Opinión

La democracia yanqui debe actuar como tal


Hoy, grupos de solidaridad por todo el mundo están conmemorando el 30 aniversario del asesinato de 73 inocentes pasajeros que viajaban en un avión de Cubana de Aviación que explotó sobre Barbados el 6 de octubre de 1976. Este acto barbárico de terrorismo fue perpetrado por recursos de la CIA bajo la dirección de Luis Posada Carriles, cubano anti-castrista reclutado por la Agencia Central de Inteligencia en 1961 y entrenado, como él mismo ha dicho, en sabotaje y uso de explosivos. Entre las 73 víctimas se cuentan todos los 24 miembros del equipo juvenil cubano de esgrima que regresaban a casa después de haber ganado todas las medallas de oro en el Campeonato Centroamericano-Caribeño. Además, en ese mismo avión, perecieron 11 estudiantes guyaneses que iban a Cuba a estudiar Medicina.
Programado para coincidir con el 30 aniversario de la acción terrorista contra el avión cubano sobre Barbados, perpetrado por operativos de la CIA, los mismos grupos de solidaridad están concluyendo una campaña mundial de 25 días, la que tiene el propósito de llamar la atención a la opinión pública mundial sobre la detención ilegal y arbitraria de cinco cubanos héroes del verdadero antiterrorismo. Los cubanos Antonio Guerrero, Ramón Labañino, René González, Gerardo Hernández y Fernando González están cumpliendo absurdas sentencias de hasta de más de dos vidas por el “crimen” de haber descubierto planes terroristas contra Cuba que estaban siendo elaborados en Miami y haber entregado toda esta información al gobierno de Bush. Estos cinco cubanos siguen sufriendo esos vejámenes a pesar de las voces que se han hecho oír desde todos los rincones del planeta denunciando el procedimiento judicial como arbitrario e ilegal. Estas voces incluyen la de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, cuyo grupo de trabajo sobre detenciones arbitrarias declaró el 27 de mayo de 2005 que la encarcelación de los cinco héroes cubanos era ilegal y en violación al derecho internacional.
Después de haber hecho explotar el avión de Cubana de Aviación sobre Barbados, Posada Carriles, nacionalizado venezolano, fue detenido junto con los otros responsables por la atrocidad. Fue juzgado, condenado y encarcelado en Caracas. Después de varios intentos, finalmente logró escapar de la prisión en 1985 y rápido se fue a El Salvador a juntarse con Félix Rodríguez, terrorista nacido en Cuba, enviado por Oliver North a El Salvador para ayudar a la Contra que, bajo la dirección y con el financiamiento y pertrechamiento de la CIA, agredía a la Revolución y al pueblo de Nicaragua. A pesar de que Posada Carriles se ha ganado su lugar entre los peores de los terroristas vivientes (o a lo mejor por eso), actualmente él goza de la protección oficial del gobierno de Bush que ha negado las reiteradas solicitudes de repatriación presentadas por el gobierno venezolano para devolverlo a la prisión de donde escapó en 1985. Se dice que la Administración Bush está cínicamente preocupada de que Posada Carriles, un terrorista juzgado y condenado, pueda correr la misma suerte que los no acusados, no juzgados ni condenados prisioneros que Estados Unidos tiene en Guantánamo.
Con respecto a su tan cacareada “guerra contra el terrorismo”, éstos son apenas dos ejemplos del comportamiento oficial de los Estados Unidos. Ni hablar de la mal concebida invasión y ocupación de Irak que, según los últimos informes de agencias de inteligencias estadounidenses, ha servido sólo para incrementar, en vez de disminuir, el terrorismo a nivel global. Por eso es que hoy estamos presenciando una cada vez mayor pérdida de credibilidad en las palabras del presidente George W. Bush cuando habla de Estados Unidos como país respetuoso del derecho e interesado en la paz y en la promoción de la democracia.
En su discurso ante la 61 Asamblea General de la ONU, el 19 de septiembre, el presidente Bush hizo un llamado a los gobiernos del mundo a unirse a Estados Unidos en la guerra contra el terrorismo y la lucha por la democracia. Para muchos, tanto dentro como fuera de Naciones Unidas, estas palabras sonaban huecas, sin ningún contenido real. La imagen de Estados Unidos como país supuestamente comprometido con el imperio de la ley en sus relaciones internacionales, con el fortalecimiento de la democracia y con la construcción de un futuro más esperanzador para la humanidad está siendo hoy más cuestionada que nunca.
El presidente Bush es personalmente visto por una abrumadora mayoría de los habitantes de la Tierra como la mayor amenaza a la paz y seguridad en este mundo. Es por eso que cuando él habla de querer construir un mundo más esperanzador, conjuntamente con las otras naciones de la Tierra, sus palabras son tan mal recibidas, pues parecen añadir hipocresía a su bandolerismo. El presidente Bush se percibe cada vez más como el problema y cada vez menos como la solución. Él, personalmente, ha logrado que se le considere como el mayor terrorista del mundo. Sus esfuerzos por hacerse pasar como persona bien intencionada y moderada sólo sirven para azuzar el sentimiento anti-estadounidense en los cinco continentes, incluyendo Europa, como lo revelan las últimas encuestas de opinión. Por eso es que tantos claramente aprobaron la caracterización de Bush como “el diablo” que el presidente Hugo Chávez recientemente hizo en la ONU.
Esta situación obviamente no es buena para Estados Unidos ni para el mundo. Por ello pensamos que es importante tratar de entender el por qué de esta situación política explosiva y descartar, de una vez, esas cínicas explicaciones que pretenden hacernos creer que los que critican el comportamiento oficial de los Estados Unidos lo hacen porque odian la libertad y la democracia. Es al pueblo estadounidense a quien corresponde hacer que su democracia funcione, si es que Estados Unidos es de verdad una democracia y no simplemente una temeraria, desaforada y expansionista plutocracia, como de hecho ya se le percibe, cada vez más, alrededor del mundo.