Opinión

El reto que enfrenta la ciudadanía


La propaganda de Eduardo Montealegre dice que si Daniel Ortega gana estas elecciones, Nicaragua entra en una noche oscura, en la tiranía, en el centralismo y en la ilegalidad. Con base en esa premisa, el aparato propagandístico de ALN se cree justificado para manejar una campaña donde las acusaciones gratuitas, las burlas y las interpretaciones más negativas no tienen límite (afirmaciones de Montealegre en persona, dramatizacio­nes histéricas de madres que temen perder a sus hijos en una guerra, manipulaciones de fotos y vídeos de la época de los 80; ¿y qué de las madres que perdieron a sus hijos y que no consideran que el culpable haya sido el gobierno de los 80, sino quienes le hicieron la guerra y se aliaron con un gobierno extranjero que fue declarado culpable por una Corte Internacional de Justicia?) y no nos dejan a los ciudadanos ni respirar (¿cuántas de las 16 horas en que la televisión está funcionando están copadas por la propaganda contra Daniel Ortega y el FSLN?).
Por otra parte, como efecto directo de tal conducta en un pueblo con cultura Güegüence, todo parece indicar que la propaganda de ALN (y un poco menos la del PLC) más bien está ganando más y más adeptos a Daniel Ortega, al menos entre los ciudadanos que responden a las encuestas.
Eduardo y José no parecen sentirse muy obligados a respetar la opinión de los adeptos de Ortega, que según las encuestas pueden subir en algunos momentos hasta el 35 por ciento de la población, ni tampoco la de muchos otros ciudadanos que desearíamos una mayor altura en la campaña electoral. Su actitud es la de que “todo vale”. Y en esto se han arreglado para contar con un apoyo, también descarado, de los funcionarios diplomáticos del Gobierno de los Estados Unidos o de miembros del Ejecutivo de ese país o de su Congreso. Jamás antes habíamos oído a ningún funcionario estadounidense hablar en Nicaragua con tanta desfachatez sobre qué es lo que debemos hacer los nicaragüenses o por quién no debemos votar (como jamás tampoco antes ningún presidente de este país ha tolerado tan vergonzosamente que los funcionarios estadounidenses interfieran en nuestra vida política y en nuestra campaña electoral como lo está haciendo el Ing. Enrique Bolaños).
En estas circunstancias, yo no sé quién va a ganar estas elecciones, ni sé si quien gane lo va a hacer limpiamente, pero sí estoy seguro de que gane quien gane, ningún futuro presidente de este país podrá tener en sus manos el poder incontestable que han tenido Daniel Ortega, Violeta de Chamorro o Arnoldo Alemán; ni mucho menos será posible que dos partidos mayoritarios sean capaces de dominar abrumadoramente las decisiones de la Asamblea Nacional como lo han hecho el FSLN y el PLC en los últimos seis años.
Si la ciudadanía está dispuesta a expresar sus exigencias, a canalizarlas a través de sus propias organizaciones y a mantenerse en presión sobre la clase política, se puede esperar que la Asamblea Nacional próxima nos permita acceder a una Asamblea Constituyente que cancele el bipartidismo, el discrecionalismo, el nepotismo, los megasalarios y la manipulación de la justicia, por una parte; y por otra, permita que se deshagan las vergonzosos atracos al erario que hemos sufrido con el escándalo de los Cenis, que permita que el gobierno de la nación realmente negocie con el Fondo Monetario Internacional y no se limite a aceptar sus exigencias, que termine con las evasiones y las exenciones tributarias. En una palabra, sin pretender pasar a un régimen económico o político diferente, que al menos podamos por unos años gozar de un capitalismo normal y legal y no de un capitalismo corrupto como se nos ha recetado en los últimos 16 años. Una república donde las leyes tributarias, aunque imperfectas y aún regresivas, se cumplan; los privilegios a sectores poderosos eximiéndolos de impuestos o tolerándoles la evasión desaparezcan; se reestructuren las deudas internas permitiendo que entremos en un ritmo seguro de superación de los fracasos sociales a los que nos encontramos abocados y donde se elimine por completo la corrupción en el sector público y sus alianzas con los sectores privados privilegiados. Esta alternativa, sin embargo, sólo sería posible si la masa de los ciudadanos está dispuesta a ejercer su conciencia cívica y patriótica y se rehúsa a ser manipulada por los políticos y más bien los presiona sin dejarse torcer el brazo.
Ése es el reto que enfrenta para los próximos años nuestra ciudadanía, y tal vez en esta ocasión tengamos suficiente madurez para aceptarlo y aprovecharlo. Si es así, no todo se habrá perdido ni todo se habrá ganado el día de las elecciones. Mientras los electos cumplen sus obligaciones usando el poder que les demos por cinco años, nosotros, los electores, seguiremos despiertos y activos denunciando, investigando, cooperando, protestando y exigiendo de acuerdo al derecho que nos da la Constitución y la Ley de Participación Ciudadana, no permitiendo que los que gozan del poder representativo se duerman en sus laureles o abusen del mismo o lo desperdicien.

Representante de la Coordinadora Civil ante el Conpes