Opinión

El Papa, ¿remedio infalible?


El Papa es infalible y por su boca habla el Espíritu Santo. Es el Vicario de Cristo en la tierra, el dueño absoluto de la verdad, y el Espíritu de Dios le dicta absolutamente todo lo que sale de su boca.
Esto se sabe desde que lo dijo Gregorio VII: “La Iglesia de Roma no se equivoca, nunca se ha equivocado y nunca se equivocará”.
A esa inmutable verdad hay que añadir que Gregorio VII también estableció las prerrogativas del Papa:

* No puede ser juzgado por absolutamente ningún otro ser terrenal
* Sólo el Papa puede deponer obispos
* El Papa puede destronar emperadores (y a presidentes y ministros, por supuesto) y absolver a los súbditos de los mismos de sus compromisos con éstos.
* Todo príncipe está obligado a besar los pies del Papa.
* Los delegados del Papa, aunque no fueren sacerdotes, tienen autoridad sobre los obispos.
* Un Papa electo legítimamente es, sin lugar a dudas, santo en acuerdo con la ley de Pedro.

El Papa es infalible y ésa es una de las reglas que hay que aceptar si nos queremos llamar verdaderamente católicos.
Pobre el Papa. Definitivamente que eso de ser el Vicario de Cristo es una cruz, sobre todo en ciertas áreas como la ciencia. La ciencia, para desgracia de los que en realidad queremos creer en lo infalible que es el Papa, se ha obstinado en demostrarnos que su Santidad a veces no es tan infalible, como por ejemplo en cosillas como:
La redondez de la tierra:
San Agustín había llegado a la conclusión que como en la Biblia no se hace referencia alguna a gente que vivía al otro lado del mundo, lógicamente ese otro lado no existía, por ende el mundo tenía que ser plano.
En el siglo VI, Hebreos 9 y otros versículos bíblicos fueron interpretados como que describían a la tierra como un cuadrilátero plano, rodeado por cuatro océanos y murallas que le servían como columnas a los cielos. Ésta fue la teoría oficial que circuló como por 600 años hasta que dos hombres, Pedro d´Abano y Cecco d Áscoli, empezaron a circular la teoría de un mundo redondo. Pedro se escapó de ser castigado por tal creencia, muriéndose joven; Cecco no tuvo tanta suerte: por creer en la idea de un mundo redondo fue incinerado vivo en la estaca.
En 1519 Magallanes logra probar por la práctica que la tierra tiene la forma de una esfera y que está abierta para ser recorrida, sin embargo, la iglesia no acepta la teoría totalmente hasta dos siglos más adelante.
El sistema solar
La iglesia había adoptado el principio geocéntrico de Platón y creían que la tierra era el centro del universo y que la luna, el sol y las estrellas giraban a su alrededor.
Nicolás Copérnico derriba ese principio en su libro “Sobre las revoluciones de las esferas celestes”, donde dice que es la tierra la que gira alrededor del sol y partir de entonces la teoría heliocéntrica comienza a expandirse.
Para salvarse de ser capturado por las autoridades eclesiásticas, el libro fue presentado como una hipótesis y Copérnico tuvo la “suerte” de morirse el día en que la primera edición del libro fue distribuida, salvándose así de caer preso y morir rostizado. En 1616 la Iglesia Católica coloca el trabajo de Copérnico en su lista de libros prohibidos.
Giordano Bruno, quien fuera el primero en apoyar la teoría de Copérnico, eventualmente fue capturado y quemado vivo.
Al comenzar el siglo 17 el telescopio de Galileo revoluciona la astronomía. Galileo observa, entre otras cosas, que había manchas en el sol y que Júpiter tenía lunas. La Iglesia arresta a Galileo en dos ocasiones; la Inquisición le enseña a Galileo los instrumentos de tortura que serían usados en él si no reconocía en público que sus teorías estaban erradas; lógicamente Galileo se siente amenazado y bajo presión abandona sus enseñanzas y se retira.
No fue hasta el año 1835 que los descubrimientos de Copérnico y Galileo fueron aceptados por la Iglesia. Son ésos sólo algunos ejemplos de que el Pontífice, para nuestra desgracia, no es tan infalible. Por desdicha, también hay otros ejemplos de errores papales de tan gigantesca magnitud que sería preferible que uno no los supiera, me han aguado la fiesta, me han bautizado con un chorro de agua fría y sin bendecir. No quisiera nunca haberme enterado de cuán perdido andaba el Papa, por ejemplo con:
* La guerra de limpieza étnica mejor conocida como las Cruzadas. Los Cruzados, cuya patrona era la virgen María, tenían instrucciones de la más alta jerarquía de la iglesia de convertir o matar, órdenes que causaron la masacre de cientos de miles de “infieles”.
* El odio mortal y sistemática persecución en contra de los judíos, a quienes habían tildado de asesinos de Cristo, obligando a los miembros de la casa de David, de quien Jesús desciende, a vivir escondidos y aterrorizados por siglos.
* La cacería de las brujas por una organización llamada nada menos que “La Santa Inquisición” y fundada por la Iglesia. Bruja le llamaban a cualquier mujer que fuera vieja e incapacitada o solterona por falta de dote. La cacería de las brujas es considerada el holocausto femenino y el crimen más perverso en contra de la mujer registrado en la historia.
* El silencio=muerte de Pío XII, quien fue el primer jefe de Estado en reconocer el tercer Reich y escogió callar ante las atrocidades de Hitler y con su silencio fue su cómplice.
* Las diferentes opiniones de los papas respecto del no nacido. Juan Pablo II nos enseñó que todo embrión y feto es un ser inocente, contradiciendo la infalibilidad de sus predecesores, quienes explícitamente habían afirmado que todo niño que no estuviera bautizado estaba manchado por el pecado original y era parte de la massa damnata, bajo el dominio de Satanás; de manera que si un niño moría sin bautizarse sería tan desagradable a la vista de Dios que ni Él podría mirar a los bebés, ni los bebés lo podrían mirar a Él.
* El limbo se inventó para que ahí fueran a parar los niños sin bautizar, y recientemente la Iglesia acaba de decir que ¡no hay limbo!

