Opinión

La representación estadistíca de lo real


Partiendo de una nube de puntos, representación atómica de una sociedad sin vínculos sociales fuertes, parecida a las nuestras, como parece sugerir en su última obra Alain Touraine, “Un nuevo paradigma para comprender el mundo de hoy”, podemos presentar tres modelos estadísticos de cómo interpretamos a los demás, desde un punto de vista cualquiera.
Ninguno de ellos puede dar cuenta de la realidad, demasiado rápida y cambiante, para que un grupo crea que puede conocer un porvenir radiante y derivar de ahí su poder para hablar por los demás que no lo conocen, pero lo merecen; o permitirse poder trabajar escenarios tendenciales (alrededor de poder, riquezas, consumos, preferencias políticas, sexuales, culturales, etc.) en base a muestras representativas con errores tolerables, cuyo margen no podría alterar (a contrariu sensu de las teorías del derrumbe) las tendencias claras alrededor de los cuales se aglutinan ordenadamente los puntos. O, por último, renunciar a cualquier tipo de pronósticos a través de modelos aleatorios. Los tres modelos pueden ser clasificados desde la propia teoría dinámica no lineal que los subsume a todos.
a) El punto fijo. Es el más primitivo modo de ver a la sociedad. Hay una idea fija que lo que nosotros deseamos y sabemos es por principio lo que los demás, en grados distintos, persiguen aspiran o quieren. Hay un punto focal de certezas extensibles a los demás. Suelen, en versiones refinadas y con discursos complejos, ser vanguardistas. Cuando se presentan encuestas, este tipo de personas son las primeras que se dicen: “A mí no me la hicieron”, esas “encuestas son pagadas”, etc. Hablan en nombre de los demás con una facilidad que muchas veces raya en el abuso. Pero sus modos de ver el asunto pesan y deciden.
b) El ciclo límite. Es el de las muestras representativas clásicas, cuyos datos los distribuyen conforme al teorema del límite central y a través de la ley de los grandes números en la conocida campana de Gauss. Se mueven con errores muestrales que no pueden ir más allá del 5 % (2.5 a cada lado del cuadrante cartesiano) o de lo contrario son adivinanzas, regresando al estadio anterior. La realidad de cualquier cantidad de puntos al entrar por esos ventanas muestrales (el todo, el universo real, el decimal faltante como le llamó Edward Lorenz) teóricamente se distribuirían a través de la curva interna de forma normal. Es decir, las tendencias no se alterarían más que lo correspondiente al error. Es un modelo viejo y simple, poco científico, visto desde hoy, aunque se mantiene como buen negocio.
c) El atractor extraño. Éste es el que dice que ese decimal faltante o esa cantidad de datos que entran en una muestra representativa para ser regulados y distribuidos con la campana de Gauss, puede reacomodar, de un modo violento e inesperadamente no lineal (por un modelo browniano) toda la distribución interna de los pisos. Si van a este dirección (http://www.colegioheidelberg.com/deps/fisicaquimica/applets/ModelocineticoSLG/MoviBrowniano/Mov_Browniano.htm) verán el modelo, pueden jugar con él, pulsando la orden “paso a paso”, simulando que cada teclazo (pueden hasta ponerle a cada punto las siglas de su partido favorito) es un día más que nos acerca a las elecciones y verán cómo todo se altera.
En los sistemas sociales, complejos, abiertos y altamente sensibles a las condiciones iniciales, la menor vibración puede cambiar todo. Por ejemplo, si una encuesta se hace sobre cinco candidatos una semana antes (como la promovida por el END, UCA y Cámara de Comercio) que dos de ellos se hospitalicen por problemas de salud bajo el síndrome de Herty, ese efecto puede levantar por los aires todas las tendencias. O tal vez no, pero no lo podemos saber. De lo único que estamos seguros es de que no estamos seguros de nada.

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