Opinión

La Lotería Nacional: origen y propósito


Del amplio universo de jugadores que están perdiendo la confianza en el manejo transparente de esta empresa comercial en que se ha convertido la Lotería Nacional, una buena parte conserva aún la imagen de una institución que por mucho tiempo llevó sobre hombros buena parte del peso de la asistencia social del país. Los abusos administrativos, las dudosas explicaciones sobre el destino de un millón de dólares, la insolente actitud del señor gerente, hechos publicados por EL NUEVO DIARIO en ediciones sucesivas, nos mueven a remontarnos al arcón de los recuerdos y a algunos documentos no exentos de vacíos y lagunas de lo que fue esta respetable institución de beneficencia pública, convertida hoy en un casino con sucursales en todo el territorio nacional.
En el año 1929, mediante decreto del Ejecutivo, la Lotería pasó de ser negocio de particulares a tener un carácter de entidad nacional; con propósito específicamente de beneficencia pública, puede decirse que el desarrollo de esta institución fue lento y ciertamente modesto. Hasta avanzados ya los años cuarenta, el billete se divide en diez fracciones llamadas “DÉCIMOS”, el sorteo es mensual y el nombre de los ganadores del premio mayor es publicado en la lista oficial.
No podemos precisar de cuántos billetes contaba la emisión ni el valor unitario, pero presumimos que el premio mayor debió ser de entre quince y veinte mil córdobas. Tomando como patrón lo publicado en el diario La Prensa del 2 de mayo de 1937, que en titular de dos columnas dice: “5,602.55 córdobas fue la utilidad líquida del sorteo del 7”. Luego en el texto describe cómo se distribuye, en forma proporcional entre los 13 hospitales y otros tantos centros de asistencia social del país. Como cierre de la crónica sobre el particular, el diario critica el pago de trescientos cincuenta y cinco córdobas por el control y glosa hecho por particulares cuando por ley corresponde esta función al Tribunal de Cuentas. La lectura de esta nota periodística nos lleva a las siguientes conclusiones: 1. Los sorteos de la Lotería se realizaban uno cada mes, puesto que el sorteo del 7 sólo puede referirse al 7 de febrero pasado. 2. Que había control por parte del Estado. 3. Clara y abierta responsabilidad asumida por los medios de comunicación para cautelar lo que pudieran ser abusos en proceso de institucionalización.
Esta primera época de la Lotería que podríamos fijar en veinticinco años se caracteriza por: -Ser nacional y de beneficencia pública. –Emisión reducida de billetes y modestos premios. -Transparencia en la administración. –En la lista de los sorteos mensuales se publican los nombres del o los ganadores del premio mayor. –No fue concebida como empresa comercial, sino más bien como una forma de hacer atractiva la contribución del público en el mantenimiento de los centros de asistencia social considerados entonces como de CARIDAD; no estaba su adquisición al alcance de cualquier bolsillo; si tomamos en cuenta que el córdoba en 1937 estaba al 2x1 con el dólar y que el salario mínimo de un obrero no especializado andaba por 0.20 centavos de córdoba por día con jornada de diez y hasta catorce horas, en cambio, un décimo de billete podía tener el costo de 0.30 centavos de córdobas, suma igual a 1 1/2 jornada de labor.
Vistas así las cosas, no es difícil de entender por qué la evolución de esta importante institución de beneficencia pública fue lenta y discreta, sobre todo por su bajo perfil publicitario. Los cambios significativos en la Lotería se comienzan a introducir, al parecer, después de la devaluación del córdoba con relación al dólar del 5 al 7x1 ocurrida en 1946. Aumento en la emisión de billetes, más premios secundarios, más cobertura territorial (agentes) no sucursales y sobre todo un premio mayor más atractivo. Otros factores que intervinieron en los cambios de la Lotería fueron, sin duda: el aumento poblacional urbano, con una mayor capacidad adquisitiva, la protección laboral y un despertar económico, provocado por la demanda de materias primas, de la posguerra, cuyo requerimiento de mano de obra de todo tipo puso en circulación una masa monetaria hasta entonces desconocida en el país.
Los diez años transcurridos entre 1947 y 1957 fueron vitales para su fortalecimiento institucional; no obstante, conserva sus rasgos característicos originales, tales como: emisión moderada, austeridad, bajo perfil publicitario y transparencia administrativa. La Ley Orgánica de Seguridad Social promulgada en 1959 trajo consigo la creación de la Junta Nacional de Asistencia y Previsión Social, como órgano rector de la seguridad social del país, cuyo patrimonio se compone, entre otras fuentes, de “los productos líquidos provenientes de la Lotería Nacional”, Arto. # 30, literal (c) de la mencionada ley.
En este nuevo escenario la Lotería sufre cambios que marcan un rumbo distinto al de su origen, ya no tiene la función de distribuir. Su función es producir y entregar en una sola ventanilla, y, con la autonomía cercenada, pierde ante sí misma su sentido de institución benéfica. Sus cuentas las rendirá a la Contraloría especial como lo dispone la ley a la que está sujeta, y paga un impuesto de 10%; todo este estrangulamiento institucional pasa inadvertido públicamente al mantener claro su propósito de asistencia social. Con reformas más y con reformas menos, para 1960 se establece una emisión de 21,000 billetes con valor unitario de 30 córdobas, 1.50 córdoba el vigésimo y un premio mayor de 200,000.00 córdobas.
En 1964 la emisión es de 22,000 billetes y la combinación de premios en total es de 423,220.00 córdobas y para 1965 la emisión es 25,000 billetes manteniendo el mismo precio de 30 córdobas el billete, la combinación de premios total es de 669,080.00 córdobas, pero aún el premio mayor no logra sobrepasar los trescientos mil córdobas. Por estos días hubo por primera vez un sorteo navideño de 500,000.00; estuvo tan raro que el afortunado ganador cargó con el mote de “medio millón” hasta después de haber perdido buena parte del premio en operaciones comerciales de mucho riesgo. El nombre de este señor salió publicado por ley en la lista oficial de la Lotería Nacional de asistencia social. Por respeto, nos lo conservamos. Hasta el terremoto de 1972 el premio mayor anduvo por 480,000 córdobas y no hubo cambios significativos hasta el derrumbe del somocismo y todo el sistema legal imperante en 1979.
A partir de entonces, la Lotería ha operado con un marco jurídico diferente y una graciosa indefinición de propósitos que se presta a la escandalosa discrecionalidad de que somos testigos. Corresponde al gobierno del presidente Daniel Ortega poner los correctivos adecuados y, si fuera del caso, devolver a esta honrosa institución los propósitos que le dieron origen.