Opinión

La educación ciudadana, el más allá del resultado electoral


Ph.D. / IDEUCA

Existen momentos en la vida de los pueblos en los que se cruzan dos situaciones interesantes: el desconcierto presente y la incertidumbre del futuro. Algo de eso parece llenar el ambiente electoral que nos rodea y acecha por todas partes y por todos los medios.
Esta vez el proceso electoral para muchos ciudadanos está muy cargado de desconcierto y de incertidumbre.
Los múltiples ensayos publicitarios en los distintos escenarios de la vida nacional, donde los candidatos a la Presidencia y a la Asamblea se maquillan con propuestas atractivas y se exhiben con armas destructoras contra el adversario, están creando un clima tenso, apasionante, en ocasiones con ciertos destellos de esquizofrenia social y política.
Como en la contienda electoral gana quien obtenga más votos de la ciudadanía, se va montando una especie de feria donde se exhiben la mayoría de los productos que hacen un país y lo hacen funcionar desde la macro a la microeconomía, de la inversión a la energía, de la educación al empleo, de la tecnología a la producción, de la política fiscal al bienestar social, etc.
Todo se mueve en el mercado electoral y todo cabe en la substanciosa sopa de la oferta y propuestas electorales, la mayoría con escasa posibilidad de respuesta, presentadas por los partidos políticos más para fascinar que para convencer. Aquí cabe el dicho popular: “El que mucho abarca poco aprieta”.
Pero más allá del ruido, colores, imágenes de la propaganda electoral estarán los resultados de la votación ciudadana que no son sino la antesala de algo que desde su profundidad existencial espera la gente de todo el país sumergida en un desbalance de tensiones y esperanzas. Muchos esperan contra toda esperanza, ratificada ésta por la experiencia vivida y acumulada durante los últimos 25 años.
Esperan empleo, educación, salud, seguridad, honestidad, etc. pero sobre todo un buen gobierno para beneficio de todos, al menos en cuotas razonables basadas en los aspectos positivos y sinceros que presentan las propuestas y ofertas electorales.
En el escenario de la contienda electoral con el telón claroscuro de fondo, entre descalificaciones y ataques, entre recursos que rondan la ofensa y la mentira, aparece el juego de luces que iluminan elementos positivos por parte de cada partido político.
Como de costumbre, somos muy proclives a criticar, a destruir, poco acostumbrados a ver lo positivo, sobre todo cuando la visión y el juicio objetivo quedan marginados por la pasión partidaria.
Después de la tempestad viene la calma, para mirar más allá de los vencedores y fijar la atención en el país y su gente, con la imperiosa necesidad de “poner al país en su sitio”, saneando y fortaleciendo las instituciones e inyectando el reconstituyente ético para superar la anemia moral que viene padeciendo.
La cultura helénica construyó su carácter ciudadano en la triada, justicia (dike), igualdad ante la ley (isonomia) y democracia. Estos tres inseparables pilares “ponen a un país en su sitio” con estabilidad y garantía para su funcionamiento y su desarrollo.
Esta sólida base institucional y ética sustentará nuestra vida ciudadana que con el correr del tiempo ha abierto nuevos cauces culturales, económicos y sociales y se mueve en la dinámica de la modernidad, de la globalización, del pensamiento científico y tecnológico, pero que inexorablemente deberá buscar el bien común y el desarrollo humano, paradigmas que en nuestros días han completado la triada de la cultura política griega.
El más allá de la justa electoral se ubica, en último término, en la tarea de construir y sostener un proceso permanente de educación ciudadana en que el capital humano y el buen gobierno crucen las fronteras de las diferencias políticas y se encuentren unidos en la gente, sociedad, país, nación, comunidad que se llama Nicaragua con el principio de que “gobernar es educar”.
El proceso electoral se convierte así en un aprendizaje importante de cultura y de vida ciudadana.