Opinión

La caída de otra dictadura


El traspaso de gobierno del ingeniero Enrique Bolaños Geyer al comandante Daniel Ortega Saavedra, que presenciamos este 10 de enero, es mucho más que una ceremonia protocolar de simple entrega de banda presidencial. No sólo estamos pasando de banda a banda, o sea de las manos verdes (por los dólares saqueados) conservadoras a las manos rosadas chicha (ávidas de dólares) de los sandinai, quienes han pretendido siempre administrarnos a sus gustos y antojos.
Independientemente que podamos hacer una ligera lectura como un simple cambio de mafia en el bullpen, podemos sobreinterpretar y decodificar el evento como la estrepitosa, fatal y prolongada salida de la derecha del Gobierno en Nicaragua. En por lo menos 20 años, la derecha hard (dura) no tomará las riendas del Ejecutivo, salvo en su versión de derecha light (ligera) con veleidades sandinistas y socialistas, como está ocurriendo en este Año del Señor de 2007 con la coalición Unida Nicaragua Triunfa.
Pese a ciertos analistas autoproclamados libertarios y hasta anarquistas, que se caracterizan por ser cultores de la ilusión democrática y su anhelado estado de derecho, nuestra derecha criolla con el decidido apoyo del gobierno de los Estados Unidos y los organismos financieros neoliberales desgobernaron Nicaragua durante 16 años en una feroz dictadura de clase, como decía el Viejo Marx a propósito de todo régimen burgués. Todo gobierno sigue siendo una dictadura de clase como lo demuestran los expedientes de las administraciones Barrios Chamorro, Alemán Lacayo y Bolaños Geyer.
Porque si las dictaduras se caracterizan por la realización de la voluntad del dictador por sobre el orden constitucional y el estado de derecho, la dictadura neoliberal criolla se caracterizó por vulnerar el frágil estado de derecho nicaragüense al implementar a saco y raja y/o al bote y al miado, todas las medidas represivas de marginación económica de las clases medias y populares, por las privatizaciones corruptas y desaparición forzosa del gasto social, además de haber convertido a la corrupción en la varita mágica del desarrollo de la burguesía financiera virtual (bancos) y mediática (los medios golpistas: La Prensa S.A. y Canal 2 Televicentro), sumada a una obsecuencia total con los organismos financieros internacionales más un vergonzoso servilismo con los gobiernos de los Estados Unidos de América. No nos cabe duda que durante 16 años aquí se hizo la voluntad del capitalismo financiero internacional y del imperialismo yanqui. Como dirían mis amigas feministas: ¡Qué baja autoestima!
Veamos los siniestros expedientes XXX citados anteriormente. Empecemos con el primer gobierno de la dictadura de clase, el de la Unión Nacional Opositora de la señora Violeta Barrios de Chamorro más el ingeniero Antonio Lacayo Oyanguren, el yernísimo. Entre sus hechos dictatoriales destacados encontramos: la condonación de la deuda de U$ 17,000 millones de dólares al gobierno de los Estados Unidos de América; la instauración del capital financiero con participación familiar del clan en el poder; la ruptura con China Popular y reapertura de relaciones con la República de China en Taiwan con participación familiar (el Lic. Pedro Joaquín Chamorro Barrios fue nuestro primer re-embajador en Taiwan); la política bucanera de corrupción al Poder Legislativo para vulnerar el estado de derecho y variar la correlación de fuerzas implementadas por los bukis, el doctor Antonio Tony Ibarra Rojas y el ingeniero Antonio Tony Lacayo Oyanguren, inauguran también las eras de las privatizaciones, las ventas masivas de armas, la destrucción de la filatelia nicaragüense y nos vendieron las locomotoras y hasta los rieles del ferrocarril del Pacífico de Nicaragua, a mí que me gustan tanto las estampillas y los trenes. Imperdonables.
