Opinión

Nunca hubo reelección en Nicaragua


No importa quién lo planteó y tampoco importa la intencionalidad del planteamiento. Lo importante es que el tema de la reelección presidencial forma parte de la discusión política cotidiana, como invaluable instrumento político-mediático de oposición, porque la iniciativa le corresponde a la oposición, incluida la llamada sociedad civil, como señal inequívoca de que la idea ha surgido del recién inaugurado gobierno de Daniel Ortega Saavedra.
Los argumentos de la derecha, que es la oposición, giran alrededor de una idea falaz, de la distorsión de los hechos históricos, atribuyéndole a la reelección inmediata todos los males políticos del país, a sabiendas de que nunca antes hubo reelección en Nicaragua, un argumento que en la práctica equivale a justificar el continuismo de los dictadores, o de quienes quisieron convertirse en tales y no pudieron.
Aprovechando en efecto la imagen de credibilidad pública de sus más connotados voceros --a quienes se les supone dominio de la historia--, la derecha ilustrada le está dando categoría de reelección inmediata a la usurpación del poder a través de la continuidad amañada en el gobierno, que sí ha sido la causa de todos los males de Nicaragua. Tan prolongada como la del somocismo o tan corta como la de Fruto Chamorro, por causa de muerte.
Y la continuidad amañada en el poder se ha cimentado virtualmente en un único recurso: la Constituyente, generalmente pactada, pero a veces impuesta, siendo su creador precisamente Fruto Chamorro. Desde entonces arranca el mal del continuismo en el poder con visos de legalidad. ¡Visos de legalidad pero no reelección!
Fruto Chamorro fue elegido por un período de dos años Supremo Director del Estado de Nicaragua en 1853. Entonces logró la convocatoria a una Constituyente que terminó siendo espuria porque apresó a unos y expulsó a otros de los más connotados constituyentes liberales. Ese remedo de Constituyente lo nombró presidente y le prolongó el mandato a cuatros años, que no cumplió porque murió en 1855.
Casi inmediatamente Tomás Martínez, otro conservador, reeditó el expediente frutista, agregándole un nuevo elemento: el derecho a ser elegido por el voto popular el siguiente período sin violar el mandato constitucional de la no-reelección, pues el primer período había sido electo por la Constituyente y no por el pueblo. Después de su período provisional, producto de los acuerdos Martínez/Jerez, la Constituyente lo eligió Presidente, sometiéndose al finalizar su período a la elección popular. Pasó diez años en la Presidencia, desde 1857 hasta 1866, algo que no suele recordarse.
Exactamente lo mismo hizo José Santos Zelaya, con el agravante de que su mandato se prolongó por 17 años, desde 1893 hasta 1909, sin haberse sometido jamás a una elección, mucho menos a una reelección. Y como el presidente Zelaya inaugura la historia moderna de los gobernantes de Nicaragua, a él se le señala como el padre del continuismo en el poder con visos de legalidad.
Luego vino el primer Somoza y repitió con éxito el recurso de Fruto Chamorro con el agregado de Tomás Martínez, perfeccionando además el recurso zelayista de la usurpación del poder con visos de legalidad, e iniciando el marionetismo presidencial --nunca más reeditado-- y la privilegiación del pacto político. Con el apoyo de los conservadores logró la convocatoria a una Constituyente, en 1938, que le prolongó el mandato por seis años a partir del término constitucional de su primer período, prolongándoselo hasta 1947. Entonces le cedió el poder a Leonardo Argüello por 25 días, y después de varios gobernantes marionetas, pactó con los conservadores, en 1950, y logró ser elegido nuevamente Presidente de la República. Finalmente reformó la Constitución para reelegirse inmediatamente, pero el pueblo se lo impidió de la mano del héroe Rigoberto López Pérez.
El segundo Somoza --en realidad el tercero, Anastasio II-- privilegió el recurso del pacto político como fundamento de una nueva Constituyente, para garantizarse la continuidad en el poder. Al finalizar su primer período pactó con el Partido Conservador para someterse a una nueva elección después del interregno de una Junta de Gobierno, abortada por el terremoto de Managua de 1972. ¡Y volvió a ser electo Presidente!
Fue hasta 1984 cuando la nueva Constitución Política, producto de la Revolución Sandinista, incluye el instrumento de la reelección presidencial inmediata. Y lo utilizó por primera vez precisamente Daniel Ortega Saavedra en 1989, habiendo sido rechazado por el pueblo. Éste ha sido el primero y único intento de reelección constitucional inmediata habida en Nicaragua.
Posteriormente, durante el gobierno de la presidenta Violeta Barrios de Chamorro, la Asamblea Nacional reformó la reelección inmediata, pasándola a reelección alterna por una sola vez. Norma igualmente utilizada en dos ocasiones, otra vez por Daniel Ortega Saavedra, habiendo resultado electo en al última, de noviembre de 2006. Conforme a la Constitución actual, Daniel Ortega Saavedra no puede ser reelecto.
En consecuencia, si realmente existiera en el nuevo gobierno la voluntad política de restablecer el principio constitucional de la reelección inmediata debe presentar ahora mismo la correspondiente moción de reforma a la Constitución, para evitar que se interprete como un recurso amañado para continuar en el poder con visos de legalidad, tan combatido a lo largo de la historia.
Porque, si se estableciera posteriormente, en la medida que se acerque el término del período presidencial del presidente Daniel Ortega Saavedra será inevitable que se interprete en ese sentido, aun argumentando correctamente que las condiciones políticas actuales son diferentes y que la no-retroactividad de la ley no es aplicable en su caso porque le favorece.
Por lo demás, la reelección presidencial inmediata debe ser juzgada en el ámbito doctrinario de que la soberanía reside en el pueblo, del derecho del pueblo a decidir su propio destino.