Opinión

Sobre encrucijadas, respeto y llamados de unidad


Me han llamado poderosamente la atención los comentarios recientemente hechos por tres analistas, en las páginas de Opinión o en entrevistas de EL NUEVO DIARIO.
Primero, Carlos Tünnermann Bernheim pidió a gritos que los partidos de derecha (PLC y ALN) y el MRS se unan para vencer al FSLN en primera vuelta el próximo 5 de noviembre. Luego, en una entrevista, Julio López Campos, dijo que Estados Unidos no respeta, no se traga, no perdona, no confía, no considera serio y desprecia al FSLN y a su candidato presidencial, Daniel Ortega Saavedra. Y por último, Francisco Laínez, argumentó basado en el miedo, la oscuridad, el resentimiento, con descalificativos, acusando de asesinos y terroristas, y defendiendo al somocismo.
Sinceramente, lo escrito o dicho por las personas ya mencionadas deja mucho que desear para el nivel que asumimos tiene un analista con prestigio y credibilidad. Sus llamados y conclusiones parecen hechos para atizar el odio y la confrontación. Los tres intelectuales referidos se han transformado en apologistas de la polarización y el desprestigio. Me hacen dudar si debo seguir coleccionando sus artículos de fondo.
Un permanente defensor de la educación, y de la educación superior en particular, como Tünnermann Bernheim (ex ministro de educación del gobierno sandinista), no puede desear que el pueblo de Nicaragua vote una vez más precisamente por los partidos políticos de la derecha que han arremetido ferozmente contra la educación de la gente y promovido la inestabilidad social amenazando cada año al país con recortar el 6% del presupuesto para la educación universitaria. Un defensor de la alta inteligencia no puede nunca desear que los nicaragüenses llevemos a la Presidencia a otro politiquero que ha sido autor o cómplice, durante 16 años, como miembro de los desgobiernos causantes del 40% de analfabetismo que reina en el país y de la privatización de la educación.
Desde cuándo es admisible que un ideólogo revolucionario, como López Campos, pretenda que un partido de izquierda como el FSLN sea aceptado, respetado, creído, apreciado, tragado y perdonado por el imperialismo. Tal vez López Campos no considere al FSLN un partido izquierdista, en el sentido anticuado del concepto, pero la Internacional Socialista, sí; la Conferencia de Partidos Políticos de América Latina, sí; Fidel Castro y el Partido Comunista de Cuba, sí; Hugo Chávez y el Movimiento Quinta República, sí; Evo Morales y el Movimiento al Socialismo, sí; Lula da Silva y el Partido de los Trabajadores, sí. Y estoy seguro que el presidente del mundo, Walker Bush, el Partido Republicano y el Partido Demócrata de los Estados Unidos, también consideran al FSLN un partido izquierdista, revolucionario, por lo cual lo atacan sin piedad a través de sus representantes criollos y no desean que gane las elecciones bajo ninguna circunstancia.
¿Qué hubiera hecho el somocismo gobernante hasta el 19 de julio de 1979, si de continuar en el poder se hubiera encontrado con la desaparición del cultivo del algodón y la caída estrepitosa del café? ¿No hubiera vivido las consecuencias del injusto comercio internacional establecido por sus padrinos del Norte, que nos hace dependientes, casi importadores exclusivos, a través del sacrosanto mercado mundial y de sus bancos usureros como el FMI y el Banco Mundial? Ya lo dijo en un buen debate televisivo Edmundo Jarquín, en 1990 (cuando todavía era un funcionario del gobierno sandinista), 1977 fue un año atípico en la economía mundial, lo cual favoreció las exportaciones extraordinarias de ese año. Yo nunca seré economista ni mucho menos, tampoco me llamarán con el ostentoso sobrenombre de ¨El Zar de la Economía¨, como en su momento llamaron durante el somocismo a Francisco Laínez, cuando fue funcionario del Banco Central, pero es innegable que el neoliberalismo ha generado crecimiento económico para la minoría rica del país y atraso y decrecimiento para la mayoría pobre, lo cual justifica un cambio de rumbo de la economía, porque el modelo actual ya está fracasado y es anacrónico, desfasado. Dicen que la derecha ha hecho crecer el Producto Interno Bruto, pero también ha multiplicado los brutos, es decir, los ignorantes, el analfabetismo. La encrucijada que nos presenta Laínez consiste en: añorar el somocismo, aborrecer la revolución social y económica, resignarnos al neoliberalismo excluyente y no votar. En ningún caso nos dice que podemos darle la oportunidad de gobernar en paz a un gobierno izquierdista.
Por otro lado, Laínez casi nos dice que la única vida por la cual valía la pena iniciar de lleno la ofensiva militar insurreccional contra la dictadura dinástica y sangrienta de los Somoza era la de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, un opositor conservador, miembro de la oligarquía nacional. Por lo tanto, el pueblo tuvo la autorización, el ánimo, el coraje y la decisión de tomar las armas, hasta que un hijo de sangre azul, de la oligarquía, fue asesinado; los demás muertos no valían la pena, no eran una razón suficiente para derrocar al gobierno liberal somocista por las armas. Sí, es innegable que influyó el hecho en las condiciones objetivas y subjetivas, pero quizá como resultado de tantos años, siglos enteros, de dominación de la oligarquía, que hacen que los dominados asuman hasta sus patrones de conducta y tengan que pedir permiso para todo, hasta para votar por la izquierda.
Finalizando, les diré a mis tres estimados analistas que sólo las revoluciones verdaderas cometen errores, si no miremos lo sucedido con la sangrienta Revolución Francesa, la que supuestamente nos trajo libertad, igualdad, fraternidad. Solamente los grandes hombres cometen grandes errores, dijo un pensador. Y únicamente los hombres grandes de verdad piden perdón, para lo cual se requieren dos condiciones: humildad y magnanimidad (o sea, grandeza del alma, en el sentido de conciencia). Pero esta última cualidad, junto con la generosidad, es la necesaria y suficiente para perdonar. Mis estimados analistas, pregúntense ustedes, que tanto han hablado de unidad nacional, proyecto de nación o de país, gobierno para todos, gobernabilidad y estabilidad, si tienen o guardan todavía un poco de generosidad y magnanimidad para perdonar al FSLN, a sus antiguos compañeros o a sus adversarios. Porque si queremos contribuir a impedir que sea totalmente cierto el fracaso de la especie humana, que la hace no merecer la vida, conclusión perteneciente a José Saramago, Premio Nobel de Literatura, entonces debemos comprometernos con la verdadera unidad nacional y la reconciliación para producir el cambio que todos queremos para Nicaragua y su gente.
Sigue vigente el título de uno de mis artículos de fondo, publicado hace cuatro años, en la mejor página de Opinión de Nicaragua (la de EL NUEVO DIARIO): ¡Cuidado con los analistas!