Opinión

La razón y sus fronteras


Las elecciones (presidenciales y legislativas) efectuadas en noviembre de 2001 debieron suponer, para ciertos intelectuales nicaragüenses, un punto de reflexión relacionado con la repercusión de los comicios en la mayoría de población hasta hoy desatendida por los partidos tradicionales.
Dichos personajes, que destacaron corrientes de pensamiento opuestas a los partidos que hasta 1979 compartieron el poder, que supieron inculcar valores y normas de Derecho en los momentos de cambio en nuestra estructura social, se encontraron ante una disyuntiva que les pudo llevar a impulsar soluciones políticas, descubriendo las formas más adecuadas dentro de la alternativa de izquierda en un contexto delimitado por el Fondo Monetario y el Banco Mundial, o sustentar (por acción o abstención) el desarrollo de las pretensiones de los partidos tradicionales.
El resultado de las elecciones de 1990, 1996, y 2001 confirmó que la capacidad de acción política de la izquierda nicaragüense se ha visto mermada por la pérdida del poder del FSLN (1990).
Al estudiar la evolución de la “crisis”, constatamos en sus orígenes la ruptura o distanciamiento de sus principales intelectuales con el partido. Vale remarcar que las disidencias principales se le plantean como partido de oposición. Las deserciones son motivadas, en los casos que más apego tienen con la ciencia política, por la rigidez de la estructura interna del partido y sus mecanismos de articulación de decisiones. Este conjunto de situaciones nos lleva a tratar de analizar y comparar fenómenos semejantes en estructuras y situaciones lo más análogas posibles, en un intento de encontrar un punto de referencia entre los intelectuales, la articulación del poder y el conflicto en el seno del FSLN.
Aunque la aparición de la máquina política con estructura de organización rígida surge con la creación de los partidos de masa (fines del siglo XIX), se observa tanto en los Estados Unidos como en Inglaterra paradójicamente un fenómeno parecido con el caso de organizaciones políticas de derecha (partidos notables).
En la actualidad, y esto es lo más importante, los partidos norteamericanos se clasifican entre las organizaciones políticas que no imponen una disciplina de voto a los miembros del Senado, según Maurice Duverger (Les Partis Politiques, 1958), los partidos Republicano y Demócrata poseen una fuerte estructura local y débil estructura nacional. El ejemplo norteamericano nos confirma que en un momento dado la dirección de los partidos (sobre todo en sus orígenes) tiende a imponer una disciplina de voto férrea, tanto en el aparato político como el Parlamento, sin embargo, en los partidos de masa, la rigidez de sus estructuras y los mecanismos de articulación de poder perduran como consecuencia de sus orígenes organizativos, tal como lo expondremos enseguida.
La base organizativa del FSLN y su relación con los partidos de izquierda de Europa.
Si analizamos la evolución y el desarrollo de los partidos de izquierda, nos acercamos de forma más directa a la realidad organizativa del FSLN. Estos partidos desarrollan estructuras rígidas y una organización vertical como consecuencia de sus orígenes clandestinos. No obstante la diferencia entre los orígenes de los partidos de masa y de notables es inconmensurable, Robert Michel (Ensayo Sobre la tendencia oligárquica de las democracias, 1911) afirma en la obra citada en el paréntesis: “Que la doctrina socialista nació de la reflexión de filósofos, sociólogos e historiadores; no hay, subraya, en los programas de los partidos socialistas una sola palabra que no represente un sinnúmero de trabajos de gran cantidad de sabios, los padres fundadores del socialismo moderno fueron en primer lugar los sabios, en segundo los políticos”.
Los partidos modernos (de masa) ven la luz a fines del siglo XIX e insisten dentro de su organización en el mensaje ideológico y de clase, como consecuencia de la base militante, que fue en algunos países derivación de la acción sindical. La actividad política tendrá muy en cuenta la concienciación de las masas por medio de los militantes. El FSLN se introduce en el campo de las contiendas electorales con unas características muy similares a las que acabamos de describir, es decir una base organizativa vertical, herencia de su sistema de acción clandestino.
Fueron precisamente estas formas las que en otros momentos dieron nacimiento a los partidos políticos modernos (comunistas) en la vieja Europa, basándose en estructuras con influencia de poder de abajo hacia arriba; en las que pequeñas unidades que militaban en los lugares de trabajo (células) rompieron los esquemas de los partidos de notables, los cuales utilizaban como punto de referencia para sus actividades políticas las circunscripciones electorales políticas, más amplias y dominadas por personajes o familias generalmente conservadoras.
