Opinión

Corea del Norte: el gran teatro del mundo


Asombra la alharaca que se ha organizado con la aún presunta prueba nuclear realizada por Corea del Norte. Se sabía de años atrás que el país poseía tecnología y plutonio, pues el propio gobierno lo había proclamado a los cuatro vientos. Las dudas se referían a su capacidad para instalar armas nucleares en cohetes balísticos, de lo que todavía hoy no hay informaciones claras. La prueba nuclear confirma simplemente algo que era de conocimiento público. Las preguntas a hacer, por tanto, no deben referirse a la prueba nuclear, sino ¿por qué el alboroto? ¿Por qué el pasmo y los sudores?
Corea del Norte no es el primer Estado que se dota de armas atómicas a contracorriente de la “comunidad internacional”. Israel desarrolló su poder nuclear con ayuda de Francia y EU. Hoy posee 250 bombas atómicas y nadie se tira de los pelos por ello. Sin embargo, Israel es un país agresor y peligroso. Ha destruido Líbano en varias ocasiones, bombardeado y atacado países vecinos, combatido en cuatro guerras y aún mantiene ocupado y aplastado a un Estado entero –Palestina-- y ocupa territorio de dos países vecinos --los Altos del Golán a Siria y la Granja de Cheva a Líbano--. Sólo EU supera el amplio palmarés de violaciones al Derecho Internacional y al Derecho Humanitario que tiene Israel. Y no pasa absolutamente nada. En materia nuclear, nadie, salvo sus víctimas, recuerdan que este país violento puede destruir la región entera.
Con todo, la zona de mayor riesgo atómico del mundo ha sido, y sigue siendo, la región indostánica. China e India se enfrentaron en una breve guerra en 1962. India y Paquistán, que obtuvieron su desarrollo nuclear al margen también de la “comunidad internacional”, han protagonizado tres guerras, en 1947, 1965 y 1971. Ambos países no escatiman acusaciones iracundas uno contra el otro -–incluyendo por sangrientos actos terroristas--
y viven, literalmente, con el dedo en el gatillo, como prueban los cotidianos incidentes armados en la zona de Cachemira, que tienen medio siglo disputándose.
EU usó la bomba atómica contra Japón y mató a más de 200.000 personas. Por lo menos en otras dos ocasiones (Corea, 1951, Vietnam, 1972) jugó con la idea de usar la bomba contra China y Vietnam. En el presente, EU e Israel consideran usar bombas atómicas reducidas contra Irán, para bombardear sus centros de investigación y detener, dicen, el programa nuclear iraní. Por demás, los planes estratégicos de guerra de EU contemplan el uso preventivo de armas nucleares. Israel, por su parte, tiene el arma atómica como un Armagedón en caso de ser derrotado por los ejércitos árabes. Y el temor a EU e Israel mueve a otros países de la zona a buscar su arma atómica.
Corea del Norte no amenaza, objetivamente, a nadie. En primer término está condenada por su geografía y sus vínculos políticos y militares. Tiene fronteras con dos potencias atómicas, Rusia y China, que son además sus dos únicos aliados. Al sur limita con la otra parte de Corea, protegida por EU. El régimen coreano carece totalmente de recursos para una guerra fuera de sus fronteras, y una dentro, aunque más dura, también la perdería. ¿Quién teme realmente a Corea del Norte? Nadie, absolutamente nadie. La explicación a su prueba nuclear es elemental: el régimen busca, en primer lugar, asegurarse a sí mismo, desalentando a EU de toda veleidad intervencionista y, sobre todo, de un ataque militar. En segundo lugar, quiere tener un argumento poderoso para negociar generosas ayudas externas que le permitan mitigar sus penurias internas.
¿Cambia la prueba atómica la geopolítica y el balance militar de la región? No, únicamente podría servir de pretexto para acelerar la ejecución de decisiones que están tomadas tiempo atrás. Japón quiere rearmarse y EU que se rearme Japón, no por Corea del Norte, que importa poco, sino para contrarrestar el poder creciente de China. Ese es el motivo real de la alharaca. Que la prueba atómica pueda servir de excusa para el retorno de Japón como potencia militar. El peligro estaría, paradójicamente, en querer ahogar al régimen norcoreano, algo que difícilmente permitirían China y Rusia, pues la desesperación puede llevar a la locura. Todo lo demás son adornos, abalorios. Como en la obra de Calderón, siendo representación la humana vida, aquí se fabrican apariencias que, de dudas, se pasan a evidencias. El régimen coreano sólo representa un peligro para su propio pueblo. Nada más.
* Profesor de Derecho Internacional y Relaciones Internacionales en la Universidad Autónoma de Madrid
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