Opinión

¿Y quién mejor que una mujer para regar la bola?


Muchos están en contra de que las mujeres puedan ser líderes de la iglesia de Cristo, pues, entre otras cosas--incluso que las mujeres somos chismosas y no podríamos guardar ningún secreto de confesión-- alegan que Cristo escogió sólo hombres como discípulos, siendo ése el más fuerte argumento que presentan. Pero para que sea válido, ¿por qué nos vamos a limitar en observar que sólo escogió hombres?
¿Por qué vamos a hablar de las cualidades requeridas para ser elegido como apóstol, sólo en cuanto al género? Jesús fue mucho más específico. Sus elegidos, además de ser todos hombres, eran judíos, provenientes de una sola nación y región: Galilea; tenían que hablar como lengua materna el arameo y eran pescadores. Entonces, valiéndonos del argumento, tendríamos que concluir que los ministros de Cristo no sólo tendrían que ser únicamente hombres, sino hombres judíos de Galilea, cuya lengua maternal fuera el arameo y fueran pescadores.
Además, cabe mencionar que sí había muchas mujeres que andaban en el camino predicando con Jesús y tal vez Él no escogería a mujeres para andar entre los doce, porque ya estaba desafiando muchas de las rígidas normas culturales del momento.
Los judíos ya se habían olvidado de la igualdad de los sexos que Dios les había otorgado en Génesis 1-3 y se habían inclinado hacia la todavía omnipresente cultura de los griegos y los romanos --los invasores que habían ocupado la región por mucho tiempo--, quienes se aferraban al principio de que las mujeres eran inferiores --según el propio Aristóteles hasta sub-humanas--, por ende, las enseñanzas de los rabinos las minimizaban, tanto que a los rabinos ni siquiera les estaba permitido hablarle a ninguna mujer que no fuera de su familia inmediata, mucho menos enseñarles las Escrituras.
En otras palabras, en el momento en que Cristo deambuló por este planeta las mujeres no sólo eran tratadas con el “machismo”, como de que se quedaran en la cocina limitadas a oficios domésticos. Eran discriminadas y oprimidas. Eran vistas como ciudadanas de segunda categoría sin muchos derechos humanos, como lo fueron las mujeres musulmanas en el tiempo del gobierno del Talibán y aún en el siglo XXI muchas lo siguen siendo en los países donde las religiones fundamentalistas controlan el destino de las personas del sexo femenino.
Tomando todo lo anterior en consideración, comprobamos cuán tremendamente desafiante a todas las costumbres de su tiempo fue la actitud de Jesús en cuanto a la mujer.
Según los evangelios, la conversación más larga que tiene Cristo es la charla con la samaritana junto al pozo: “Vino una mujer de Samaria a sacar agua, Jesús le dijo: Dame de beber”. Juan 4:17. (Leer todo el pasaje, Juan 4:1-42).
Para en verdad mostrar la magnitud de lo radicalmente revolucionario de la acción de Jesús, el rabino Jesús, comencemos por recordar que los samaritanos --hombres o mujeres-- eran parias a la vista de los judíos. No sólo eran vistos como animales y ni siquiera considerados dignos de que se les dirigiera la palabra, como fueron considerados los negros en Sudáfrica en el tiempo del Apartheid.
Encima, ninguna mujer “decente” iba a buscar agua al pozo. Al igual que las mujeres en el tiempo del Talibán, a una mujer “decente” no le estaba permitido salir a la calle sin compañía masculina; o sea, según todas esas circunstancias, la samaritana en cuestión estaba lejos de ser un modelo de virtudes, pues además era viuda de cinco maridos y cuando conoció a Jesús junto al pozo estaba cohabitando con un hombre con quien no estaba casada. En otras palabras, la samaritana era vista, digamos, como Madonna (la cantante, no la virgen): desenvuelta, aventada, no recatada y probablemente un tipo de mujer a la que todavía en el siglo XXI mucha gente “piadosa” se esforzaría por evitar si asistiera a la misma iglesia que ellos.
Sin embargo, yendo en contra de todas las leyes tan férreamente establecidas en los cánones judíos, Jesús entabla una larga conversación con esta mujer mundana, superficial y probablemente inculta; y no es que le habla como se le habla a una “cualquiera”. Cristo le habla de términos de gran profundidad y simbolismo, que se reservaba para ocasiones solemnes. Entra en una discusión teológica con ella y en ese mismo momento, junto al pozo, la samaritana se convierte en “evangelista” y sale corriendo hacia su pueblo a contarles a todos los habitantes de “la buena nueva”. La samaritana es, pues, la primera persona que lleva el evangelio de Jesús a los NO JUDÍOS.
Una mujer, a la que la sociedad discriminaba... ¡revolucionario el Papa Chu! En ningún momento le dice que no sea ella la que lleve la buena nueva. Nunca le dice que se la comunique a los hombres del pueblo para que sean ellos quienes se encarguen de regar la noticia…
Ahora, a pesar de toda la evidencia de la posición de Jesús en cuanto a la mujer, todavía habrá hombres de poca fe quienes se pregunten, ¿por qué entonces no había mujeres entre los doce apóstoles?
La explicación es muy sencilla: Jesús sólo tuvo tres años de ministerio activo y su agenda estaba llena. No podía confrontar TODOS y cada uno de los PREJUICIOS de su época y sí les dijo a los apóstoles según Juan 16:12 que tenía muchas cosas que enseñarles, pero que todavía no estaban listos.
No hay, pues, ningún argumento convincente que impida que una mujer sea ministro de la Iglesia de Cristo. No lo hay, según las acciones del mismo Cristo, el feminista más avant garde y revolucionario de la historia.

Montreal 2006
http://www.myspace.com/nicawawa