Opinión

El cambio de Daniel Ortega y de sus circunstancias


“Yo soy yo y mis circunstancias”, decía el filósofo español Ortega y Gasset, aludiendo a las reglas intersubjetivas de la sociedad en la que tarde o temprano el ser social e individual cambia junto con sus circunstancias. Señalo esto a propósito de varias entrevistas que periodistas norteamericanos me han hecho sobre la veracidad del cambio de Daniel Ortega. Pues bien, de todas las respuestas, la más persuasiva ha sido la del cambio de las circunstancias y, por lo tanto, de las personas y fuerzas sociales sandinistas y no sandinistas que también están cambiando. En otras palabras, ha cambiado Daniel, han cambiado las condiciones objetivas y ha cambiado la otra gente que no es sandinista.
Veamos a continuación algunas de esas circunstancias:
1) El fin de la Guerra Fría. A partir de la caída del bloque socialista desaparece la confrontación Este-Oeste y aparece una fuerza unipolar, los Estados Unidos, intentando gobernar el mundo entero bajo la premisa de un pensamiento único, lo que ha enfrentado la resistencia de muchas fuerzas no necesariamente socialistas.
2) El regreso del nacionalismo latinoamericano. En las últimas décadas se ha reactivado el nacionalismo latinoamericano, en parte por el desplazamiento de las burguesías locales a manos de la voracidad de las corporaciones transnacionales, en parte porque las burguesías latinoamericanas se han dado cuenta que el injerencismo norteamericano está a favor del capital extranjero y en contra de sus propios intereses.
3) Maduración de las contradicciones económicas. Las contradicciones económicas han venido madurando en Nicaragua. Los productores (pequeños, medianos y grandes), los trabajadores (del campo y de la ciudad), la clase media y los banqueros, unido este último sector al capital extranjero, han tomado conciencia de sus particulares intereses, lo que ha influido en la división de los partidos políticos de derecha (PLC y ALN-PC), cosa que ha debilitado la cohesión de la derecha en contra del Frente Sandinista.
4) El fracaso del neoliberalismo. En estos 16 años la aplicación de las políticas neoliberales ha tenido desastrosas consecuencias en la población latinoamericana en general y en la población nicaragüense en particular. En todo este tiempo la gente ha comenzado a relacionar su miserable situación con el neoliberalismo de los últimos tres gobiernos libero-conservadores.
5) El desgaste de la polarización política. Nicaragua ha sido una población políticamente polarizada, lo que ha dificultado un verdadero proyecto nacional. Desde 1990 y siendo el FSLN quien más ha padecido la polarización, esta organización se planteó como estrategia revertir aquella polarización, de signo totalmente antisandinista. La estrategia comenzó con una serie de alianzas políticas con la mayoría de sus adversarios: liberales, conservadores, antiguos somocistas y ex guardias nacionales, desmovilizados de la contrarrevolución de los años 80, líderes y partidos de la antigua coalición Unión Nacional Opositora (UNO), la Iglesia Católica, hasta llegar a esta campaña con un planteamiento de reconciliación nacional. Sin embargo, una estrategia de reconciliación no puede funcionar sin la participación de quienes desean reconciliarse, de tal manera que el cambio del Frente Sandinista y del propio Daniel Ortega también se ha debido a la voluntad de cambio de otros sectores.
6) La integración latinoamericana. Hasta ahora y en parte por presión del gobierno norteamericano la clase política y económica nicaragüense sólo concebía una integración económica, política y cultural con la Unión Americana, sin embargo a finales del siglo recién pasado y a comienzos del presente siglo ha comenzado un silencioso movimiento amplio de intercambio al interior del subcontinente latinoamericano. En el caso de Nicaragua es cada vez más frecuente encontrar empresarios privados y cooperativas anuentes a relacionarse con los países centroamericanos, caribeños y sudamericanos. Intercambio que ha estado precedido por múltiples redes latinoamericanas de solidaridad donde Nicaragua participa cada vez más.
7) Diversificación de las relaciones internacionales. Últimamente y como parte de las pugnas entre el unilateralismo norteamericano y los esfuerzos multilaterales de otros bloques y países de todo el mundo, la presencia injerencista del gobierno de los Estados Unidos en Nicaragua se ha venido desgastando. Tanto es así que la política injerencista y altanera del embajador Trivelli ha sido muy mal vista en Nicaragua por la mayor cantidad de fuerzas políticas.
8) El desencuentro entre las políticas públicas y la economía nacional. La desintegración de las políticas y de la economía. Nicaragua ha estado sumida en una desarticulación creciente de las políticas públicas con el resto de la economía. El Presidente de la República sólo atina a entregar el país a las corporaciones internacionales, dejando al resto de sujetos económicos prácticamente a la deriva de un mercado salvaje. Hay cada día más conciencia del enorme desencuentro entre la fragilidad de nuestra economía y las políticas económicas (energía, construcción, asistencia social, etc.).
9) El hambre y la migración galopante. En este contexto Nicaragua y su población pierden viabilidad aceleradamente, tanto así que en los últimos años se ha desatado un movimiento migratorio sin precedente, así como un empeoramiento de las condiciones sociales. El desarrollo económico de Nicaragua ocupa el último lugar en el continente americano, agudizándose los problemas de hambre y desnutrición como nunca, situación que comienza a desestabilizar la gobernabilidad del país.
En estas condiciones, alguien tiene que encabezar el cambio o tomar las iniciativas que sean necesarias para cambiar las cosas. Y en el caso de Nicaragua es Daniel Ortega quien mejor ha aprovechado estas circunstancias. En otras palabras, la explicación del cambio de Daniel que los periodistas reclaman sólo puede explicarse en la medida que Daniel Ortega represente o encarne el cambio que las circunstancias están planteando y demandando. Los demás candidatos se han limitado a descalificar y sembrar desconfianza en los planteamientos del FSLN sobre la reconciliación, sin poder atisbar el movimiento que subyace bajo sus pies y que presiona por un proyecto nacional.