Opinión

Cuestión de vehículos


A finales de la década de los noventa percibí como parte del folclor nicaragüense el hecho que la gente de diversos orígenes sociales, culturales y económicos me dijera que nunca Nicaragua había estado mejor que con los Somoza.
Luego, al pasar los años, continué escuchando lo mismo y entonces vine meditando el fenómeno, llegué a la siguiente conclusión: fue tanto el daño inflingido a la nación por los sandinistas, que, aunque tuvieron la oportunidad de oro de hacerlo, no fueron capaces de borrar de un tajo las “nostalgias” de más de 40 años de dictadura dinástica. Durante esos años automáticamente pensábamos que el sillón presidencial tenía marca, tenía un solo apellido, el de Somoza.
Y que era un absurdo que un ciudadano común que no llevase tal apellido aspirara a ser presidente. Todavía, después de tres elecciones libres, oímos decir: “Ahora cualquier piche quiere ser presidente. Ve, ese tal por cual se siente con derecho de ser candidato, como si fuera procesión”.
Al somocismo debemos pensarlo como un vehículo que por sus innumerables desperfectos y modelo obsoleto no merece ni ser nombrado para ejemplo. Sólo con decir que por su equívoca actuación al final de su tragicomedia nos dejó un régimen pro comunista en el poder, más dañino que el predecesor, y como si fuera poco, al mismo ex presidente, ahora candidato, que tenazmente quiere volver por sus fueros.
Al sandinismo le pasa algo similar, se supone que aún retiene cerca del 27 por ciento del electorado, tras más de 15 años de sus casi 11 años en el poder dictatorial.
Y por razones que intrigan a muchos extranjeros y nacionales conserva muchos simpatizantes, se han hecho conjeturas al respecto: adoctrinamiento, fidelidad casi religiosa, querer experimentar nuevamente el poder absoluto, etc. Tienen entre sus filas miembros que rayan en el fanatismo, pues mientras sus líderes abrazan al “enemigo” y al “adversario político”, ellos son más papistas que el papa en las llamadas “bases” y hoy en día todavía echan miradas de odio a quienes afirman de forma natural no querer el regreso del partido rojinegro en el Poder Ejecutivo, cual si esta afirmación significase una tremenda blasfemia o herejía digna de desatar una guerra santa.
Pero el FSLN es un vehículo que ya no sirve, no está a tono de los tiempos, no genera confianza en el capital, grande, mediano y pequeño. Da a muchos la impresión que no lleva la dirección correcta y puede maltratar severamente la macroeconomía del país con sus medidas populistas y dañar lo que hemos conquistado y ha costado tanto, por ejemplo, ganar, ahorrar, gastar en lo que uno cree conveniente, pasear, trasnochar, entretenerse, recibir remesas, etc.
Además, sus líderes carecen de un recurso petrolero o mineral, como sucede con los camaradas Hugo y Evo, un recurso nacional capaz de asumir medidas atentatorias a la estabilidad social y económica del país, que en el futuro se les pueda ocurrir hacer en caso que llegaran a ganar. Aquí con lo que producimos, con las remesas fruto del sacrificio de los hermanos y hermana y con la cooperación externa estamos quietos. No hay de dónde repartir alegremente tierras, empleos, casas y otras promesas populistas sin que eso vaya a ocasionar un gran daño a la economía, es decir, a la estabilidad de todos los nicaragüenses. Este vehículo estaría perfecto para quedarse parqueado en las áridas calles de La Habana.
Aunque ya menos, por el lógico paso del tiempo, aún quedan ciudadanos que ponen a doña Violeta como lo máximo que nos ha sucedido. Pero estos nicaragüenses no toman en cuenta que su gobierno fue únicamente un vehículo que nos dio el raid que necesitábamos cuando el anterior rojinegro quedó varado. Y por eso y por no haber ella pretendido la reelección, es recordada en encuestas como la mejor en el ejercicio de la primera magistratura. Su vehículo llevaba lo completo para darnos ese aventón que necesitábamos, sólo eso y nada más.
Luego vino Arnoldo Alemán, quien, apropiándose de la bandera antisandinista y aprovechándose del “fantasma del regreso de Daniel”, quiso perpetuarse en el poder en medio de comprobadas anomalías financieras y corrupción despiadada, por lo cual ha sido juzgado y condenado.
El Partido Liberal Constitucionalista (PLC), al que él revivió, también jugó mucho al dame que te daré y decepcionó a la mayoría del pueblo con todo lo que llamamos pacto de repartición de poder, poniendo de esta manera en sumo riesgo la naciente democracia. Por eso el PLC viene a ser un vehículo que a ciertos nicaragüenses les parece reluciente, es más, hasta dicen que está bien equipado y fuerte, pero está por verse si la mayoría del electorado, que ha demostrado ser antisandinista, quiera montarse en él, cuando estén a solas con su conciencia frente a las urnas. Al menos no tiene el permiso para circular dentro de los Estados Unidos.
Por eso debemos ser cuidadosos cuando hablamos de opciones políticas como si fueran vehículos. Debemos de ver para el futuro, es decir, debemos adquirir, ahora que podemos, un transporte que sea último modelo, de paquete.
Creo que la escogencia está sencilla, para los que se consideran sandinistas honestos, progresistas, a tono con los tiempos actuales, sin resabios del pasado que atemoriza. Para ellos está el liderazgo naciente del Movimiento Renovador Sandinista (MRS). Y para los que se consideran conservadores, liberales, o simplemente no desean que regresen las lacras de los años ochenta al poder, está la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN). Ambas opciones son para transportar mucha gente, para transportarnos a todos. Porque somos un pueblo inteligente y queremos seguir viviendo en paz sin sobresaltos de guerra y con la esperanza de ir mejorando, y sabemos que siempre hemos hecho valer nuestros votos, porque a despecho de lo que piensan ciertos políticos y comentaristas, en estas elecciones se volverá a dar el voto inteligente.