Opinión

En sus conciencias


En sus conciencias llevarán los “defensores de la vida” la muerte de niñas, adolescentes y mujeres que estando en peligro su vida por un embarazo de riesgo no puedan solicitar una interrupción para salvarse. En sus conciencias llevarán el dolor de los huérfanos y huérfanas por esa causa.
Cuántas clínicas abrirán los Pro-vida, la Iglesia Católica y sus feligreses para que acudan las mujeres a las que se les niegue un aborto terapéutico y necesiten de atención médica. Qué médicos les harán las cirugías e intervenciones de hospitales de primer mundo que tanto promocionan en un país donde se mueren los niños y niñas de diarrea, neumonía y enfermedades prevenibles porque no reciben atención médica, y aunque lleguen a los hospitales no hay medicinas; lo único que les dan a las madres es un papelito para que vayan a las farmacias privadas o a los semáforos a implorar por un córdoba para recoger para el medicamento.
Cuántos centros abrirán para acoger a las niñas y niños YA NACIDOS de esas mujeres que hoy condenan a morir, para brindarles educación, salud y sobre todo explicarles que ellos y ellas asesinaron a su madre porque eliminaron el aborto terapéutico del Código Penal.
Ellos y ellas pregonan que defender el aborto para salvar la vida de la mujer es estar a favor de la cultura de muerte, o sea que la vida de la mujer no vale nada. Si defiendo la vida de la mujer es abominable, pero defender a un embrión es estar por la vida. Por eso no se preocupan por esas niñas y niños YA NACIDOS que no tienen acceso a la educación, a la salud, a la recreación sana. Por esos niños no llaman a marchas, ni pregonan las estadísticas de los que mueren por desnutrición, diarrea, neumonía, de los analfabetos, de los que se prostituyen, que huelen pega, etc. No exigen al Estado y ni a sus diputados protección para ellos. Los YA NACIDOS desprotegidos no son su problema, no son problema de la Iglesia Católica ni Evangélica, no son problema de los Pro-vida. No condenan a nadie por la suerte de los ya nacidos. No importa que se mueran de hambre, diarrea, de enfermedades prevenibles.
No es cierto que en la interrupción de un embarazo para salvar la vida una mujer se maten fetos tan desarrollados como los que presentan en su maliciosa propaganda. El Código Penal establece un límite de 12 semanas de gestación para la interrupción. Un feto de 12 semanas apenas pesa entre 1/2 y una onza, y tiene una longitud promedio de 6-7 centímetros, según información científica. Nada que ver con la propaganda impresa que utilizan para el chantaje y la manipulación.
¿Dejarían ellas y ellos que su esposa, hermana, hija, nieta se muriera? ¿Le dirían a los hijos e hijas de ese ser querido que su madre tiene que morir porque no puede interrumpir un embarazo?
La vida de las mujeres está en juego, ésa que no ven, esa mujer anónima que hoy condenan a la muerte. ¡Las mujeres tenemos el derecho a decidir si queremos morir o vivir! Ni curas, pastores, beatas o políticos deben decidir por mí. YO VOTO POR MI VIDA.