Opinión

Proyecto Copalar, huérfano de estrategia nacional

“Las decisiones económicas básicas se toman en la economía global y no en el Estado-nación”. Peter Drucker

El desarrollo de Copalar, en este momento, corresponde a la estrategia energética de México, no de Nicaragua.
México promueve el Programa de Integración Energética Mesoamericana (PIEM), que demandaría una inversión total de 7,500 millones de dólares. Este programa incluye, además de la construcción de Copalar, una refinería del crudo mexicano Maya (que se instalaría posiblemente en Guatemala), un gasoducto y plantas de transformación de gas licuado en gas natural. México concibe el desarrollo del PIEM con el apalancamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y con los fondos del pacto de San José, de manera que toda esta infraestructura no representará para México el más mínimo desembolso presupuestario.
Plan de convertir Nicaragua en la reserva estratégica de energía para la región
De acuerdo con los estudios de la Comisión Nacional de Energía (CNE), la demanda máxima nacional llegaría a 929 MW en 2018, a una tasa del 5.1% de incremento anual (en el escenario más alto). De modo que una inversión, en este momento, de 1,000 millones de dólares en 980 MW de generación hidroeléctrica (en una sola cuenca hidrográfica), tendría el efecto de desplazar, desde ahora, la factibilidad de cualquier otro proyecto de generación existente o en vías de financiamiento en Nicaragua.
Nicaragua consume, apenas, el 7.9 % del consumo de energía eléctrica de la región. Este proyecto, con una capacidad instalada excesiva, convertiría al país en una reserva estratégica de energía de emergencia para la región (con los riesgos que ello implica para nuestra seguridad e independencia energética, como veremos luego).
Planeación estratégica competitiva
Como nos enseña Trout (uno de los estrategas empresariales más reconocidos a nivel mundial), en un proceso global de concentración inmensa de capital (el 70 % del intercambio comercial del planeta lo controlan 500 empresas) todos intentan quedarse con el negocio de los demás. De manera que es ingenuo --sin estrategia propia-- esperar que alguien vaya a planificar, por nosotros, el desarrollo del país, o vaya a cedernos el control sobre la mejor forma de inserción en la economía global.
Al concebir proyectos de importancia nacional, el problema fundamental es la desconexión de la dirección del país con resultados sociales sostenibles. Un proyecto de la envergadura de Copalar, desarrollado por México, está más allá de nuestra capacidad de control. No hay táctica posible, en esas circunstancias, que nos permita trazar una política energética propia (que reporte los mejores beneficios para el país).
Lo fundamental no es si vendemos o exportamos energía. El análisis esencial es si Copalar ayuda (con preferencia a otras alternativas) al fortalecimiento de la competitividad de nuestro país para atraer la inversión extranjera en la industria nacional (por confiabilidad y disminución de costos de la energía), y si podemos trazar políticas para expandir la cobertura eléctrica, e incrementar la producción en las zonas rurales.
¿Cómo se toman las decisiones energéticas ante distintas alternativas?
La CNE utiliza, para el análisis de los escenarios alternativos de expansión de la generación de energía eléctrica, el modelo SUPER-OLADE, versión 4.17.
Los planes de expansión se elaboran con modelos matemáticos (como el señalado arriba) que utilizan la estadística y la teoría de probabilidades para estudiar las variables aleatorias que evolucionan en el tiempo (análisis conocido como programación dinámica estocástica), propias del sistema energético. Estos modelos se basan en investigación operativa (uno de los avances científicos más importantes de la última mitad del siglo XX), que ofrece las mejores soluciones posibles (matemáticamente) para la toma de decisiones complejas, decisivas para el futuro de un país, sobre todo para optimizar, con eficiencia, recursos escasos.
Plan de expansión nacional de la generación de energía eléctrica
