Opinión

Por quién votar el próximo domingo cinco


El voto es un derecho, no una obligación; todo depende de criterios que deben respetarse.
En opinión de personas civiles y de algunas instituciones, los ciudadanos deben concurrir a las Juntas Receptoras de Votos el próximo domingo cinco de noviembre 2006 a depositar el suyo, para mejorar o transformar Nicaragua.
Siempre se repite que la soberanía nacional reside en el pueblo, pero el poder político lo ejerce el pueblo por medio de representantes libremente elegidos por sufragio universal, igual, directo y secreto.
En el proceso 2006, el pueblo elegirá directamente sólo al Presidente de la República; los diputados ante la Asamblea el pueblo no los elige directamente, resultan de listados que inscriben los partidos y de fórmulas matemáticas. Las campañas electorales de cada candidato han sido prácticamente nulas, unas cuantas palabras en TV pidiendo el voto.
Pareciera que en Nicaragua elegir un presidente es lo único que interesa, sólo uno de los poderes del Estado tiene atribuciones definidas en la Constitución Política.
Un Presidente de la República, en las condiciones que se dan Nicaragua, debe ser una persona tolerante y hábil negociador, pues su poder tiene limitaciones, y ese cuento de que el Presidente lo puede todo no es verdad, eso se observa sólo en regímenes dictatoriales.
Los magistrados a la Corte Suprema de Justicia y al Consejo Supremo Electoral los designa políticamente la Asamblea; el pueblo desconoce antecedentes de las personas en proceso de trámite para magistrados. La justicia es función de la política, una irregularidad para la administración de justicia y sobre elecciones, un tema muy controversial por el control que mantienen los partidos mayoritarios.
El pueblo sólo sabe que vota directamente el cargo de Presidente, pero ignora por quién votó para diputados, pues las prioridades de listados dependen de los jefes de partidos.
Mucho se ha insistido en la elección uninominal de diputados para que el pueblo pueda elegir libre y directo a cada representante de sus municipios correspondientes, pero continúa siendo misión imposible el cambio de sistema.
El pueblo ya escuchó las propuestas de cada uno de los candidatos presidenciales, pero las votaciones, en general, son dominadas u orientadas por la militancia o simpatías de partidos, de personalidad y promesas vagas de los candidatos; desconocen posibilidades de cumplimiento de promesas, y he ahí el detalle.
El pueblo, los votantes, ignora la importancia de integración de la Asamblea Nacional, desconoce compromisos de los diputados, a sus representantes a veces ni los conoce. Es importante la composición de las bancadas, no tanto en números, sino la calidad de diputados, independientes, experiencias parlamentarias, conocimiento y madurez para legislar; no debe ser a tontas o locas, sino por prioridades del país.
Es triste el espectáculo de los diputados mudos, que nunca participan en las discusiones, que aparecen dormidos o comiendo en el recinto de la Asamblea; también es lamentable que gocen de muchos privilegios cuando son supuestos políticos que están allí para trabajar por Nicaragua y por sus representados en base a un sueldo.
La calidad de diputado obliga responsabilidad y honorabilidad, y el momento de revisar antecedentes es al inscribirlos como candidatos en el CSE. Las personas o instituciones que hacen propaganda o bulla al acto de ir a votar no se dan cuenta, primero, que en el caso de diputados, la votación no es uninominal, no se vota por un determinado candidato, y que al estar votando por planchas jamás se tendrán personas de calidad que se esfuercen y trabajen por Nicaragua.
Las leyes o decretos no son resultado de intensos cambios de criterios, sino de instrucciones que bajan los jefes de partidos; casi pudiera afirmarse que en la Asamblea Nacional es donde debe prevalecer el debate, pero en Nicaragua no es así, quizá un formulismo que trabaja en base a señales de los mandamás de sus partidos.
Las elecciones periódicas son oportunidades de evolución y modernización, pero en Nicaragua siempre el mismo disco rayado en cuanto a la integración de la Asamblea Nacional, obstáculo básico para que Nicaragua pueda iniciar un proceso democratizador.
También se conjugan la escasa o nula formación cívica de niños, jóvenes y adultos que desconocen la trascendencia del instrumento democrático que es el voto, así como las condiciones sociales de la gran mayoría del pueblo.
El pueblo se interesa sólo por necesidades urgentes y así entiende las campañas electorales como algo mágico que puede resolverle problemas al instante; no perciben que los políticos le usan y que los beneficios sólo llegan a las argollas de los partidos y al sector empresarial alto.
El esquema del sistema electoral es un llamado de atención sobre el significado y alcances del arcaico sistema, que el voto no es en esencia un instrumento democrático, que los representantes, ya en el cargo, se olvidan de ellos, atienden sólo a intereses de los caciques, porque fueron éstos quienes les escogieron.
No debe entenderse la aclaración anotada arriba como una insinuación de abstención, no, pues se considera que los ciudadanos tienen a estas alturas criterios definidos en relación a su candidato presidencial, pero nada concreto saben sobre cómo funciona el Estado nicaragüense y en particular la elección “directa” de diputados.
En la campaña electoral a presidente nada se escuchó sobre el cambio necesario del sistema político ni precisión sobre mejoramiento integral en las condiciones de vida del pueblo. Frases por aquí, frases por allá, sin cohesión ni posibilidades reales de ejecución; abundaron los ataques personales.
Es probable que ningún candidato presidencial, su partido, obtendrá el número de diputados que le permita gobernar a su solo criterio, será necesario negociar alianzas o pactos, y la mejor marcha del gobierno dependerá de los temas y flexibilidad de los congresistas.
Llevamos tres procesos electorales a partir de 1990, y desafortunadamente la integración de asambleas respectivas ha actuado bajo el mismo modelo y al ambiente político no le ha preocupado o interesado combatir y cambiar la práctica viciada. Por las planchas de candidatos a diputados conocidas la integración de la Asamblea Nacional que salga de las elecciones 2006 funcionará de la misma forma.
La situación general que se hereda del gobierno saliente no es un lecho de rosas, y será necesaria una serie de medidas para buscar nuevos horizontes.
Con ciudadanos de calidad y honorabilidad se podría integrar una Asamblea Nacional que se preocupara por los problemas nacionales e impulsar el progreso del país, y ésta es la llave que tanta falta está haciendo.
Pero, para ser consistente, el problema no es tan simple, la punta del ovillo está en la organización de nuevos partidos que trabajen en forma sistemática para impulsar el cambio. No se trata de micropartidos que aparecen sólo para elecciones o voces aisladas que recomiendan que hay que votar; hay que ofrecer al pueblo oportunidades legítimas de mejoramiento de sus condiciones de vida.