En el segundo período de esta dictadura de clase se introdujeron algunas variaciones sobre un mismo tema. Una poco elegante cleptocracia arribó al poder después de haber realizado muchas obradas y no palabras en la Alcaldía de Managua. El gobierno del doctor Arnoldo Alemán Lacayo, quien a diferencia de otras mafias políticas se caracteriza por su generosidad con lo que no le cuesta. Los amigos del doctor Alemán afirman que el hombre es del estilo comé y comamos, por supuesto con lo que no es de él. Recordemos sucintamente que en este período estalla la guerra entre capitales aristocráticos, capitales sandinistas y capitales de la cleptocracia que conducen a la quiebra de los bancos. Se pone en crisis el sistema financiero con abundantes quiebras fraudulentas de bancos fraudulentos. Se saquea al Estado olímpicamente sin importarle a este grupo dejar huellas y rastros. Así podemos contemplar a simple vista, sin necesidad de lupa querido Watson, huellas de Alemán, Duquestrada, Jerez, Cifuentes, Spencer, Ramírez, Flores, etc.
Otra característica también de esta cleptocracia fue su voraz apetito, su crueldad e impiedad. Se robaron la mayor parte de la ayuda internacional que vino para aliviar las terribles penurias en que sumió, principalmente a la población rural, el desastre provocado por el mega huracán Mitch. De esto hicieron hasta burlas sangrientas. Recuerden cómo el señor presidente Alemán se burló de los pedidos de auxilio que realizaba doña Felícita Zeledón, a la sazón alcaldesa de Posoltega, cuando informó al pueblo del deslave del volcán Casitas sobre la población adyacente. En la Vicepresidencia de la República, muy orondo y lirondo, estaba el ingeniero Enrique Bolaños Geyer, captando también gran parte de la ayuda que vino para los damnificados.
Internacionalmente se profundiza la relación con las donaciones Taiwan y al final, las mismas fechorías de esta pandilla en el poder los hace enunciar ante los embates de la Administración de los Estados Unidos, quienes se asombran de la capacidad de corrupción de sus engendros, unas tibias posiciones nacionalistas. El mismo doctor Alemán definió en una ocasión este período. Son raterías, dijo, pequeñas raterías. Aquí la dictadura de clase fue ejercida plenamente por los rateros.
El tercer período de esta dictadura de clase, el del ingeniero Enrique Bolaños Geyer, debe ser caracterizado como el gobierno de los ricos. El mismo ingeniero Bolaños, de cepa conservadora, es impuesto como candidato liberal por una digitación de don Carlos Pellas y él mismo no es, ni nunca ha sido, un palmado. En este período se profundiza el proceso de las privatizaciones, se pretendió privatizar hasta el aire libre, se consolida el capital financiero, virtual y mediático (con la quitada de máscara de los medios golpistas: La Prensa S.A. y Televicentro Canal 2, quienes dicen unos Cenis bien valen un golpe de Estado), campea el servilismo con los Estados Unidos hasta dejar a don Adolfo Díaz convertido en un prócer si lo comparamos con las prácticas bolañescas. La corrupción, por su parte, pretende ponerse guantes blancos para no dejar huellas o al menos blanquearse los dientes con los negociados abusos de Pedro Solórzano, Zelaya Blanco, Fausto Carcabelos, Nelson Delgadillo, etc. También debe ser caracterizado por la ingratitud y la hipocresía, la historia lo recordará como el reinado de Don Enrique “El Ingrato” o como el de Don Enrique “El Sordo”, que jamás oyó la voz de la conciencia moral al devengar tres megasalarios o megapensiones. Don Enrique sólo escuchaba el dulce rumor de los billetes nuevos al ser contados.
Ha caído una dictadura neoliberal de 16 cruentos y largos años, cuyo lema real fue: todo contra el pueblo, nada a favor del pueblo. Y esto se lo escribo a Juan para que lo entienda Pedro. En Nicaragua, señoras y señores, no hay nada oculto, y el que tenga oídos para oír, que oiga. Mañana puede ser tarde.