Los distintos escenarios de planificación de la expansión energética, previstos por la CNE, contemplan (por criterio de confiabilidad y de optimización de resultados) la instalación de plantas que utilizan una combinación de distintas fuentes de energía primaria. Ya hay, incluso, proyectos en construcción para 2008, como son San Jacinto Tizate de 66 MW (con fuente GEOTÉRMICA), dos plantas de 40 MW (con energía EÓLICA), y Larreynaga de 20 MW (con recurso HÍDRICO), para un total de 126 MW de fuentes renovables.
Luego, antes de considerar la entrada de Copalar, el plan de expansión nacional prevé una combinación de hidroeléctricas pequeñas (Pantasma de 24 MW, Pajaritos de 30 MW, Valentín de 28 MW, Corriente Lira de 40 MW y El Carmen de 100 MW), de Generación Geotérmica (Hoyo Monte Galán 1 y 2 de 60 MW), y de Generación Térmica (con dos turbinas de gas de 50 MW cada una).
De esta forma, el sistema energético es más económico y, sobre todo, más robusto que lo que resultaría con 980 MW del proyecto Copalar. No sólo porque el aporte energético proviene de distintos puntos del Sistema Interconectado Nacional, sino porque no es completamente estacional (dependiente del período de lluvias), ni se ve afectado en su totalidad por fenómenos climáticos como el Niño, o por un huracán como el Juana o el Mitch (cada vez más probables, debido al cambio climático del planeta).
Entonces, ¿cuándo
entra Copalar?
Copalar, Mojolca y Tumarín (con una capacidad conjunta de 650 MW, y no de 980 MW), de acuerdo con los estudios de la CNE deben entrar gradualmente a partir de 2013. Pero, en este escenario, se exigen dos prerrequisitos indispensables, de carácter externo. El primero es que esté construida la línea de interconexión SIEPAC (que permita transportar 300 MW entre países del área centroamericana y de México). Y el segundo, más indispensable aún, es que el mercado regional opere como un mercado integrado (de modo que cada país dependa permanentemente de plantas instaladas en otros países, lo que, hasta ahora, está lejos de ocurrir).
A pesar de que el interés del proyecto Copalar es preferentemente regional, el Estado de Nicaragua dejaría de percibir (por toda la capacidad excedente instalada), de acuerdo al anteproyecto de ley, los derechos arancelarios de importación, el Impuesto al Valor Agregado, el Impuesto sobre la Renta, los impuestos municipales, los impuestos a combustibles y lubricantes utilizados en la construcción, etc.
Estrategia energética nacional
Todos los países de Centroamérica competimos en atraer la inversión extranjera. La estrategia energética más adecuada debe resultar del análisis de nuestra posición relativa, por lo menos, con respecto a los otros países del área.
Hay que prever si el rol de convertirnos en reserva energética de la región, ¿nos fortalece de forma estable con relación a los países centroamericanos, o introduce ciertas debilidades dentro de la aparente fortaleza?
Si tenemos en el país campos de energía geotérmica, hay una ventaja competitiva indiscutible que debemos, simplemente, desarrollar con prioridad. Con las nuevas tecnologías, el costo monómico de la energía generada con fuente geotérmica oscila (en dependencia de las condiciones del campo) entre 30 y
50 US $/MWh. Y éstas son unidades de base (“must run”), que presentan el mejor factor de planta, ya que se despachan todo el tiempo. Sus costos de inversión se amortizan en cinco años (con una vida útil de treinta), y el impacto ambiental es totalmente localizado y controlable. En fin, ¿se sabe, al menos, a qué precio monómico se compraría la energía de Copalar?
Rol protagónico del ente regulador en la crisis actual
Parte importante de la estrategia es reconocer que el precio estable de la energía no se consigue con sutilezas burocráticas (que promueven, más bien, la falta de pagos, y la desconfianza en el inversionista), sino, que es el efecto de atraer, por el respeto a reglas simples, nuevas inversiones dirigidas a los proyectos más rentables y eficientes.
*Ex-presidente del Consejo de Operación del Mercado Eléctrico Mayorista de Nicaragua