Opinión

El aborto y la filosofía del Derecho


Para discutir el aborto es preciso diferenciar su naturaleza en dos grandes ciencias: la Medicina y el Derecho. A la Medicina le interesa siempre, sin importar su origen; al Derecho sólo le preocupa si es producto de la voluntad humana.
El Derecho debe penar el aborto, pero considerando dos situaciones particulares: el riesgo de muerte que corre la mujer embarazada si lo continúa y cuando la concepción se ha dado contra su voluntad, siendo la violación la más común.
La Filosofía del Derecho existe a razón de procurar respuestas a las grandes interrogantes que plantean la ley, la doctrina y el Derecho Natural. De todas, el Derecho es la ciencia que más discusión provoca, fenómeno que tiene su origen en su razón de ser, como ciencia que regula la actividad humana, sancionando las conductas antijurídicas y protegiendo todo comportamiento lícito.
El verdadero filósofo del Derecho debe plantearse el aborto provocado desde dos de sus orígenes; como método preconceptivo y como protector de la vida y la salud psíquica de la mujer. Método preconceptivo es término mal empleado, porque una vez embarazada la mujer no se puede presentar la preconcepción, sino la expulsión brusca del feto. La mujer que aborta luego de concebir por descuido, cuando hizo el sexo con el mayor placer, para unos debe ser sancionada como autora del delito de aborto, para otros se debe considerar la opinión de ciertos doctrinarios que defienden la posición del embarazo no deseado, que aun siendo su origen no violento, el nuevo ser complicaría la vida de la madre, por su pobreza o por la represión familiar. María, de quince años, de familia acomodada y padres severos en el pueblo que habita, resulta embarazada de un noviazgo prohibido; pide consejos para resolver su desesperada situación, una amiga le afirma que si se introduce un objeto delgado dentro de la vagina al tocar el feto abortará; lo hace y muere desangrada; ¿quién la mato? ¿La ley o el legislador que la dictó?
La Filosofía del Derecho aborda el tema desde diferentes ángulos, justificando la respuesta sólo con medidas de Derecho. La concepción es un hecho maravilloso para la mujer que ha hecho sexo con el hombre amado, pero, no importa la edad, una mujer que ha sufrido un ataque sexual y quedado embarazada es una víctima de doble ultraje; el primero lo constituye el acto mismo por medio del cual uno o varios aberrados la han sometido a una dolorosa sesión de sexo, el segundo es el embarazo producto de ese ataque bochornoso. Aquí podemos citar la dialéctica del viejo Hegel, de forma particular la Ley de la Negación de la Negación: si la agresión sexual es la negación del Derecho y su resultado es el embarazo no deseado, la negación de ese embarazo es la afirmación del Derecho, porque si luego del doble ultraje la ley exige a la mujer proteger el embarazo y dar a luz, la convierte en víctima por tercera vez, y éste será el peor de todos los ultrajes porque durará el resto de su vida. La ley debe permitir a la mujer tomar una decisión voluntaria, garantizándole que si decide el aborto éste será legal, en condiciones mínimas que protejan su vida, en una clínica con asistencia médica.
Del embarazo voluntario, si resulta una complicación que ponga en riesgo la vida de la mujer, la ley debe protegerla, porque su muerte acarreará secuelas graves al resto de la familia, mientras el feto es apenas un proyecto de vida. No es la vida contra la muerte, como dicen los detractores del aborto terapéutico, sino vida contra vida, con la diferencia que una de ellas ya está realizada.
En Nicaragua, hasta el día veintiséis de octubre pasado, nuestra legislación penal admitía el aborto terapéutico, pero vinieron los bárbaros de turno, mediocres e irresponsables diputados, y borraron ese derecho de la mujer, creyendo que así se congracian con la prostituida Iglesia Católica. Estoy seguro que el pueblo les cobrará esta afrenta el próximo cinco de noviembre.

Abogado penalista