Otra cosa que me decepcionó fue el silencio sepulcral de Juan pablo II en cuanto a los abusos sexuales de los niños. En el Evangelio según San mateo dice: «Quien se atreva a molestar a los más pequeños que se cuelgue una piedra al cuello y se arroje al fondo del mar». Si la Iglesia en Boston siguiera con precisión los mandatos de Jesucristo, en las gélidas aguas de Nueva Inglaterra habría hoy no uno, ni dos, ni tres…. hubieran 87 curas acusados de haber abusado sexualmente de centenares de menores con la complicidad, en muchos casos, de sus superiores, incluso el cardenal Bernard Law, que los iban moviendo de parroquia en parroquia, dejando que más niños “se acercaran a ellos”. Los curas, a diferencia de médicos, banqueros o abogados que hubieran faltado a la ética de su profesión, fueron permitidos por el cardenal Bernard Law de seguir practicando como curas. En 1994 un vocero del Papa culpó a la media y a la moda americana de los music videos de influenciar los pecados de los curas, olvidándose que los abusos databan de más de cuarenta años.
Juan Pablo II, el grande, no fue nada infalible en cuanto a ese caso.
¿Y qué me dicen de Benedicto XVI? Recién insultó a los musulmanes, quienes son de naturaleza incendiaria --tal vez porque tienen todo ese petróleo-- en medio de una guerra santa, y lo hizo en nada menos que en alemán. Mal tino el del Papa Ratzinger. Si has de decirle un insulto a una minoría étnica, ¡por lo menos no hay que hacerlo en la lengua del Fuhrer!
Así, pues, mi problema con la falta de credibilidad a lo infalible del Papa es que si en el pasado cometieron tantos errores, ¿cómo sé yo que no los están cometiendo ahora?
¿Cómo sé yo que, por ejemplo, cuando el Papa prohíbe el uso de condones para evitar que millones de millones se mueran de un SIDA, el Espíritu santo está hablando por su boca?
¿Cómo sé yo que cuando juzgan a una mujer de asesina porque por salvar su vida o salvar a su bebé de insufrible sufrimiento se somete a un aborto terapéutico, están diciendo la verdad?
Lástima que ahora uno se da cuenta de más cosas, pues si yo no supiera todos esos hechos, la palabra del Papa sería el remedio infalible para todos los males de la sociedad y los fieles como corderos obedecerían sin pensar.

Wawa, Ontario 2006