Opinión

Encrucijada de los electores 2006


Circulando por la ciudad capital en los quehaceres diarios, por el centro y por barrios de la periferia, igualmente como turista personal en algunas cabeceras departamentales y conversando con algunos productores agropecuarios, en amplios círculos muestran mucha incertidumbre política, y las preguntas de cajón son por quién votar, qué pasaría si ganara el FSLN.
Del resto de partidos competidores nadie se ocupa o pregunta algo, el comentario es espontáneo, no es como las encuestas superficiales, vagas y pagadas.
En 15 años los recuerdos de toda naturaleza de la década oscura están muy frescos, no quedaron pegados con saliva. Trabajar cada quien por su cuenta en la era somocista o no haber sido sandinista terrorista, asaltabancos, etc. al triunfar el FSLN se consideró como delito perseguido y castigado. El revanchismo fue de lo más cruel que se puede imaginar. Miskitos, por ejemplo, recordarán por largo tiempo la navidad negra o éxodo del terror, etc., etc.
El FSLN puede estar ahora fraccionado, pero en la era oscura todos pensaron y actuaron igual, cargan con la misma responsabilidad histórica, incluso quienes callaron. En sus campañas electorales pasadas y la presente no han logrado poner sobre el tapete, con acciones, un proceso de evolución, modernización y democratización, valga decir de cambio sustancial, sin dejar de ser socialista. El socialismo en el primer mundo vive tiempos frescos.
No presentan algo nuevo, caras nuevas con ideas socialistas modernas, reales y posibles, gente nueva para participar en un Poder Legislativo de esperanzas; pero las planchas sugieren que se va a tener más de lo mismo, sin cambio de actitud.
En el cogollo que está rodeando actualmente al candidato aparece la misma gente dura, de los 80, comenzando por su jefe de campaña, y otras tantas figuras de ingratos recuerdos.
La dictadura somocista va cayendo en el olvido en sus consecuencias políticas luego de 25 años; fue cruel en el campo político de lucha por el poder, entre políticos y jóvenes dizque “idealistas”, pero a la par se recuerda que hubo progreso económico y social a pesar de la inestabilidad política permanente de años, provocada por terroristas; no fue una guerrilla en el objetivo de cambiar Nicaragua, garantizar libertades, democratizarla, sino para apoderarse del poder y servir al comunismo staliniano, en la órbita de la URSS y Cuba, como en efecto lo fue.
Quien quiso invertir o trabajar honestamente, sin vincularse a ambiciones políticas, lo hizo, prosperó, ganó lo suyo, se recuerdan empresas grandes que surgieron y compitieron, pero para los sandinistas eso fue un delito, porque en su mente todos los nicaragüense debieron dedicarse, únicamente, a la lucha contra la dictadura, nadie a trabajar y así justificaron oportunismo, confiscaciones, robos, encarcelamientos y muertes.
Quiérase o no, el país tuvo en los últimos 18 años de somocismo un crecimiento económico nunca antes alcanzado, que aún añoran en sus condiciones de vida quienes están vivos. Los funcionarios de entonces ya no se encuentran, por ahora, muy capaces y honestos, raros escándalos.
El sandinismo y los gobiernos 1990/2006 apenas han sobrevivido con la cooperación externa, tampoco se logrará el período de oro económico-social en lo que resta del siglo XXI.
Acabar con la dictadura dinástica no era acabar con el pueblo no sandinista, con los indiferentes, ni con quienes habían trabajado honestamente, no le robaron a nadie. El que trabajó hizo lo suyo; el sandinista no trabajó, pero se quedó con lo que robó. Lo que hubo fue cansancio del somocismo y se estaban echando raíces dinásticas.
Punto clave del arranque de la derrota al somocismo fue el asesinato, dentro de alguna estrategia, quizá, para calentar al pueblo, de uno de los grandes opositores y luchadores contra el somocismo. El pueblo nunca conoció una versión cierta de su asesinato, sólo especulaciones, hubo autores intelectuales impunes y el proceso judicial fue una burla.
Aprovechando una tragedia nacional, de inmediato entró abiertamente el apoyo activo al grupo guerrillero: Estados Unidos a la cabeza, México, Venezuela, Costa Rica y otros países, centrándose la lucha entre los países citados y la dictadura somocista, poniendo los muertos el pueblo nicaragüense, pero los de abajo. Comandantes sobrevivieron para pedir su tajada.
Los hechos indican que existen dictaduras de progreso material global y libertad condicionada en política, comercial y respeto relativo a la propiedad privada. También las hay mesiánicas, pero de la miseria, en que las cúpulas viven como nuevos ricos y terminan millonarios, se confirma en la Rusia de hoy y en su escala, en Nicaragua. Ningún nuevo rico tiene declaración de bienes en épocas pre y post terroristas, ni consta de un trabajo preguerrillero.
Ninguna dictadura es tolerable, pero tienen algo en común: el enriquecimiento ilícito; igual que los somocistas entraron con las bolsas vacías, y hoy tienen alforjas con millones, ¿cómo las llenaron? También ocurre que unas son más sanguinarias que otras.
Con excepción del tronco somocista que se apoderó con procedimientos mañosos de los bienes alemanes en Nicaragua en la Segunda Guerra Mundial, el resto de sus fortunas surgió de actividades de producción, comercio y tráfico de influencias.
Del sandinismo, de su década oscura, todo se conoce, pero nada nuevo en forma integral, pareciera que al pasado, presente y futuro los une el mismo eslabón.
Cuál será el modelo económico y el marco social de un nuevo gobierno y cómo lo ejecutará en un período de cinco años, el tiempo es vital. No existen antecedentes que pronostiquen un cambio, únicamente se conoce la actuación de la década oscura, y eso justamente es la causa de gran inquietud en capitalistas, productores y trabajadores, que se repita en buena parte.
Preocupa mucho la política cambiaria: saco mis dólares o espero, la experiencia fue negra; en el aeropuerto registraban hasta en las ropas íntimas. También, la política exterior, aparentemente sin cambio, vinculada a extremas, así como la política monetaria, volver a tiempos hiperinflacionarios.
En pocas palabras, tendrá cambios la política tributaria, y especialmente seguirá el despilfarro en los gastos públicos.
Cambiará el sistema de transporte público o se mantendrá el actual de oscuro subsidio.
Cuál es la estrategia para combatir la pobreza, no se concentra en crédito, un pedazo de tierra ni en un ranchito, sino en las condiciones de vida de las familias, algo más complejo.
Volverán los supermercados y mercados a estar vacíos, se tendrá que vivir con tarjeta de racionamiento.
Tendrá limitaciones la libertad de pensamiento o habrá otro Ministerio del Interior y oficina de seguridad, de maldito recuerdo. Cómo se combatirá la creciente delincuencia.
En fin, cuál es la sustancia del cambio en lo político, económico y social, en los hechos, no en poemas. Con la actual, el FSLN lleva cuatro campañas, derrotado en tres y nada nuevo.
De los otros candidatos no hay nada sustancial que comentar, porque sus antecedentes políticos son nulos y de escasa o nula experiencia en asuntos de Estado. Un país no es una familia, un club de amigos, una empresa o un banco. Nicaragua es una comunidad dominada por desi-gualdades, donde los ricos son unos cuantos y los pobres, la gran mayoría; y trabajar para mejorar poco a poco esa situación demanda calidades que los candidatos no han mostrado en sus planteamientos de lo que llaman “programas” en la campaña más sucia de nuestra historia.