Opinión

Ahora o nunca


Tengo que confesarlo, soy epiléptico. Y digo confesarlo porque por siglos esta enfermedad ha sido mal vista o relacionada con sucesos diabólicos, y aún hoy en el pueblo nicaragüense, por desgracia, existe mucha ignorancia sobre la misma.
En una ocasión un indigente colgaba sobre su pecho un cartel pidiendo ayuda económica y explicando que padecía de epilepsia. En parte es cierto, el precio de los medicamentos para mantener controlados los ataques o convulsiones es alto, pero nadie mira a otras personas pidiendo dinero porque son diabéticos, con problemas en el corazón, cáncer u otra enfermedad. Siempre es epilepsia.
Es entre indignante -- claro que para mí es hasta personal-- y repulsivo cuando miro los noticieros rojos, valga la redundancia, de los canales de televisión, cuando filman a un transeúnte que está sufriendo un ataque del conocido como “gran mal”, la forma más extrema de epilepsia. Ésta consiste en movimientos de las cuatro extremidades tipo sacudidas; se pierde la conciencia y dura segundos o algunos minutos. Entonces, tras las convulsiones, el periodista dice ante la cámara que la persona se encuentra “algo desorientada”.
Sólo los que hemos vivido eso sabemos lo de-sorientada que termina la persona. Esto es similar a la pregunta esa que le gusta formular a algunos periodistas a una víctima de los delincuentes, que viéndolas con un cuchillo en el cuerpo todavía se atreven a interrogarle: “¿Cómo se siente?”.
Los registros históricos de ataques convulsivos (que son como un corto circuito en la electricidad que tiene el cerebro) vienen desde el inicio de la historia y se dice que afectan a un diez por ciento de la población mundial. Pero éste no es el objetivo del este artículo.
Creo que es la hora de que todos los epilépticos del país nos unamos en un solo frente para pedirle a todos los candidatos postulados para la presidencia de la República este 5 de noviembre que nos subsidien el costo de por lo menos una docena de pastillas, las que son vitales para mantener controlada la enfermedad (que la mayoría de las veces no tiene cura, sólo se puede mantener regulada a través de tratamientos).
Actualmente, el INSS sólo da cobertura para las crisis epilépticas, migrañas, neuralgias y cisticercosis, y para un par de medicamentos como la Carbamazepina, Fenobarbital y uno que otro más, insuficientes para cubrir a la mayoría de los pacientes que padecen la enfermedad. En otros países, tan cercanos como Costa Rica o Panamá, la cobertura es mucho más amplia.
Es hoy o nunca. Los candidatos están firmando cualquier documento que se les ponga en frente. Si están con los ecologistas, pues le bajamos el volumen a los parlantes de alabanza al Dios sordo de las iglesias evangélicas; si estamos con los evangélicos, pues le subimos un poquito. Si se reúnen con los discapacitados, o como es más políticamente correcto hoy en día: “personas con capacidades diferentes”, pues ha hacer rampas en todos lo edificios públicos y privados de todas las ciudades y pueblos.
Con los campesinos, la trillada promesa de volver a ser el “granero de Centroamérica”. Canales interoceánicos, zonas francas, prohibición del trabajo infantil, servicio social completo para todos los ciudadanos de la tercera edad. Si uno realmente busca encontrará una promesa que se asiente o le cubra una o dos de sus necesidades.
Por eso es que creo que es hora de que nosotros exijamos lo nuestro. Yo gasto más de dos mil córdobas en medicamentos al mes, definitivamente soy privilegiado, sin embargo, para otros este tratamiento asciende a más de veinte mil córdobas mensuales ¿Cuántos pueden darse ese lujo? Muy pocos, seguro. Después de todo, tenemos que el 70% de nuestro pueblo “subsiste” con dos dólares o menos al día, y por otro lado, no todo el restante 30% está en capacidad de gastar, lo que en mi caso significaría la mitad del costo de la canasta básica, o mucho más, como sucede en otros casos, en mantener controlada una enfermedad.
Estoy seguro de que a ninguna de estas personas les gustaría pasar por la experiencia de un gran mal, lo sé, créanmelo, por eso: Epilépticos de Nicaragua, UNÍOS, es ahora o nunca.