Opinión

¿Quién nos defiende a nosotras las mujeres?


Por primera vez me atrevo a escribir un artículo para publicarlo, y lo hago con todo el enojo que un ser humano pueda acumular.
He venido dando seguimiento a toda la discusión que la Iglesia Católica, algunos líderes de iglesias evangélicas, los políticos tradicionales y los dirigentes de un partido supuestamente de izquierda y abanderado de los más pobres y desprotegidos han hecho sobre el tema del aborto terapéutico, y siento indignación al ver cómo manipulan derechos tan elementales para nosotras las mujeres, como son: nuestra salud y, por ende, nuestra vida.
Viendo el debate sobre este tema que se realizaba a través del Canal 2 en días anteriores, no pude sentir menos que indignación al escuchar a un señor, que en este momento se me escapa su nombre y quien confesó haber sido miembro de la Seguridad del Estado en la década de los 80, decir muy tranquilamente que está muy arrepentido por haber mandado a su esposa a practicarse dos abortos, ya que por su posición social y sus compromisos de trabajo en ese instante no podían tener esos hijos: ¡Eso sí es matar! Fue hasta el tercer embarazo que se dio cuenta que no podían seguir abortando. De ese testimonio lo que más me llama la atención es que realmente la mayor afectada, que es la mujer, no habla. El que habla por ella en todo momento es él, quien estoy segura fue el que le propuso que abortara, como ocurre en la mayoría de los casos.
Ese mismo día conversó conmigo la María, mujer de 43 años, soltera, quien no se ha querido casar porque los hombres que la han pretendido no le ofrecen matrimonio y ella soñaba con su casamiento, para el cual se estaba guardando virgen. Con lágrimas en sus ojos me contó que hace aproximadamente menos de un mes fue violada por un vecino, del cual en este momento está embarazada y, peor aún, su embarazo es de alto riesgo. ¿Se pueden imaginar qué va a pasar con la vida de la María si se elimina el aborto terapéutico de nuestra legislación? ¿Qué médico querrá hacerse responsable de su salud? ¿Quién cuestiona a los hombres, que son los principales causantes de que las mujeres vivan situaciones tan viles y tristes a la vez?
Me pregunto nuevamente, ¿quién nos defiende a nosotras las mujeres? Y más aún, ¿cuántos de los señores diputados y los hombres de doble moral que asistieron a la marcha contra el aborto terapéutico han mandado a sus mujeres a abortar para no asumir sus responsabilidades?
Qué desolador es ver cómo los diputados y diputadas, de manera hipócrita, se prestan por intereses políticos y de conveniencia a dejarnos desprotegidas. Invito a todas las mujeres de Nicaragua y a los hombres solidarios con nosotras, que sepan escoger este cinco de noviembre a nuestros próximos legisladores. Elijamos hombres y mujeres que antepongan al fin político y personal el fin social. No permitamos que nos hagan regresar, como sociedad, a la era de la santa inquisición.
Jalapa, 9 de octubre de 2006.