Opinión

De mujer a mujer


La recientemente renovada discusión sobre el tema del aborto terapéutico me mueve a escribir esta nota, que va dirigida a mis congéneres: mi madre, mi hija, mi hermana, mis amigas, colegas y a muchas mujeres valiosas que he conocido a lo largo de mi vida y de quienes he aprendido y con quienes he compartido solidaridad, apoyo mutuo, respeto, comprensión y compasión.
Este escrito va también para muchas otras mujeres que no conozco y que tampoco me conocen, a las que estuvieron en la marcha contra del aborto terapéutico el pasado 6 de octubre. A las que aun estando de acuerdo con el aborto terapéutico, callan por temor a la sanción moral de la iglesia, de sus familias y de la sociedad.
Con todas quiero compartir estas reflexiones:
¿Quiénes SON?
Los dirigentes de los grupos fundamentalistas pro-vida, la jerarquía de las iglesias católica y evangélica, los funcionarios de los poderes del Estado, los grandes empresarios y los que dirigen los partidos políticos tienen mucho en común, todos SON HOMBRES.
¿Qué saben?
¿Qué saben los hombres de lo que pasa en el cuerpo y la mente de una niña o una adolescente embarazada a causa de una violación? ¿Qué saben los hombres de embarazos de alto riesgo, de hemorragias, de preclampsia? ¿Qué pueden saber ellos del dolor y la angustia de las mujeres con cáncer, a quienes la negación de un aborto terapéutico sólo les aceleraría la muerte? ¿Sabrán acaso de las consecuencias que para niñas, adolescentes y mujeres con discapacidad puede tener un embarazo? ¡ELLOS NO SABEN!
¿Qué saben los obispos y los curas de sexualidad y reproducción? ¿No es que son célibes?, ¿cómo pueden entonces opinar sobre una esfera de la vida a la que renunciaron voluntariamente al tomar votos de castidad?
¿Qué autoridad tienen sobre nuestras vidas?
Las mujeres sí sabemos de estos asuntos. Sabemos porque son parte de nuestra vida. ¿Cuántas mujeres han vivido en carne propia la experiencia del incesto, la violación, los embarazos forzados y los abortos provocados por la paliza de su pareja? ¿Cuántas niñas y adolescentes en el campo quedan huérfanas y a la vez se convierten en madres de sus hermanitos, cuando la madre se les muere sin atención médica a causa de un embarazo de alto riesgo?
¿Que acaso no es suficiente ya lo que han hecho con su poder los políticos, los grandes empresarios, los obispos a la familia y a la nación nicaragüense? Ellos, los máximos representantes del poder patriarcal, son responsables: autores, coautores y cómplices de la pobreza, el desempleo, la migración. Ellos tienen una gran deuda con este pueblo empobrecido producto del saqueo y la corrupción.
¿Qué autoridad tienen ellos para condenar a las mujeres a la muerte?
Me pregunto por qué no muestran el mismo coraje y empeño para condenar los abusos, la explotación sexual que contra niñas, niños adolescentes y mujeres se comete a diario. ¿Por qué nunca han alzado su voz para sancionar la violencia intrafamiliar que muchas veces culmina en el asesinato de las mujeres?
Ya basta de que los diputados (hombres en su mayoría), los caudillos de los partidos políticos, los empresarios los obispos, pastores y curas utilicen nuestros cuerpos y nuestras vidas como fichas que mueven el tablero de su juego político. ¿Vamos a permitirles que sigan usándonos como banderas electoreras?
¡Por favor!, no nos dejemos llevar por sus encendidos y manipuladores discursos “por la vida” cuando en realidad ellos están apostando a firmar nuestra sentencia de muerte. El aborto terapéutico es legal, moral y éticamente aceptable si se trata de salvar la vida de las mujeres.
Y para ustedes sólo esta frase. ¡No nos defiendan, compadres!
Psicóloga.