Opinión

Liberalismo social y sandinismo renovador


Me he animado a escribir sobre el tema porque nadie tiene la verdad absoluta, pero he sentido la necesidad de hacerlo en esta coyuntura histórica que estamos viviendo.
Estamos a pocos días de celebrar una nueva elección presidencial y de diputados, y esto debe ser motivo para reflexionar profundamente sobre nuestra escogencia.
Debemos votar, porque han muerto miles de nicaragüenses para que en nuestro país se pueda elegir libremente por medio del voto secreto a los gobernantes; el no hacerlo es despreciar la sangre derramada por los ideales democráticos. Por esta razón los que estamos vivos debemos honrar este grandioso día festejando con nuestro voto la democracia.
Hay que reconocer que este sistema democrático es imperfecto, tenemos apenas 16 años de estarlo viviendo. Hay países que tienen más de 100 años de practicarlo y aún tienen problemas. Nosotros los nicaragüenses tenemos la democracia más joven de América Latina y debemos cuidarla para que perdure para nuestras futuras generaciones.
Ahora bien, a quién escoger debe ser un acto de conciencia, pero independientemente de quien sea el próximo gobernante de Nicaragua, la democracia nicaragüense debe estar cimentada en una gran visión consensuada en cuatro aspectos fundamentales: el primero, que impulse la educación primaria, secundaria y técnica de manera gratuita, llevando la educación a lo más recóndito de nuestra nación, que el lema sea que ningún niño se quede sin estudiar; el segundo: que desarrolle un sistema de salud pública moderno, eficiente y de calidad; el tercero: que desarrolle la infraestructura nacional, que contribuya a traer inversiones y por consiguiente la generación de empleos ; sin olvidar el desarrollo de un sistema de energía alternativo que nos libere del petróleo; no se puede dejar mencionar la vivienda de interés social para que la gente de menos recursos pueda tener su propia casa y viva con dignidad, y finalmente el apoyo a la producción agropecuaria orientada a su industrialización.
Esto es mirar hacia adentro del país, lo demás es politiquería barata y demagogia, por esta razón el próximo gobernante debe ser un hombre que no represente intereses oligárquicos y que su honradez no esté siendo cuestionada, alguien que no tenga manchada sus manos de sangre y de crímenes políticos y que no pretenda meter a Nicaragua en un eje de agitación geopolítico antinorteamericano.
El próximo gobernante debe ser un caballero de la política, centrado, con experiencia en la administración de instituciones públicas y habilidoso en la política de negociar en la Asamblea Nacional el proyecto político social con las demás fuerzas políticas. En este sentido, para diputados nacionales debemos votar masivamente por esa fuerza política que no necesariamente represente el partido del gobernante, pero que por su propia naturaleza histórica representa un proyecto político de avanzada y que en ningún momento entraría en contradicción, puesto que son más los aspectos que los harían converger que aquellos que los dividan. Ambos pensamientos políticos deben converger en la Asamblea Nacional por el bien de Nicaragua, se trata de desmontar el pacto institucional de los caudillos y para ello se requiere una fuerza distinta en la Asamblea, una fuerza donde la gente más progresista e intelectual pueda coincidir en una nueva forma de hacer política. Las últimas encuestas ponen en segundo lugar al liberalismo social, manifestando un avance vertiginoso y sorprendente, ya que técnicamente está empatado con el frentismo ortodoxo. Ha sido una pelea desgarradora palmo a palmo, pero ha demostrado que el pueblo nicaragüense es sabio y tiene olfato político, lo único que falta es que este mismo pueblo sepa escoger a los diputados que representan a lo más progresista del sandinismo renovador para que podamos tener un poder equilibrado, diversificado, pero convergente en hacer progresar a Nicaragua.
Si esto resultara hacerse realidad, muy bien por Nicaragua; si no ocurriese, al fin y al cabo nadie tiene la verdad absoluta.