Opinión

Razones para un voto


En el terreno de una contienda electoral, los candidatos a ocupar el sillón presidencial van siempre a ganador, nunca se deben dar por vencido, aun cuando las encuestas de opinión y el sentido común les indiquen que van a perdedor. Esto es parte de la estrategia y del juego político --muy propio de un clima electoral--, pero también es constitutivo del discurso dominante de los candidatos en el afán de convencer a la masa votante. Nuestro análisis y opinión, en materia de una opción electoral, debe trascender cualquier cliché propagandístico y publicitario, porque lo que está en juego en una elección presidencial no es la simple imagen de una persona --por muy popular que sea--, sino un proyecto de país, un plan de gobierno, una plataforma programática, que sea propositiva y viable para la solución de los problemas más urgentes de todo un país.
La forma tradicional de hacer política en nuestros países latinoamericanos ha sido la de seguir la imagen de un caudillo, tanto por su carisma como por su pragmatismo, y cuanto mejor si ese caudillo representa los intereses de un partido mayoritario, sea de derecha o de izquierda. Pero también es preciso hacer notar que las propuestas políticas, y por consecuencia las ofertas de los candidatos, obedecen a los intereses partidarios y al juego político que busca la conquista del poder. No siempre están presentes aquí los intereses de la gran mayoría, y si lo estuvieran, son componentes sólo del discursillo demagógico. No se buscan acuerdos políticos con los movimientos sociales, de manera que incida más una agenda del pueblo que las ofertas de los candidatos.
Las fórmulas presidenciables que hoy se nos presentan en Nicaragua todas nos ofrecen un abanico de posibilidades para resolver nuestros problemas más urgentes, soluciones de derecha y de izquierda; todas juntas tienen el legítimo derecho de competir, presentar y debatir sus propuestas, bajo la exigencia que demanda una sociedad libre y democrática. Es la voluntad de un pueblo, expresada en su derecho al voto, la que determina quién puede dirigir o no los destino de la nación. Esto pudiera parecer muy ideal, pero en la práctica es así; al final es el pueblo el que decide en conciencia con su voto su destino político.
Sin embargo, hoy vemos en la vitrina política de Nicaragua partidos desgastados, políticos viejos, sin capacidad de propuestas nuevas y concretas, queriendo convencer a “Raimundo y a todo el mundo” de que poseen la vara mágica para sacar adelante este paisito. Pero no es fácil convencer a los electores de que ellos pueden revertir la precaria situación del país, si cuando han tenido en sus manos el poder y la posibilidad de hacerlo no lo hicieron, ¿por qué hemos de creerles ahora?
Los temas de la pobreza y el desarrollo económico del país son ahora el caballito de batalla de los presidenciables y están en la agenda programática como una prioridad. ¿Será que los candidatos al sillón tengan una agenda viable para enfrentar con honestidad los grandes desafíos y los temas de la agenda nacional? ¿Podrán priorizar en su gestión presidencial lo que de verdad urge y es un clamor popular? ¿Seguirán postergados los problemas sociales y económicos fundamentales de este país; como son: la salud, la calidad y equidad en la educación en todos sus niveles, la vivienda, la agricultura, la generación de empleos y el reajuste salarial, el transporte urbano, el desarrollo del turismo, los temas pendientes con el proceso de autonomía de la Costa Caribe nicaragüense --que también es parte constitutiva de nuestro territorio nacional-- los criterio políticos, económicos y jurídicos que establecen regulación y normatividad en los convenios de inversión privada, entre el Estado y las empresas nacionales y transnacionales?
En el tema tributario, ¿quién le pone el cascabel al gato? ¿Cuándo los agricultores contarán con un sistema crediticio que incentive su producción en calidad y cantidad? ¿Qué decir de la pequeña y mediana empresa? ¿Cómo podrán mejorar la calidad de su producción y competir en el mercado internacional sin un financiamiento razonable? El asunto no está en señalar estos temas como de urgente solución, pues es muy sabido que no pueden seguir esperando, sino en conocer de parte de los candidatos cómo esperan abordar estos problemas económicos y sociales en la práctica, y de qué manera se pueden resolver sin demagogia, sin populismo, sin promesas falsas, y sin hipotecar la gobernabilidad y la paz social de todos los ciudadanos de este país. ¿Existe una verdadera sintonía entre lo que los presidenciables ofertan y discursean y los verdaderos intereses y necesidades de la población nicaragüense? ¿Cuál de todos los candidatos es el más aterrizado, honesto y creíble y no hace política-ficción?

