Opinión

Otro 20 de octubre, otro aniversario


Ya hace 52 años que la oligarquía guatemalteca derrocó al gobierno democrático del coronel Jacobo Arbez Guzmán. Todo ello con la ayuda del gobierno de los Estados Unidos a través de la CIA. Hasta la fecha muchos son los guatemaltecos que se preguntan por qué no hubo resistencia armada para derrotar a las fuerzas mercenarias del también coronel Carlos Castilo Armas. Por qué renunció Arbenz, es otra de las preguntas que han atormentado a miles de guatemaltecos. La respuesta no es tan sencilla. Mucho menos lo fue la decisión del presidente Arbenz.
Todo gravita alrededor de la traición del ejército nacional, quien prometió, a través de su cúpula, defender los principios democráticos de la revolución.
La otra razón, mucho más compleja, fue la intención de evitar un baño de sangre al potenciar la resistencia, pues las fuerzas norteamericanas esperaban la instalación de un nuevo gobierno para reconocerlo y acudir en su ayuda.
Ambas cosas fueron un fiasco para el propio Arbenz y para el pueblo, que en vano quedó esperando las armas. Toda la traición fue posible gracias a la “pata de gallina” formada por la tríada ejército-iglesia-oligarquía.
Todo ello fue la finalización de una extensa y compleja red tejida por la CIA y los guatemaltecos traidores a su propio pueblo. Ahora, más de medio siglo después de los funestos acontecimientos que sumieron al pueblo en el peor de los baños de sangre, después de la conquista y cuando el ejército nacional, según la Constitución, fue creado para defender a la población, ha consolidado una de las traiciones más grandes y permanentes del continente, qué es lo que debe conmemorarse.
En primer lugar, permear de manera constante la memoria de los jóvenes para que sepan la verdadera historia, sobre todo, para que sepan de la felonía de su mal llamado ejército nacional, de la clase que los sigue explotando y alienando en una vida que no es la de ellos, que los conduce al desbarrancadero de la ignorancia, pobreza, pereza, crímenes, ambiciones mal orientadas, la pérdida de identidad, prostitución y drogadicción.
La única que ahora se salva de aquella “pata de gallina” es la iglesia progresista, la que ha pagado un precio altísimo por estar al lado del pueblo. La tarea en torno al 20 de octubre es reivindicar la fecha como la gran epopeya inconclusa y la resistencia del pueblo y sus dirigentes, con el presidente Arbenz a la cabeza.
Internacionalmente, dentro del contexto latinoamericano, y sobre todo centroamericano, recordar las mentiras profesionales de las dos patas de gallina a que aludíamos. Es ésa la tarea de los próximos años. Gloria a los héroes anónimos y a los conocidos del 20 de octubre de 1944-1954.