Opinión

Aborto: permiso implícito versus prohibición explícita


Se me estaba haciendo muy difícil entender la posición de la Iglesia Católica nicaragüense --de mi Iglesia-- ante el asunto del aborto terapéutico. Como lo he visto, su propuesta de hacerlo desaparecer es claramente contraria a la ciencia médica y promotora de la muerte al impedir a los médicos salvar la vida de mujeres cuando, con ese fin, se requiere la interrupción del embarazo.
Sin embargo, al debatir el tema con el Dr. Rafael Cabrera, quien es uno de los principales soportes de la posición de la Iglesia sobre este asunto, me doy cuenta que tal posición se basa en una interpretación de la ley que nunca antes había conocido. En efecto, considera el Dr. Cabrera que la legislación nicaragüense --no mencionó específicamente en cuál ley y en cuál artículo-- otorga a los médicos la potestad de realizar cualquier intervención para salvar la vida de una persona. Al igual que el ortopedista que corta un pie con gangrena o un oftalmólogo al enuclear un ojo con cáncer, sin que reciba cárcel por hacer estas mutilaciones, él entiende que los ginecólogos están facultados para interrumpir un embarazo cuando así se requiera para salvar la vida.
Desconozco totalmente la validez de esta interpretación del marco legal. Sería bueno que a la brevedad posible los juristas se pronunciaran al respecto, pero en mi casi analfabetismo en asuntos legales considero que un ginecólogo, en caso de que aprobaran la modificación legal como lo propone la Iglesia, cuando se le presente un embarazo ectópico, por ejemplo, prestará más atención a la prohibición explícita de realizar una interrupción del embarazo que al supuesto permiso implícito para practicarlo. Y la consecuencia sería que el embrión o el feto irremisiblemente morirá, mientras la mujer será sometida a un elevado riesgo de muerte por hemorragia, que implica la ruptura de un embarazo de esta naturaleza.
De todos modos, una lección se saca en claro de este debate: efectivamente hay consenso en que hay circunstancias en que la interrupción del embarazo está indicada. Y esto es lo que es indispensable que tomen en cuenta los diputados a la hora de discutir la ley.
En el debate mencionado aprendí también que quizás la preocupación principal de la Iglesia es que si se mantiene permitido por la Ley el Aborto Terapéutico, se pueden encontrar subterfugios legales para realizar o seguir realizando otros que no tengan justificación médica. Al respecto tengo dos observaciones. La primera es que, de acuerdo al catecismo de la Iglesia católica, que dice que el fin no justifica los medios, sería moralmente inaceptable que con el fin de evitar que se practiquen abortos innecesarios se utilice como medio el impedimento a la realización de otros cuando realmente sean necesarios. La segunda observación es que tal preocupación puede solventarse fácilmente, sin alterar la ley. Bastaría que el Ministerio de Salud reglamentara la práctica del aborto terapéutico, como se ha hecho en otros países; que procediera a señalar las circunstancias en las que sería permitido, los procedimientos a seguir y los establecimientos específicos donde puede realizarse. Podrían entonces excluir establecimientos de salud donde consideren que se practican abortos innecesarios.
Debo señalar que está pendiente discutir un importante problema de salud pública: el aborto inseguro, éste es el tipo de aborto que se realiza sin técnica ni condiciones apropiadas; se lo realizan mujeres a sí mismas, por medio de introducirse objetos como varillas de paraguas o agujas de tejer, o poniéndose localmente sustancias químicas como el permanganato; o tomando cualquier producto que cualquiera les recomienda. La otra posibilidad es acudir donde “entendidas”. Los resultados son desastrosos en términos de salud y de vida de las personas. Es obligación comenzar a pensar en soluciones para este problema, y cómo evitar los suicidios de las mujeres que se desesperan ante un embarazo que no desean.
Mi aspiración al escribir este artículo es que lo lean los diputados. En conjunto, todos los profesores de los departamentos de Salud Pública y de Ginecología y Obstetricia de la UNAN-León les hicimos llegar hace unos meses nuestro criterio, tomado por unanimidad, de que debe de mantenerse la figura del aborto terapéutico. Les ofrecimos compartir con ellos la información científica disponible. No obtuvimos respuesta. Entiendo que igual ha sucedido con la Sociedad Nicaragüense de Ginecología y Obstetricia. Quiero resaltar dos puntos: A) la legislación al respecto debe de ser examinada cuidadosamente; sería un grave error tomar decisiones a la ligera, basadas principalmente en emociones, y mezclar este asunto con la campaña electoral. Sacrificar vidas de mujeres para ganar unos votos sería francamente perverso. Hay que pensar en la realización de un foro donde frente a frente discutamos las posiciones encontradas, y donde se tomen en cuenta asuntos de derechos humanos, morales y de salud. Seguro que llegaríamos a identificar aspectos de consenso. B) La principal pregunta que deben de hacerse para tomar una decisión sobre si reformar o no la ley debe ser: ¿cómo se salvan más vidas, permitiendo el aborto terapéutico o prohibiéndolo? Al respecto, me permito señalar que está muy bien que se escuche a la Iglesia Católica y a las otras iglesias, pero cabe recordar, por un lado, que éste es un Estado laico y que la Iglesia --mi Iglesia-- no es infalible cuando aborda asuntos no meramente espirituales. La Iglesia sabe de Astronomía menos que los astrónomos, y sabe menos que los médicos de cómo salvar vidas humanas.

Departamento de Salud Pública, UNAN-León.