Opinión

Aborto terapéutico: principio universalmente aceptado


De los 193 países que conforman las Naciones Unidas, 189 (el 98%) permiten el aborto cuando el motivo del mismo es salvar la vida de la mujer embarazada, y casi dos tercios para preservar la salud física y/o mental de las mujeres. Este dato demuestra claramente que el acceso al aborto terapéutico es un principio universalmente aceptado que trasciende diferencias culturales, credos religiosos e ideologías políticas. En la mayoría de estos países los y las legisladoras han tomado en cuenta el marco de los derechos humanos, pero en el trasfondo el aborto terapéutico es un asunto de sentido común y de humanismo. Es difícil concebir que existan personas que a propósito condenaran a la muerte a una niña violada, embarazada de 10 años o a una señora de 40 años embarazada y con cáncer cérvico-uterino. Sin embargo, quitar el derecho al aborto terapéutico es pasar esta sentencia.
Asimismo, proclamar que los avances de la ciencia anulan la necesidad del acceso al aborto terapéutico es tapar el sol con un solo dedo. Si bien es cierto que podrían existir tratamientos o cirugías que reduzcan los riesgos y permitan que algunas mujeres decidan seguir con su embarazo, la cruda realidad es que los mismos están fuera del alcance de la mayoría de las mujeres, más aún en los países pobres. Dichosas las que tienen esa posibilidad. Las demás, sin embargo, si no pueden acceder al aborto terapéutico por la vía legal, tienen dos opciones: o siguen con el embarazo riesgoso o buscan un aborto clandestino. Ambas decisiones les pueden ocasionar la muerte.
La penalización del aborto terapéutico va en contra de los derechos humanos, del principio universalmente compartido de la preservación de la salud de las mujeres y, en última instancia, del sentido común. Forzaría a miles de mujeres a buscar abortos clandestinos en condiciones insalubres e inseguras y causaría miles de muertes.
Y para las que salgan vivas de un aborto clandestino, la propuesta de penalizar el aborto terapéutico les amenaza con la cárcel, pero no se menciona qué se haría con los hombres corresponsables del aborto. Si el aborto terapéutico es penalizado, entonces los hombres también deberíamos ser encarcelados. El Grupo de Hombres Contra la Violencia de Managua identificó causales directos de muchos abortos cuando los hombres nos comportamos de las siguientes maneras:
* Presionar u obligar a las mujeres a tener relaciones sexuales.
* Rechazar el uso del condón u otro método anticonceptivo masculino.
* Impedir que nuestra pareja utilice un método anticonceptivo, como las píldoras.
* Ejercer violencia física, sexual o emocional contra nuestra pareja.
* Negar nuestra responsabilidad en los embarazos.
* No cumplir con nuestras obligaciones legales y morales de pasar una pensión alimenticia a nuestros hijos e hijas.
* No cumplir con nuestra obligación moral de ser padres responsables.
* Presionar y amenazar a nuestra pareja para que aborte.
* Abandonar a una mujer embarazada para que ella “busque cómo resolver”.
Considero que el aborto terapéutico no es un delito, sino una medida necesaria para salvar la vida de las mujeres y salvaguardar su salud. Se trata de un derecho de las mujeres a poner en primer lugar su propia salud y bienestar. Los hombres, ni en las relaciones de pareja ni desde las instituciones sociales y religiosas que controlamos, no tenemos ningún derecho de exigir a las mujeres que pongan en riesgo su vida para darle continuidad a un embarazo que las puede llevar a la muerte.
En el asunto del aborto terapéutico, un principio universalmente aceptado, son las mujeres quienes deben tener la última palabra y el derecho a decidir por sí mismas.

Miembro de la Asociación de Hombres Contra la Violencia.