Opinión

¿Las mujeres son seres humanos?


Hasta hace unas semanas pensaba que las personas y organizaciones que bajo su interpretación del cristianismo han actuado para eliminar el aborto terapéutico lo hacían bajo la convicción de que en estos tiempos la Medicina ha avanzado tanto que ya en ningún caso es necesario un aborto para salvar la vida de una mujer; pensaba que tal vez no conocían la opinión colegiada de los médicos de este país, o bien que no tenían confianza en nuestra opinión. Consideraba que quizás no estaban al tanto de los pronunciamientos de las asociaciones internacionales de especialistas en Ginecología y Obstetricia sobre este asunto, ni de las facultades de Medicina, ni de las organizaciones internacionales en salud. Pensé que también podría tratarse de una absoluta falta de humildad, al colocarse por encima de los libros de texto de Medicina.
Sin embargo, mi visión cambió el 14 de noviembre pasado. Ese día, en una asamblea de la Sociedad Médica de León, una apreciable colega distribuyó entre todos los presentes documentación de Pro Vida y Vida Internacional, donde se preguntan: “¿Puede abortarse para salvar la vida de la mujer”?, para responderse de inmediato: “…afortunadamente los medios de que dispone la Medicina hacen posible salvar la vida de la madre y del hijo. No obstante, puede haber algún caso excepcional (cáncer, paludismo grave, embarazo ectópico) cuyo tratamiento puede conducir indirectamente a la muerte del hijo. Son los casos llamados de ‘doble efecto’ que el médico resuelve en el momento oportuno y en cada caso particular y que la Iglesia reconoce que el fin que se persigue es salvar ambas vidas o por lo menos la de la madre, por lo que el tratamiento no va nunca directamente a matar al hijo”.
Entonces, ¿cómo interpretar que estas personas y organizaciones, mientras emiten un discurso a favor de la vida, han promovido una reforma legal que saben que en realidad conduce a la muerte? Me surge una hipótesis que me resulta espeluznante, pero que es la única que calza con la situación planteada: ¿será que han dejado de considerar a las mujeres como seres humanos? ¿O será que, puestos sus ojos en la Virgen María, ven de mala manera a todas aquellas mujeres que no emulan exactamente su conducta? Provoca tristeza esta actuación que hace recordar las tribulaciones de Galileo y los tiempos en que se debatía si los negros tenían alma.
Por nuestro lado, las personas que tengamos plena convicción de que las mujeres son seres humanos y, más aún, que merecen especial respeto y consideración por recaer sobre ellas las molestias y peligros del proceso reproductivo, y por su papel destacado en la crianza y formación de los hijos, tenemos la obligación moral de luchar denodadamente para que la ley en nuestro país proteja su vida, y no nos ofrezca cárcel a los médicos cuando intervengamos con ese propósito. Tenemos el aliciente de que la gente comienza a entender y a darnos la razón. Así lo refleja un reciente estudio de dos egresadas de la carrera de Medicina, el cual muestra que aproximadamente tres cuartas partes de las embarazadas que asistían su control prenatal en un centro de salud de León desaprueban que se ofrezca cárcel a las mujeres y a los médicos que recurren a un aborto cuando el objetivo del mismo sea salvar la vida. Así que, ¡adelante!, hasta que la ley vuelva a considerar a las mujeres, incluidas las más pobres, como seres humanos, con pleno derecho a la vida y a la salud.

Departamento de Salud Pública, UNAN-León