Opinión

¿Por qué no aceptar una victoria de Daniel Ortega?


La Macroencuesta UCA-END-Canal 10-Cámara de Comercio, realizada con 15 mil 330 boletas en todo el territorio nacional usando el método conocido como “Caja Negra”, es realmente un esfuerzo impresionante sin antecedentes. Amén que no hubo simulación en el sector rural (tradicionalmente PLC y FSLN), los resultados en los sectores urbanos y semi-rurales son muy significativos y me provocan una reflexión que comparto con los lectores de página de Opinión de El Nuevo Diario.
¿Puede alguien concluir que si Daniel Ortega gana las elecciones es solamente posible debido a un fraude electoral, y en consecuencia la guerra sería un recurso de impugnación? ¿No se han puesto a pensar que Daniel Ortega podría ganar las elecciones por causas profundas, por ejemplo: el desempleo, el hambre y el descontento generalizado del pueblo nicaragüense ante tanta falta de atención a sus necesidades sociales básicas de parte del gobierno de Enrique Bolaños Geyer?
¿No será posible que Daniel Ortega gane las elecciones debido a los errores del Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica en su relación diplomática con América Latina, que ha ocasionado un movimiento hacia la izquierda social de parte del electorado latinoamericano? Es decir, dos factores totalmente independientes de las promesas electorales del FSLN: una pésima administración del Gobierno de Enrique Bolaños en materia social y una errada relación diplomática de los EU con América Latina podrían ser causales de una victoria del FSLN en las próximas contiendas electorales, y no el fraude electoral.
Y si gana Ortega... ¿por qué hay cabezas calientes amenazando con el resurgimiento de la guerra? ¿Quién tomaría las armas para derrocar un régimen resultado de las votaciones cívicas de los nicaragüenses? ¿Mi hijo Clemente José, quien tiene 19 años, tomaría las armas para tumbar a Daniel Ortega? Lo dudo mucho, mi hijo está interesado en prosperar, no en morir por causas de los trasnochados políticos de Nicaragua. Y así como mi hijo no lo haría, tampoco creo que los miles de jóvenes que quieren estudiar, trabajar, casarse, tener familia, es decir, VIVIR. Y si no hay guerra tampoco hay motivo para volver a ver el odioso Servicio Militar.
Yo no voy a votar por Ortega, porque fui de los que luchó cívicamente aquí en Nicaragua, desde mi trinchera de periodista en La Prensa, para lograr que saliera del poder en 1990, para obtener la libertad, la paz y el progreso. Y si bien la paz y la libertad de las que gozamos actualmente son cosechas de nuestras luchas históricas, no puedo decir lo mismo del progreso económico, tarea pendiente en la agenda de Nicaragua, que ninguno de los tres gobiernos libero-conservadores que hemos llevado al poder, y de los cuales he participado en dos como concejal (1990-1996) y Director de Cultura (1997-2001), han podido construir.
Con todo, si Ortega gana, no opino que se deba plantear la guerra, como respuesta a la soberanía popular ejercida en el voto. Si Ortega ha sabido aceptar sus tres derrotas consecutivas (Violeta, Alemán y Bolaños)... ¿ por qué los demócratas no podríamos aceptar la derrota electoral y ver cómo Ortega recibe de Bolaños, en una ejemplar demostración de civismo, la banda presidencial sobre su pecho, igual que él hizo cuando se la quitó para ponerla en el pecho de doña Violeta Barrios Vda. de Chamorro?
¿O es que los demócratas no podríamos aceptar una derrota electoral? ¿Seríamos menos demócratas que Daniel Ortega, que aceptó sus tres derrotas anteriores? No quiero averiguar la respuesta por medio de una derrota electoral de los sectores democráticos el próximo 5 de noviembre, pero si fuere el caso, la derrota debe ser aceptada con el mismo vigor con que se celebra la victoria.
Mi voto el 5 de noviembre será por la paz y no por la guerra, por la reconciliación verdadera, y no por el avivamiento de los odios que nos enferman como nación; mi voto, igual que en 1990, 1996 y 2001, será por la libertad, la paz y el progreso. Tendré ante mí una boleta presidencial con cinco opciones, de las cuales al menos tres son de mi simpatía y ejerceré mi derecho soberano a elegir.
Mi voto será por Clemente José, Celeste María y Ruth Patricia, mis hijos y mi trenada de sobrinos. Incluyendo a dos sobrinos-nietos. Mi voto será por mi esposa Lidia del Carmen. No voy a permitir que ningún diplomático extranjero venga a decirme por quién votar. Mi voto es mi poder y lo voy a ejercer con libertad de conciencia, derecho que me gané en las luchas contra el régimen frentista, que ahora ve una posibilidad real de acceder al Poder Ejecutivo por la vía cívica, y concluyo: si lo consigue, pues que gobierne y demuestre lo que puede hacer en tiempos de paz.