La primera estructura de organización fue también puesta en práctica por los partidos socialistas, utilizando una base organizativa diferente a la célula (más numerosa y denominada federación), no obstante los círculos de participación política; simpatizantes, militantes, permanentes y dirección son una forma común, tanto para los partidos comunistas como para los partidos socialistas europeos.
Los mecanismos de articulación de poder dentro del partido sandinista no son por consiguiente clasificados científicamente antidemocráticos, todo lo contrario, es una manifestación de modernidad de una organización que se ha mostrado muy eficiente desde fines del siglo XIX. Es evidente que el funcionamiento de este tipo de instituciones puede ser manipulado en beneficio de la dirección, pero con mayor dificultad que en los partidos de notables, debido al prestigio e importancia de sus militantes y al anclaje popular de los personajes que componen su representación parlamentaria.
Elementos para una reflexión
La historia política nos muestra la gran importancia de los pensadores en el desarrollo de la democracia, la evolución monarquía, monarquía parlamentaria, república, Estado de bienestar, lleva consigo una influencia ideológica de filósofos y pensadores, que como bien plantea Michel fue adoptada por los políticos (fundamentalmente por los liberales y los socialistas), permitiendo una convergencia entre la actividad sindical y los partidos políticos hacia el rol del Estado.
Hoy, más que nunca, es necesario reflexionar con el legado filosófico y científico de los pensadores europeos y los nuestros sobre lo que es más importante para el desarrollo institucional de Nicaragua. La visión de nuestros intelectuales debe substancialmente sobrepasar lo que actualmente ocurre en el campo político, es necesario crear circunstancias, descubrir oportunidades, resaltar las diferencias y construir proyectos en beneficio de la mayoría sin importarnos qué dirección los pondrá en práctica.
Es evidente que la dirección de los partidos cambia, o se puede llevar a un proceso evolutivo de cambio mediante la negociación o presiones desde la base. La falta de corriente dentro de un partido limita estas posibilidades, y deja en manos de la dirección, (siempre con la posibilidad de construirse mayorías) la supremacía de las decisiones, las que en ocasiones no son consensuadas con ideas diferentes. Aun dentro de un partido de izquierda las corrientes son muy necesarias, su actividad en el seno de los partidos socialistas europeos lo ha demostrado. Estamos en condiciones de afirmar que la tendencia oligárquica de los partidos puede ser equilibrada por las corrientes que surgen cuando las direcciones se vuelven más conservadoras.
La oposición que se origina en el interior de los partidos de masa entre la militancia, que vive una realidad dentro del mundo del trabajo, y las representaciones parlamentarias del mismo partido, que viven en lo alto de la esfera social, es otra prueba de un fenómeno diferente pero parecido.
Conclusión
El FSLN, sujeto de nuestro análisis, se comporta (en el entramado descrito) como partido con vocación mayoritaria en un sistema de alianzas de gobierno que nada tienen que ver con los acuerdos de subordinación, marginación de otras clases sociales e instauración de elites de poder, que representa la dinámica histórica de los partidos tradicionales (liberales y conservadores).
Los intelectuales de la izquierda nicaragüense, igual que los personajes de la derecha lamentablemente, no han analizado esta diferencia al evocar la terminología “pacto”, Sartori (Ingeniería Constitucional Comparada, 1995), considera que hablar de pacto o cohabitación supone un mínimo de consistencia, es decir, un entendimiento duradero que abarca una gama congruente de temas.
La carencia de intelectuales de izquierda condiciona negativamente la elaboración de programas y aportaciones filosóficas en las luchas por las reivindicaciones de los intereses populares, lo que a largo plazo podría limitar al Frente Sandinista en su capacidad de solución de conflictos originados por la evolución político-social (relaciones de supra-ordenación y subordinación). Este fenómeno, que parecería un poco trivial es de gran importancia, primero porque las soluciones coyunturales (forma tradicional de solución de conflictos) no son democráticos cuando son una salida y no representan las demandas de un sector de la población a través de un partido político. Segundo, porque en su acción política los partidos de izquierda deben velar por el bienestar de los otros sectores no afines con su ideología (lo que facilita con un enriquecimiento político-ideológico de los partidos de origen popular).
Doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de París X Nanterre (1986) y doctor en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid (1995).