Opinión

La hipócrita reforma de ley


“Pragmatismo resignado” son dos términos que utiliza el politólogo Andrés Pérez Baltodano para describir cómo ha sido nuestro comportamiento o visión del poder en Nicaragua. A pesar de haber transcurrido más de cinco siglos desde la Conquista, nuestra percepción de cómo administrar la cosa pública no se ha alejado de un providencialismo típico. Aunque este criterio no puede ser muy grato para los defensores de la evolución del Estado y sus delimitaciones, lo cierto es que actitudes como las que se han desarrollado en las últimas semanas en temas sensibles como la “defensa de la vida” muestran las contradicciones para defender una postura ante presiones religiosas.
La reforma al Código Penal realizada en octubre del año pasado para penalizar la figura del aborto terapéutico, norma establecida en la legislación nicaragüense desde el siglo XIX, denotó la miopía máxima para tratar un tema delicado para el que se requería una mayor divulgación e intercambio de información, así como el fomento de un sano debate. Sin embargo, en campaña electoral resultaba más importante que los partidos mostraran fidelidad a la jerarquía religiosa que eliminase así cualquier conspiración en su contra. De esta manera no era de extrañarse que la discusión de este tema (presente en 197 legislaciones del mundo) se hiciera en Nicaragua en fracciones de minutos para eliminar la posibilidad de interrumpir el embarazo en circunstancias especiales cuando peligra la vida de una mujer.
Sin embargo, los mismos legisladores y autoridades que apoyaron la eliminación del aborto terapéutico ahora proponen ante la población que se debe hacer una reforma para permitir que se les exonere de responsabilidad penal a los galenos que practiquen un aborto cuando consideren que atenten contra la vida da la madre. Resulta paradójico que el mismo diputado médico que había votado a favor de la penalización del aborto terapéutico en octubre pasado ahora no pueda explicar que se encuentra a favor de ella, tratando de utilizar otra nomenclatura para referirse a lo que mundialmente se conoce como aborto terapéutico. ¿Será que el señor diputado habrá escuchado a las sociedades médicas y asociaciones de mujeres que imploraron que se generara un debate antes de eliminar dicha moción?, ¿o se habrá dado cuenta de los casos que aparecieron en los diarios donde las mujeres que llegaban con complicaciones en su embarazo estaban condenadas a la muerte ante la falta de atención médica por temor a las represiones legales? Quizás lo más pragmático era hacer los cambios ante la presión de fuerzas externas en plena campaña electoral, minimizando una discusión con la información actualizada que nos ofrece la globalización.
Si bien el aborto terapéutico parece retomar notoriedad, es necesario ampliar el ámbito de la discusión y no referirlo únicamente como interpretaciones de derecho canónico, y es que este tema ha dejado de ser un tabú a nivel mundial donde los mismos organismos internacionales han iniciado a debatirlo. Así, es meritorio señalar que el Comité de Derechos Económicos y Sociales de la ONU (CDESC) ha recomendado a los Estados legalizar el aborto en ciertas circunstancias, “por ejemplo, cuando el embarazo es el resultado de violación o de incesto, o cuando la vida de la mujer corre peligro” (CDESC, observaciones finales sobre Chile, U.N. Doc. E/C.12/1/Add.105 (2004), párrafo 25 y Kuwait, U.N. Doc. E/C.12/1/Add.98 (2004), párrafo 43). De la misma manera, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha dado muestras de comentar sobre el tema al crear una nueva relatoría especial para temas de la mujer.
El tema del aborto terapéutico necesita analizarse desde varios ángulos con información actualizada para responder a la realidad nicaragüense. Como ciudadano, es de mi interés que se haga un verdadero debate en el hemiciclo de la Asamblea Nacional sin manipulaciones políticas ni religiosas, permitiendo a todos los sectores el mismo espacio de discusión para consensuar una norma y evitarnos situaciones lamentables como que nuestras madres o hermanas perezcan a causa de un embarazo ectópico, a la sombra de un sentimiento de impotencia por la falta de atención médica de una decisión política.

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