Opinión

Permanentemente publicidad


De acuerdo con el blog aséptico de don Edwin Sánchez, es necesario destacar el “aporte” que las campañas publicitarias “callejeras” realizan en el maltrato del medio ambiente y limpieza de Nicaragua. Creo que me entienden. Ustedes y yo somos testigos diariamente de cómo nuestra ciudad (refiriéndome a Managua, que es mi ciudad natal) cada día se llena de más “basura”.
¿Sabían ustedes que dentro de unos diez años todavía estarán en contienda electoral los mismos candidatos que se nos presentan hoy? Me refiero al Feo, al Gallo Ennavajado, al Pato, al Ratón y al Pájaro Loco. Y no es porque dentro de una década aún se lancen a las elecciones, porque sólo Daniel Ortega es capaz de hacer eso vez tras vez, sino porque sus rostros y consignas permanecerán pintados en nuestras paredes, postes y calles por muchos años más.
He estado presente (con mis habilidades pensativas y sensatas intactas, es decir, con criterio nacional) en dos elecciones presidenciales, en 1996 y en 2001. En ambos “pleitos” no recuerdo haber visto tanto empuje publicitario como el que vivimos actualmente. Igualmente, las calles, carreteras, avenidas, bulevares, rotondas, todo no estaba tan poblado de pancartas, vallas, anuncios, mantas, banderas, etc.
¿En qué se convertirá toda esa publicidad? Obviamente en basura. Sin conciencia, sin clemencia, las calles de nuestra ciudad están en guerra. Están atacándolas con publicidad. Es una guerra en la que todos firmaron un pacto. “Que nuestras caras sean vistas hasta por niños que nacerán dentro de diez años. Que sepan quién destruyó sus hogares para crear más basureros municipales. Que sepan quién deforestó sus bosques para adquirir más papel y derrochar la tinta de sus lapiceros”.
No sé qué dirán ustedes; pero yo aún veo siluetas de Daniel Ortega, de los tiempos electorales de 1990. ¿Recuerdan “El 25 en la 5”? Eso también lo he visto por ahí ciertas veces. De igual manera, todavía veo muros pintados con las campañas de don Herty Lewites (q.e.p.d.) y hasta de Roberto Cedeño, quien es una persona que ya ni se asoma a dar la cara; Dios sabrá el porqué.
Si nos damos cuenta, no es una cuestión únicamente de basura, también de imagen. ¿Cómo es posible que veamos esas caras pintarrajeadas todavía por nuestro país? No es justo para el medio ambiente ni para un país que necesita avanzar. ¿Acaso el “Consejo Supremo Electoral”, la “Corte Suprema de Justicia” o quien sea no pueden pronunciarse en contra de estas ofensas al ambiente y presencia nicaragüense? ¿No pueden apoyar alguna ley que limite la expansión publicitaria de cada partido político?
Además, debemos recordar que a veces ni siquiera es necesaria tanta publicidad para que votemos por alguien. Ya lo vemos en los miles de compatriotas que sin analizar las propuestas, burdas o inteligentes, “revolucionarias” o “liberales”, dan su voto definitivo. Ahí puede estar la solución: examinar las propuestas por muy “feas” que sean. Definitivamente, la publicidad es una potencia que aporta muchos votos para los candidatos, pero que no contribuye al avance de nuestro país. ¿O sí?