Opinión

El patriarcado contra las mujeres


En 15 días, una Asamblea Nacional caracterizada por su ineficiencia e irresponsabilidad en el ejercicio de sus funciones dará diligente respuesta a la demanda de la jerarquía católica que encabezó una apoteósica marcha coreando consignas a favor de la penalización del aborto en todas sus formas, estableciendo desde foros y púlpitos una total y premeditada confusión sobre el tema a debatirse como es el aborto terapéutico tipificado y legalizado en nuestro Código Penal desde hace más de 100 años.
En un país con profundas debilidades institucionales, se pretende que las leyes sirvan para proteger sobre todo a las mayorías empobrecidas. Quienes ostentan el poder económico, y por lo tanto la influencia política necesaria, resuelven por la libre.
Como escuché a la católica laica María López Vigil, yo tampoco me sentí ni me siento representada por una jerarquía católica que sin ser ignorante ha manipulado la información, y haciendo gala del más recalcitrante autoritarismo patriarcal ha demandado, en el momento oportuno, que la Asamblea Nacional, controlada por el pacto de la corrupción, necesitada con urgencia del beneplácito del poder eclesial para sumar votos a las respectivas campañas de sus diputados, se comprometa en un tiempo récord a penalizar el aborto terapéutico y con ello, a agudizar la guerra del sistema actual contra las mujeres, víctimas de abuso sexual, maltrato y toda forma de violencia, que están llevando a la muerte a miles, según podemos constatar en el acontecer diario.
Hace varios años, cuando Mimí Hammer y yo nos tomamos en serio nuestra responsabilidad como integrantes de un flamante consejo asesor del entonces contralor general de la República Agustín Jarquín Anaya, aprovechando un simposio sobre la corrupción que Mimí logró organizar para comprometer a todos los sectores de la sociedad con el tema, yo, directora en ese tiempo del Centro Ecuménico Antonio Valdivieso, esperé con ilusión que se concretara el acuerdo de la mesa de religiosos integrada por delegados de la Iglesia Católica e iglesias evangélicas, de emitir una Carta Pastoral conjunta denunciando la corrupción, que iba a ser leída en todas las iglesias. Esto no se realizó.
Nunca imaginé que esa alianza ecuménica se iba a lograr más tarde en esta marcha lapidaria contra las mujeres pobres, necesitadas de políticas públicas para asegurar su sobrevivencia.
Hago un llamado a los hombres decentes y a todas las mujeres para que nos ilustremos sobre el tema, para que comprendamos los alcances de la amenaza que se cierne sobre las más vulnerables con la penalización del aborto terapéutico que será dictada dentro de 15 días, mientras violadores y abusadores de menores continúan campantes en pleno uso de sus derechos civiles y políticos.
Las diputadas silenciadas en los derechos que hasta hace poco defendían están a tiempo de reconciliarse con su propia conciencia.
¡No demos nuestro voto al autoritarismo patriarcal!
*Candidata por la Alianza MRS a diputada en el Parlacen