Opinión

La salud en la agenda pública de Nicaragua


Infelizmente la salud no ha sido una prioridad en la agenda pública de Nicaragua. Durante varias décadas hemos vivido las insuficiencias del sistema nacional de salud: servicios públicos que como en la época de la Edad Media contribuyen más que nada al “buen morir” (quienes hemos pasado la experiencia de tener un familiar o un amigo en los hospitales u otros servicios públicos del país sabemos lo que esto significa).
Una seguridad social insegura, donde tras largas horas de espera recibimos, al igual que en los centros públicos, algunos productos de la lista básica (cualquier asegurado puede aseverar esta opinión).
No queda más remedio, a quienes pueden pagar, que acudir a los servicios privados, que en dependencia de la calidad profesional del facultativo podemos mejorar o no nuestra salud (la “modernización” no necesariamente significa calidad y ética profesional).
Sólo hay que visitar los sitios en Internet de las agencias de las Naciones Unidas (OMS/OPS, Unicef, PNUD, Fnuap) para contrastar los indicadores de salud de Nicaragua, en comparación con el resto de países del área centroamericana.
Mientras en el mundo se habla de la revitalización de la atención primaria comprehensiva, del papel relevante del Estado para mejorar la calidad de vida de las personas y del abandono de las reformas de salud que han introducido profundas brechas de salud entre los nicaragüenses, en nuestro país la atención primaria es sólo un título en los documentos oficiales; el Estado deposita la salud en manos del sector privado y, lo que es peor, subsidia con fondos públicos al sector privado como ocurre con las llamadas empresas médicas previsionales. Y no se trata de estar contra el sector privado (que tiene su lugar y su propia clientela), sino más bien de darle al sector público el papel que se merece (y el que atiende a la mayoría de la población nicaragüense).
Hace largo rato la OMS y el mismo Banco Mundial reconocieron que la salud es parte fundamental del desarrollo de un país, pero en Nicaragua hay un abismo entre los documentos oficiales y su puesta en práctica.
Los últimos ministros de Salud ya no son médicos o profesionales reconocidos en el campo sanitario, sino economistas o administradores de empresas, lo que sugiere el carácter empresarial de la salud, mientras en casi todo el mundo desarrollado los ministros o secretarios de salud son reconocidos científicos en esta área.
La salud, se dijo hace mucho tiempo, no es la ausencia de enfermedad. La salud no es únicamente prestación de servicios médicos. La salud es empleo, es nutrición, es educación, es vivienda, es participación, es seguridad ciudadana. La salud tiene determinantes, y eso es lo que ocurre en países como nuestra vecina Costa Rica desde hace varias décadas.
Señores candidatos presidenciales, aunque ustedes jamás tengan a su hijo o esposa en un hospital público, por favor, pongan en práctica todos los convenios que en materia de salud ha firmado Nicaragua cuando sean electos. No hagan más promesas, tan sólo cumplan los compromisos existentes en materia de salud.
Hace falta cambiar el enfoque sobre salud, de un modelo reactivo, centrado en la enfermedad, a un modelo positivo, centrado en la calidad de vida, en los determinantes de la salud, en la atención primaria. Pero sobre todo hace falta voluntad política y firmeza para hacer de la salud, como dice la OMS, el bien más preciado.
Ojalá y en las próximas elecciones ustedes como candidatos pasen a la historia como presidentes porque ubicaron a la salud en las prioridades de la agenda de nación. Invertir en salud no es sólo un problema de recursos (somos uno de los países con más cooperación en salud de América Latina, y disponemos de profesionales sumamente competentes), es un problema de visión de desarrollo, de políticas públicas, de consecuencia con los compromisos y acuerdos, de sensibilidad social, de ética y humanismo elemental.
Ciudadano nicaragüense, salubrista.
rene.perezmontiel@gmail.com