elemento muy importante de este nuevo modelo será su competitividad. Si las empresas del sector estatal son rentables y generan utilidades para ser destinadas al sector social, bienvenido sea. Si las empresas estatales se administran con eficiencia y eficacia, bienvenido sea. Si sus administradores son honrados, excelente. Pero ahí está el quid del asunto. Si sucede lo contrario, se tendrá que recurrir al subsidio y una mala administración degeneraría las iniciativas estatales.
La ayuda internacional tiene sus pro y sus contra. Si esta ayuda se invierte en sectores productivos que a la larga son sostenibles, estamos por buen camino. Pero si se concentra en la ayuda asistencial, estaremos en serios problemas no sólo por los efectos en la distorsión de las variables económicas fundamentales, sino también por sus efectos sicológicos, en el sentido de que siempre alguien vendrá a ayudarnos.
Igualmente, es importante enfatizar que la pobreza no es sólo un problema material. Es también un problema cultural con fuertes fundamentos sicológicos. Existe una ideología de la pobreza, entre la misma gente, que carece de iniciativa e innovación. Y estos patrones culturales no son fáciles de transformar. Así que si este nuevo modelo pretende erradicar la pobreza, tendrán que luchar contra estos patrones culturales.
No me queda más que recordar una frase que me gusta citar a menudo: “La teoría es gris y el árbol de la vida es verde”, exclamaba Carlos Marx citando a Goethe, el autor de Fausto.

eduardoes2000@msn.com