Opinión

El voto por el cambio


Todos los nicaragüenses estamos listos y entusiasmados para otorgar nuestro voto a las cinco ofertas que se nos presentarán este próximo 5 de noviembre de 2006.
Pero me parece que todavía estamos en pañales; es decir, no hemos alcanzado la madurez política necesaria para saber qué es lo que vamos a elegir y por qué vamos a votar. Si los nicaragüenses fuéramos un pueblo inteligente, iríamos a votar por un programa económico y social ajustado a la realidad, por un nuevo régimen de gobierno y no por fanatismo político o por simpatía a favor de “X” candidato.
La inmensa mayoría de nuestro pueblo, políticamente hablando, es analfabeto y carece de visión futurista. Esto es lamentable y perjudicial, tanto para el país como para cada uno de los ciudadanos de este país empobrecido. Ir a votar no significa en manera alguna una fiesta o jolgorio, tal como se estila en otros países centroamericanos cuyos ciudadanos ignoran por qué van a las urnas electorales a depositar su voto. Otorgar el voto significa o debería significar para cada ciudadana y ciudadano nicaragüense una nueva vida institucional a favor de sus intereses de clase. Claro, algunos sabemos que una minoría va a votar con su mente fría y calculadora, pero la gran masa no. Ésta desafortunadamente otorga su voto sin saber por qué y para qué.
Esta incipiente “democracia”, que la hemos venido ejerciendo durante quince años, la debiéramos de aprovechar calculada y objetivamente a nuestro favor, exigiendo que los actuales candidatos a la Presidencia de inmediato hagan público a través de la televisión, los periódicos y las radios sus planes de gobierno económico y social. Pero que lo hagan expresamente en campos pagados, firmados y sellados por sus correspondientes agrupaciones políticas. Y una vez en el gobierno, organizadamente, la población le dé seguimiento y control a su programa. Que dejen de una vez por todas de hacer declaraciones irresponsables de sus programas a nivel de los medios masivos de comunicación.
En relación a sus planes de gobierno, que sean más serios. Que no pretendan dar “atol con el dedo” a la población con programas populistas, demagógicos e irrealizables. Desde 1979 hasta hoy, este pueblo sabe, en alguna medida, lo que quiere: no se le puede engañar tal como lo acostumbraban hacer las dos grandes agrupaciones oligárquicas del pasado. También es necesario hacer notar al electorado que irá a votar por otro nuevo presidente de Nicaragua con lo mismo de siempre. Es decir, para ejercer su mandato por otros cinco años más, se haga más rico ilícitamente, se arrodille ante el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, se venda al gran capital para luego entregarle el Ministerio de Hacienda y el Banco Central. Y por último, si es que se le da la oportunidad, convertirse en un dictador más. ¿Continuaremos los nicaragüenses con lo mismo de siempre? ¿Seguiremos con el mismo sistema de gobierno presidencialista creado y diseñado por y para las oligarquías criollas? Recordemos que el presidencialismo es un sistema de gobierno al servicio del gran capital. Jamás este sistema sacó al pueblo nicaragüense del analfabetismo, el hambre y la miseria.
Como se recordará, el nuevo presidente que el pueblo elegirá constitucionalmente el próximo 5 de noviembre no puede revocar su mandato si no cumple con su programa de gobierno. O si comete arbitrariedades reñidas con el orden institucional del país, tal como lo debemos esperar con las reformas constitucionales después del diez de enero de dos mil siete. Desafortunadamente, a estas alturas nada se puede hacer. Debemos elegir al futuro mandatario, y posteriormente, concentrarnos en la reforma total de nuestra Constitución Política que nos permitirá diseñar un nuevo régimen de gobierno, en el cual participemos todos sin exclusión, y que el pueblo tenga participación directa y activa en su vida democrática y republicana. Además, ya es hora que los futuros diputados de la Asamblea Nacional, el Ejecutivo y el pueblo organizado, se den a la tarea de elaborar un programa político y social de veinte o cincuenta años que con urgencia lo necesitamos; y que constitucionalmente cada nuevo mandatario de turno lo respete y le dé continuidad.
Si el 5 de noviembre los electores dan su voto por el cambio, con la decisión firme de salir de la pobreza, el analfabetismo, la migración y no continuar siendo el pueblo más muerto de hambre de este planeta, le estarán asegurando a sus futuras generaciones una vida feliz, próspera, digna y respetable.

Licenciado en Derecho
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