Opinión

¡El derecho a la educación como lema y consigna!


MECD
Si por sus prácticas y resultados se procura identificar cuáles eran el lema y consigna de la educación básica y media en Nicaragua en los años del neoliberalismo (1990-2006), es posible concluir que éstos eran: los negocios, el dinero y el lucro que fácilmente conduce a los malos manejos y a ese callejón sin salida llamado corrupción.
Caso contrario, el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional, que inició su actividad el 10 de enero de 2007, ha adoptado como lema y guía el derecho de todos los nicaragüenses a la educación. El derecho a la educación como derecho humano fundamental.
¿Por qué la educación es un derecho humano fundamental? ¿Es un derecho natural, que está en la naturaleza del ser humano, o es un derecho social necesario para el desarrollo de la sociedad? ¿Qué significa el término derecho, tanto desde los intereses de las personas como desde los del Estado, que es el Estado de las clases dominantes?
Históricamente el concepto de derecho aparece vinculado con el concepto de justicia, motivo por el cual la satisfacción o negación de un derecho, cualquiera que éste sea, constituye un acto de justicia o una injusticia, más aún si ese derecho es el derecho a la educación, un derecho de igual categoría que el derecho a la vida.
Para ofrecer luz a esta relación, y la que se establece entre ésta y la educación, se consultó al filósofo y educador nicaragüense Dr. Juan Bautista Arríen, quien respondió así: “Ulpiano definió la categoría justicia como la constante y perpetua voluntad de dar a cada quien ‘lo suyo’”, ¿y qué es lo suyo y lo más suyo de una persona?, se pregunta Arríen, a lo que responde: “Según autores modernos que han tratado el tema como Juan Llambías de Acevedo y Recassens Siches, interpretan ‘lo suyo y lo más suyo’ de una persona como ‘aquello que pertenece al sujeto no como una concesión de la ley positiva, sino como consecuencia de su naturaleza, esencia y valor’”.
Para Llambías, “el suyo primario” está compuesto de los atributos de la personalidad: la vida, la integridad de los miembros, la salud, la educación, las cosas exteriores necesarias para la subsistencia, la libertad, las facultades espirituales, las propias obras sean materiales o espirituales y el honor.
Sobre el derecho a la educación y la relación entre justicia y educación, desde el punto de vista de la filosofía del derecho, Arríen puntualizó que: “El derecho a educarse se fundamenta en la necesidad de construirse como persona y en la oportunidad real de contar con las condiciones para esa construcción y realización, desarrollando sus capacidades y potencialidades. Una vez más la idea y el concepto del derecho a la educación aparece como algo que por naturaleza exige el ser humano pero con una dimensión de justicia. Dicho de otro modo, no generar las oportunidades de educarse no sólo constituye la negación u omisión de un derecho, sino que se comete una injusticia al negársele a la persona lo más suyo de sí misma, ser persona plena.
La conexión entre el derecho de la persona a la educación con el derecho positivo consignado en las leyes nacionales e internacionales, Arríen la explica así:
Esta fundamentación jurídica del derecho a la educación sustenta a su vez el derecho a la educación en cuanto un derecho positivo, es decir consignado en la Constitución y leyes del país: basta recordar los principales artículos a este respecto comenzando porque “todo nicaragüense tiene derecho a la educación y la cultura”, y “que la educación primaria es obligatoria y gratuita” en la concepción del derecho positivo la justicia es la legalidad, cumplir la ley es hacer justicia. No cumplirla es una injusticia.
O sea que también desde la perspectiva de la ley, la educación es un derecho inalienable, no se puede renunciar a él y permitir obstáculos que lo hagan inalcanzable”.
En otro ámbito disciplinario, desde el punto de vista de la antropología pedagógica, al estudiar las historias de seres humanos amamantados por lobos u otros animales salvajes, fue posible observar las capacidades de aprendizaje, educabilidad y adaptación del ser humano a su medio natural y social. En los primeros días fue aprender a no morirse de hambre y sed. Después vino la necesidad de relacionarse con su entorno natural y social y así nació el lenguaje y el aprendizaje de todas las formas de relacionamiento con los demás de su especie y de todas las especies. La satisfacción de una y otra necesidad del ser humano, la de la más elemental sobrevivencia biológica y la de vivir en sociedad, fueron (y son) posibles por esa función social llamada educación.
Con el tiempo los seres humanos fueron acumulando y sistematizando sus experiencias sobre cómo enfrentarse a los rigores del clima, cazar, preparar sus alimentos, comunicarse con los otros de su especie y con los de otras especies y aun con seres que estaban más allá de la física y a eso posteriormente se le llamó cultura. La función social que permitió transmitir ese acumulado cultural, de generación a generación, según Durkheim, fue la educación.
Por todo esto es que cuando en 1948, en el Artículo 26 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se establece que “toda persona tiene derecho a la educación”, y se agrega que “la educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la elemental y fundamental”, con esa frase se está haciendo una síntesis de la historia universal de esta función social, como una necesidad básica del ser humano para su desarrollo biológico, espiritual y social. Y es una síntesis de la historia universal de la educación, porque cuando se agrega que ésta deber ser gratuita al menos en lo concerniente a la educación elemental o fundamental (educación básica), se está reconociendo los peligros a que está expuesta esta función en la sociedad dividida en clases sociales, en especial en la sociedad capitalista. Por ello es que toda idea de privatización de la educación y conversión de ésta en una mercancía que se vende y compra en el mercado, niega el más elemental de los derechos, “la llave”, como dice Katerina Tomasevski, que “abre la puerta a otros derechos”, y que permite al ser humano la vida en sociedad.

(*) Ministro de Educación del Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional