Opinión

Nuestra Madre Tierra


I
Cansados de leer tanta y tan variada información sobre talas de madera legales, ilegales y legalizadas, lo que nos queda en el fondo es el mal sabor de la corrupción generalizada y el desangramiento de lo que aún queda de nuestros bosques.
Y pensando en la situación mundial, donde se oyen denuncias, gritos, lamentos, solicitudes y toda clase de acciones para evitar la degradación del planeta, no podemos menos que tratar de hacer conciencia sobre quienes aún anteponen sus propios e inmediatos intereses al interés de la humanidad.
II
Las grandes potencias firman tratados internacionales que no se cumplen, o no los firman, o los desfirman, pero siguen alegremente envenenando el medio ambiente, derrochando los recursos naturales y amontonando basura global.
Parece haber desaparecido el compromiso que tribus antiguas tenían con la naturaleza, de la que se servían, pero siempre compensaban. Hoy el agua está por convertirse en un elemento escaso no renovable, como lo está siento también el aire, y no hablemos del petróleo porque se nos retuerce el estómago.
III
Hace un par de años indicábamos la triste realidad del pobre que corta su leña para poder cocinar porque no tiene otra alternativa, y comparábamos su necesidad con la voracidad de los traficantes de leña que estaban arrasando los pocos árboles cerca de poblados, caminos o ríos.
Hoy vemos, además de estos fenómenos --al fin y al cabo precarios--, los grandes negocios que mencionamos con la tala apermisada o clandestina, que nos está dejando sin árboles, sin lluvias, sin ríos, sin lagos ni lagunas.
IV
Se nos tacha de románticos e ilusos cuando clamamos contra los transgénicos, cuando advertimos sobre el calentamiento global, se gastan ríos de tinta y dinero para convencer de lo contrario o para sobornar manos o hasta gobiernos.
Pero no hay nada de romanticismo en las pérdidas económicas para el país, pérdidas que entre costos directos, sociales, ambientales, de inversión, no maderables etc. han sido estimadas en cerca de 100 millones de dólares anuales.
V
El castigo sufrido por las costas de Asia, de-saparecidas en segundos por el devastador tsumani que incluyó muerte y ruinas en Tailandia, India, Indonesia, Sri Lanka, Malasia y costas aledañas, fue minuciosamente estudiado y entre las conclusiones de por qué de tanto daño, sobresale la tala del mangle costero. Este sencillo y natural muro biológico fue sustituido por grandes emporios turísticos que se llevó el mar.
Pero no aprendemos; en Nicaragua estamos también arrasando el mangle, quitando la vegetación natural costera y hasta pasando sobre los territorios elegidos por las tortugas para su anual desove, beneficiando sí a los inversionistas en lugares turísticos.
Podemos hacerlo sin hacer daño al ecosistema, pero pocos piensan en ello.
VI
La Pacha Mama, la Madre Tierra de los quichuas bolivianos, peruanos, colombianos y de los norteños argentinos y chilenos, ya no se venera, ya no se le brindan ofrendas, excepto por los mismos descendientes que sobreviven en la pobreza de esos lugares.
Pesticidas, herbicidas, abonos químicos, desechos no degradables son las ofrendas entregadas hoy por los ingratos hijos de la Pacha Mama, que nos guiamos por brújulas con el becerro de oro por norte.
VIII
Si los tratados internacionales tienen huecos como coladores por donde se escapan los buenos deseos, o fariseos pronunciamientos, y se siguen cazando ballenas y tiburones, en nuestro país una maraña de leyes de protección del medio ambiente, desarrollo forestal, etc. etc., tropiezan con su aplicación territorial, sectorial, y especialmente se tornan papel mojado al son de prebendas y corruptelas.
¿Es que las leyes y tratados no funcionan porque no son buenos? ¿O es porque se requiere de voluntad real para cumplirlas? Sin pecar de pesimistas creemos que los valientes esfuerzos de investigadores, periodistas, grupos ambientalistas y románticos ecologistas dormirán el sueño de los justos si no hay un interés verdadero en defender NUESTRA MADRE TIERRA.
IX
Tenemos años de leer sobre los estragos que las tilapias han causado en la fauna de nuestra querida Laguna de Apoyo, pero no contentos con ello, las llevamos además al Cocibolca. Argumentos van y vienen, pero la realidad constatable es el deterioro lento y progresivo de esa valiosa masa de agua.
Y qué decir de los ríos de aguas servidas, cauces, desechos industriales y basura que son generosamente regalados a nuestros lagos y lagunas. A lo que los hermanos ticos también ayudan con su cuota indeseable sobre el río San Juan.
XI
Nunca hay tiempo para realmente hacer frente a esta problemática, como no lo ha habido para el problema energético ni para la erradicación de la pobreza.
Pero aun siendo los más optimistas del mundo, no deja de preocuparnos el tipo de vida que les estamos legando a nuestros nietos en este polucionado mundo.
Managua, 26 de octubre de 2006
elsavogl@ibw.com.ni
Neville Cross y María Elsa Vogl
Miembros del Centro Nicaragüense de Escritores