Opinión

Todas las miradas hacia el centro educativo


IDEUCA
El proceso educativo en la educación tiene posibilidad de desplegarse en el corazón del aparato escolar, el centro educativo. Pero cuando éste está herido de muerte, es preciso acudir pronto en su rescate; la hora ha llegado, la educación tiene urgencia y está en emergencia. El Plan Nacional de Educación 2001-2015 y el Foro Nacional de Educación 2006-2015 dejan claramente sentado, entre los principios fundamentales de la educación, que el centro educativo es el espacio privilegiado en el que se lleva a cabo la enseñanza dirigida al logro de aprendizajes relevantes para los educandos y para el desarrollo del país. Es el lugar de encuentro de los sujetos sociales y pedagógicos. Es el lugar donde se fragua la semilla del desarrollo del país. En él se asienta el centro de convergencia de la participación social, de los padres y madres de familia en el quehacer educativo. Desde él, la actividad educativa cruza los muros escolares para insertarse en el quehacer ciudadano, en la problemática de salud, en la depredación ambiental del territorio, en fin, en los procesos de desarrollo de cada comunidad y municipio.
Pero esta declaración de principios, en las últimas décadas, ha sido trastocada, de manera que los escasos recursos presupuestarios que la Asamblea Nacional aprueba para la educación pública no superior son desmesuradamente insuficientes para llenar, al menos básicamente, las necesidades que presentan los centros educativos. A ello hay que añadir la atención y destino de estos recursos educativos, que debiera ubicarse en los centros educativos como principal y único destino, alojándose por el contrario, más bien, en la burocracia creciente del nivel central del MECD y del Inatec. Como conclusión se ha desarrollado:
T Una clase tecnocrática que se siente y opera como prioridad educativa, y que desde el centro del sistema educativo se recrea y asfixia entre planes, informes y papeles que no llegan a ningún fin, más que a llenar los anaqueles de las direcciones y a justificar cargos.
T Buena parte de los recursos económicos del presupuesto y de proyectos de cooperación es absorbida por esta burocracia, quedando los centros educativos al desamparo.
T Centros educativos, que debieran contar con los medios y recursos físicos y didácticos, quedan totalmente desprovistos hasta de lo más básico: asientos, pintura, condiciones higiénicas y de seguridad, tiza, programas de asignatura, libros de texto, etc.
T Centros educativos sin condiciones higiénicas, agua y energía eléctrica.
T Centros educativos cuyos directores, bajo la “vista disimuladora” y cómplice de delegados, asesores y dirigentes máximos, han abusado del poder y exigido a los padres-madres de familia pagar el costo de la educación que el Estado no les provee.
T Maestros y maestras enviados a las aulas a cobrar aranceles, contraviniendo la esencia de su profesión educadora y en condiciones infrahumanas de trabajo.
De esta forma, con gran descaro e inequidad, la actividad educativa que se ha de llevar a cabo en el centro educativo, y que ha de ocupar el lugar central en las preocupaciones y ocupaciones del sector educación, acaba siendo olvidada, obviada, incomprendida e incluso criticada por quienes, cómodamente ubicados en el centro de la tecnocracia educativa, han acabado asfixiando la posibilidad para que los centros educativos puedan realizar una auténtica labor educativa, contando con los recursos didácticos, técnicos y económicos indispensables. De nada sirve continuar criticando a los centros educativos y su bajo nivel de calidad, si éstos no cuentan con oportunidades indispensables que les permitan realizar su labor con la eficiencia y calidad que la sociedad demanda. Resulta fácil e irresponsable criticar o amenazar con el retiro al profesorado que no ha obtenido su titulación respectiva, cuando la institución educativa aún mantiene una profunda deuda con el sector, tanto en el pírrico salario que les depara, como en la falta de apoyo institucional que les brinda, para que logren acceder a la formación científica y pedagógica necesaria. Bueno es, sin embargo, que tras ofrecer la institución estas oportunidades y el apoyo efectivo para su formación, se evalúen los compromisos del magisterio con su perfeccionamiento científico-pedagógico constante.
En este orden es de alabar la nueva disposición ministerial de centrar todos los esfuerzos para que los centros educativos lleguen a ser el foco de atención de la política educativa, con los recursos y la atención directa que ello demanda de las autoridades. Tal intención de desburocratizar el nivel central y las delegaciones departamentales y municipales puede llegar a significar el inicio de una nueva era educativa, en la que el centro del sistema se funde con la periferia, de manera que se logren resolver los graves problemas educativos reales, que son los que ocurren en el centro educativo y a los que, desgraciadamente, al parecer, el sistema educativo y el país ya se habían acostumbrado.
¡Qué bueno que el Sr. Ministro quiera dirigir la educación en contacto directo con los centros educativos, con los maestros, estudiantes y padres-madres de familia! Seguramente que este contacto directo, siempre que haya capacidad de escucha y diálogo, contribuirá a superar datos estadísticos e informes de resultados sobrevalorados y falseados; qué bueno que la sociedad conozca con claridad los problemas, logros y desafíos para que se involucre en su superación; qué bueno que el valor de la transparencia y honestidad con la realidad educativa de la administración educativa sea compartido, apoyado y seguido por la sociedad misma. Es la única manera de superar un mal atávico del sistema educativo: la esquizofrenia o doble personalidad del aparato educativo que ha incentivado dos mundos que no se encuentran: uno virtual y mentiroso creado por la tecnocracia política del aparato educativo, y otro real, silenciado, asfixiado y empobrecido en el que viven los centros educativos.
Es preciso cambiar de raíz el corazón de los centros educativos, de manera que se conviertan, como lo afirma Deming, en “auténticos sitios de aprendizaje”. Que el personal directivo y docente centre su atención en la labor pedagógica y se abstenga de manejar recursos económicos. Que nadie se quede sin ser acogido en la escuela, que los padres y madres no tengan que sufragar la responsabilidad económica que le corresponde al Estado. Que los centros educativos reciban del Estado los recursos que necesitan para crear condiciones pedagógicas apropiadas para el aprendizaje. Ojalá que las instalaciones físicas de los centros se mejoren, amplíen y optimicen para dar acogida a todos los educandos. Seguramente muchos centros privados y estatales podrían cooperar para facilitar varios turnos en sus instalaciones. Es preciso avanzar con rapidez para crear un acuerdo nacional para garantizar el derecho a la educación a todos. Sin el concurso y colaboración de todas las organizaciones estatales, no gubernamentales, religiosas, empresariales, civiles, será imposible la educación para todos. Sin garantizar más plazas de maestros será imposible dar respuesta a esta avalancha educativa. Ojalá que lográramos un Estado, todo él, “en estado de educación”.