Opinión

Patrimonio y segregación


Mi inquietud en este sentido se enfrasca en un pequeño espacio geográfico y en un suceso reciente que es muestra, sin duda alguna, de los errores en los que incurren algunos líderes religiosos y allegados de éstos, por no calcular el peso de sus decisiones.
Este acontecimiento se enmarca en el centro urbano de la ciudad de La Paz Centro, característico como muchas de nuestras ciudades por poseer una iglesia o parroquia frente a la plaza central. El inmueble en mención es la Iglesia San Nicolás de Tolentino, la cual no posee tantas riquezas arquitectónicas como algunas iglesias o capillas de la ciudad de León, pero sí ganó suficiente mérito como para ser declarada Patrimonio Histórico de la Nación.
La Iglesia San Nicolás es un elemento articulador clave de la comunidad cristiana del municipio de La Paz Centro, una obra de arquitectura única, de una sola nave, con una torre central de líneas puras, posee un atrio enverjado y en su parte frontal, un pequeño pero largo y funcional muro de apenas un metro de altura, en donde la población se sentaba a observar las procesiones religiosas. Era una costumbre hermosa, tan tradicional y antigua como la iglesia misma, pero recientemente esto ha sido drásticamente cambiado por un proyecto que es tan nocivo para la población como para el Patrimonio Histórico Nacional.
La verja que rodeaba el atrio fue removida y reubicada de forma brutal exactamente sobre el muro, un atropello total a las costumbres de un pueblo predominantemente católico. El muro ha sido perforado y desboronado, se han construido nuevos apoyos de cemento vulgar para sostener la nueva ubicación de la verja, el Patrimonio ha sido ultrajado por los que supuestamente deberían ser los primeros en preservarlo, tal y como fue nombrado Patrimonio en su momento. Algunos pobladores lo catalogaron como un acto de maldad pura, todo por el deseo de un grupo de personas de la parroquia de no ver a ningún pobre cristiano sentado en la iglesia que ellos reclaman con exclusividad y demencia.
Lógicamente la antigua ubicación de la verja respondía a la necesidad de mantener alejado a vagos, borrachos, ladrones, etc., de las instalaciones de la parroquia, una función válida, pues es condenable las malas costumbres de algunas personas de orinar en la vía pública, pero la verja estaba ahí, haciendo su función, no era necesario imponerla sobre el muro donde la gente se sentaba.
Posterior al inicio de este proyecto, amaneció frente a la iglesia una manta de procedencia desconocida que decía lo siguiente: “Gracias Consejo Parroquial por la verja fascista y excluyente, el pueblo les agradece sus buenas intenciones”; una manta inocentemente genial sin duda alguna, reflejo del espíritu libre y digno del nicaragüense joven. Esta manta fue el primer símbolo de inconformidad de la población ante la decisión de alejar aún más a la iglesia del pueblo, causó tanto disgusto entre los miembros estructurales de la parroquia que sólo pudo estar pocas horas en la vía pública, mientras éstos solicitaban su retiro y a la vez maldecían y amenazaban con demanda y cárcel a los supuestos autores.
¿Pero cuál fue el delito? Fue el derecho constitucional de la libertad de expresión lo que los enfureció, ese derecho que hoy me da la oportunidad de escribir en este prestigioso diario, derecho que a la vez les da a ellos la facilidad de criticar este artículo y declararlo impuro si lo desean. ¿Adónde les quedó el cristianismo, el amor de Cristo hacia el pueblo?
Mi inquietud es porque quiero hacerles un llamado a la cordura, aunque me odien, miren los pasos que están dando, vean cómo están alejando a la iglesia de su pueblo, deténganse a pensar, y si continúan así, después no se pregunten por qué cada día va menos gente a las procesiones, o por qué cada vez son menos los que se identifican como católicos.
Preservemos el Patrimonio, la cultura y las tradiciones. Desde Berlín a China, desde la frontera de México a La Paz Centro, esos elementos no son la solución más inteligente. Verjas, vallas, muros, murallas, tapias, cercas, alambres de púas, todos simbolizan una sola cosa:
Segregación.

*Arquitecto de la comunidad.