Un problema de credibilidad en la derecha
Con una derecha dividida entre un PLC --desgastado y desteñido en su imagen-- y una ALN-PC sin la trayectoria y fuerza suficiente, los candidatos de ambas facciones deberán enfrentarse en los comicios presidenciales de noviembre próximo. Tienen el desafío de reencantar con las mismas promesas de siempre y sin nada nuevo que ofrecer a un electorado escéptico y dudoso de la credibilidad de los candidatos en sus discursos y en sus acciones.
Un elemento gravitante en esta pérdida de confianza han sido los escándalos de corrupción y el manejo instrumentalizado y partidista de la justicia en beneficios personales, esto ha provocado de igual modo la pérdida de confianza en la esfera internacional, expresada especialmente en las medidas coercitivas de la EmbUSA hacia diputados y líderes miembros del PLC. Los electores deben decidir en conciencia, si esto es una garantía suficiente para “girar a la derecha” una vez más. Correcto o incorrecto, éstos son mensajes que miden con el termómetro internacional el pulso y la temperatura de la política nacional y sus luchas internas.
Tres periodos de gobierno de la derecha, son un tiempo prudencial para hacer balances y sacar conclusiones. La derecha no puede revertir sus entuertos políticos y busca recomponerse para encausar su brújula, a fin de no perder las elecciones en noviembre próximo. La oportunidad que la derecha ha tenido al frente del gobierno, para lograr el desarrollo necesario y modernizar al país, la ha desperdiciado al quitar su apoyo político y parlamentario al ingeniero Bolaños y enfrascarse en la defensa de intereses pactistas, particulares y caudillistas, olvidando su compromiso con la nación y sus reales problemas.
La derecha, aun expresadas las contradicciones y ambigüedades políticas de la administración Bolaños, no ha demostrado capacidad de gobernabilidad, poca transparencia en su gestión, favoritismo político y nula independencia en la resolución de los asuntos internos del país. Con Rizo o Montealegre en la conquista del sillón presidencial, la derecha canta la misma vieja y desafinada canción, sólo que con guitarras diferentes.

¿Cuál izquierda?
La izquierda, por su parte, representada mayoritariamente por el FSLN, y punteando como principal fuerza política del país, ha venido viviendo un doloroso proceso de descomposición ética y política, que levanta sospechas sobre un eventual triunfo y lo que se espera de un caudillo como el comandante Daniel Ortega en la Presidencia. La izquierda que representa el candidato rojo y negro y otros colores del arco iris ahora es un “danielismo” de impronta fidelista que lo hace alinearse hacia el castro-chavismo. Es una izquierda de tipo populista que acepta los riesgos de la globalización, asume la democracia, pero sin comprometerse con las implicaciones de tipo institucional que eso representa (la crítica pública, fortalecimiento del Estado de Derecho, defensa del pluralismo y el respeto a las minorías). Se sostiene en fuerzas sociales heterogénea, pero lo hace de cara a la política mediática dominante como ha sido en el caso del paro de transporte, el movimiento estudiantil universitario, el salario médico, el magisterio, etc. Podemos señalar dos características primarias de esta izquierda; cuando asume el poder o participa de él sostiene una política clientelista en su vínculos con las masas y un manejo neopatrimonial del Estado en tanto alcanza el poder.
En los comicios presidenciales de noviembre próximo, la izquierda se presentará también dividida entre la facción dura del danielismo y el Movimiento Renovador Sandinista (MRS). Con la fórmula: Mundo y Carlos “la naranja mecánica” se enfrenta a una dura contienda después del deceso de Herty. Sin duda, no es más de lo mismo, el programa de la alianza MRS marca diferencias sustantivas en su contenido y en su forma. La firma de un pacto transparente con el pueblo, y un compromiso social sin demagogia, hace creíble y fresca las promesas. La alianza MRS y su plataforma programática representan una tendencia de izquierda moderada, reformadora, ella apuesta a la democracia y acepta los riesgos de la globalización. La lucha contra la exclusión social no se hace en confrontación con la derecha conservadora, sino buscando las mejores soluciones en un desarrollo económico con justicia social; en esto se alinea con la experiencia del gobierno de la concertación en Chile, el PT de Brasil y Kirchner en Argentina. En cuanto a tendencias y visiones el elector tiene la palabra en las urnas. Nicaragua necesita enfrentarse sin complejos a un mundo globalizado y cambiar su rostro empobrecido en el ámbito de las relaciones económicas internacionales. El desarrollo económico de un país es siempre un indicador del buen estado de salud política de un gobierno y de un país; y Mundo tiene una comprobada experiencia en esto. ¿Sobre el comandante “cero” y la AC? De esta curiosidad política hablaré en otro momento.

El autor es director del Cielac-Upoli