Opinión

¿Qué les ocurre hoy a las iglesias?


Después de las improcedentes sanciones penales que proponen las iglesias frente al aborto terapéutico, que denotan un enfoque fundamentalmente represivo y jurídico, de la manipulación informativa sistemática de que han hecho gala con una increíble y abundante presentación de hechos distorsionados y exagerados a conveniencia, del oportunismo político para presionar (una forma de violencia) a la Asamblea Nacional, buscando capitalizar el momento electoral para que casi de emergencia se revise y sancione a su complacencia el articulado de este caso (lo que implica entregar el tema a manejos politiqueros de oportunidad), puede uno preguntarse: ¿qué tiene todo esto que ver con el espíritu compasivo del cristianismo? O bien, ¿qué les está ocurriendo hoy a las iglesias para que asuman este tipo de comportamientos?
Las iglesias quieren sospechar que detrás de las razones de salud que justifican la interrupción médica de un embarazo se encuentra toda una conspiración para dar licencia incondicional a cualquier tipo de aborto, pero en el país ya se encuentra penalizado el aborto. Por otro lado, la práctica del aborto terapéutico está asistida por suficientes razones médicas como para no ser desoídas. ¿Por qué entonces no tener la apertura para entenderlas? ¿Por qué no ser medianamente razonables? ¿Por qué esta caída a pique en la cerrazón y la insensatez?
Éste es el aspecto preocupante: las iglesias han perdido capacidad de acercamiento a la actualidad y complejidad de los problemas de nuestras sociedades contemporáneas. Cada vez se percibe este mayor distanciamiento. ¿Hasta qué punto están entendiendo hoy las iglesias el tipo de familia, de juventud, de sexualidad, de modos de vida y particularmente de cambios profundos en el rol de la mujer devenidos necesariamente del mismo desarrollo empujado por la modernidad? Ni qué decir de la política y de la economía, donde los retos son todavía mayores, pues el desarrollo tal y como lo conocemos nos está conduciendo al callejón sin salida del colapso económico y político.
En el caso de la Iglesia Católica, las preocupaciones del Vaticano giran en la actualidad sobre temas como el Limbo, o bien, si los divorciados pueden o no comulgar, a lo que suma eventualmente algunos exabruptos medievales sobre el Islam. Frente a la pandemia del siglo, el SIDA, han recomendado básicamente la abstinencia. ¿Son éstas las soluciones a todo lo que está ocurriendo?
A todas luces, las iglesias se muestran cada vez más insuficientes frente a los grandes y complejos problemas contemporáneos y a la monumental crisis de paradigmas que está detrás de todo esto. El irracionalismo, el dogmatismo y el fundamentalismo en que están cayendo las iglesias no es la alternativa y todo ello en su conjunto avizora un comportamiento socialmente peligroso: el fanatismo. ¿Es éste el camino? Frente a la demanda de soluciones razonables para todos estos problemas cruciales se está respondiendo con ignorancia a granel. ¿Se dan cuenta las iglesias de qué es lo que están incubando?
La alternativa es ir hacia adelante, en la búsqueda de un nuevo humanismo, de enfoque holístico, capaz de integrar diversidades, de reconciliación ecológica profunda, de erradicación del patriarcado y de todo autoritarismo, de superación del dogmatismo político y religioso, de creación de modelos económicos y sociales con sentido humano y de un desarrollo humano integral, donde seguro se conquistará una nueva sensibilidad y espiritualidad más allá de todo lo que han ofrecido hasta la fecha las religiones organizadas y hoy en fuerte decadencia.
Por todo ello, la crisis de las iglesias es hoy fundamentalmente de falta de madurez. Sus planteamientos y visiones rayan en lo infantil y están sumergidas en un tiempo pasado que ya no les pertenece. A falta de argumentos se refugian en el mero fundamentalismo, dan la espalda a la razón y apelan a una moral simplona, y en algunos casos ridículamente mojigata, que no busca encarar los problemas, sino negarlos. Se comprende que las iglesias tengan miedo, pues no comprenden la realidad, pero no es el fanatismo, la persecución de los demás, la represión jurídica, la imposición por el poder que ostentan en contubernio con aliados políticos más confusos que ellos y moralmente más desinteresados lo que dará las luces, se requiere crecer.
Sociólogo