Opinión

Un cambio radical de sentido


Ph. D.
IDEUCA

El país y su educación se encuentran ante las elecciones del 5 de noviembre. Aún las propuestas electorales deben incorporar el componente educativo con todos los elementos que corresponden, acompañados de una lógica y voluntad política de cambios profundos, en la medida que las plataformas electorales visualicen la educación como motor del cambio social, cultural y económico del país. En los últimos años una nueva cultura de transparencia ha asomado tímidamente a las puertas. Mientras de 1990 hasta 1999 privó el afán por ocultar la profunda problemática educativa que se venía acumulando, sobrevalorando los resultados, prohibiendo la crítica y ocultando los problemas a la sociedad, a partir de ese año y bajo el referente del Plan Nacional de Educación, las autoridades educativas, desde el nivel central, comenzaron a compartir con la sociedad la problemática existente, aunque con poco éxito, por tener que competir con un paradigma fuertemente asentado en las delegaciones y centros educativos, que aún resiste a “decir la verdad” sobre la realidad. Se trata, a nuestro juicio, del mayor cáncer que ha venido dañando profundamente a la educación.
Son varios años que el Instituto de Educación de la Universidad Centroamericana, Ideuca, viene realizando cursos de postgraduado en todo el territorio nacional, en cuyo marco los participantes (delegados, directores, asesores pedagógicos, profesores, educadores de ONG y de alcaldías) han investigado y tomado el pulso a la realidad educativa, para desde sus logros, potencialidades y desafíos formular propuestas de desarrollo de la educación. En estos diagnósticos la realidad educativa clama con gritos desgarradores pidiendo cambios urgentes y profundos. La última experiencia desarrollada acaba de concluir con la participación de delegados de Consejos Escolares (directores, padres-madres de familia, maestros/as) de siete centros educativos del Distrito Seis de Managua, y el concurso de las voluntades del organismo Capri, la Delegación Departamental del MECD, Ideuca y Save the Children Noruega. El contenido del curso se centró en construir un referente teórico actualizado sobre las categorías educativas de equidad, pertinencia, eficiencia y calidad, enfocando los esfuerzos hacia la construcción del Plan de Desarrollo Educativo. En la medida que los equipos de investigación construyeron el diseño y desentrañaron la realidad educativa, desarrollaron profundos cambios en sus conciencias y compromiso.

Las principales lecciones que se pueden extraer de estas experiencias son éstas:
a) Desde el ámbito externo a los centros escolares:
- La realidad de pobreza y desempleo de amplios sectores sociales está alejando a las familias de las oportunidades educativas, sin estímulos que les ayuden a comprender la importancia de la educación para salir de la pobreza. El círculo vicioso de la pobreza se cierra cuando los más pobres no colaboran en la educación de sus hijos y las tareas del estudio, reproduciendo de esta forma, nuevamente, la pobreza. La falta de una escuela de padres les impide comprender la importancia trascendental de la educación y la responsabilidad que tienen en ella. Esto hace que los estudiantes no cumplan con las tareas escolares y que los centros educativos sucumban ante esta problemática sin capacidad ni creatividad para contribuir a resolverla.
- Los centros educativos que no cobran algún tipo de arancel son la excepción y no la regla. Ante la imposibilidad de las familias pobres (gran mayoría) de no poder cumplir con estas “cuotas voluntarias” y constantes demandas de aportes económicos, cada vez son más los padres de familia que deciden retirar a sus hijos de la escuela.

b) Desde el ámbito interno de los centros educativos:
- Las transformaciones curriculares y metodológicas que se llevan a cabo no ingresan a las aulas de clase ni proporcionan los materiales de estudio necesarios. Acaban siendo simples “reformas de papel”.
- La oferta educativa no es pertinente con las necesidades y expectativas de las familias. Mientras muchas de éstas quisieran que sus hijos se habilitaran técnicamente para lograr un trabajo, la educación que reciben es precaria y desvinculada del ámbito laboral y la vida cotidiana.
- Los recursos que reciben los centros para funcionar son tan exiguos que a los centros les es imposible funcionar con tales condiciones deprimentes. Aún son muchos los niños, niñas y adolescentes que no ingresan a ningún centro educativo y buena parte de los que ingresan abandonan el centro, principalmente, en primer grado y los grados subsiguientes. El grado de desperdicio educativo es sumamente elevado; de esta manera el problema es doble, pues no sólo los centros no cuentan con un presupuesto indispensable, sino que el que reciben lo desperdician por dos vías: el elevado índice de abandono, unido al elevado número de alumnos que repiten grado y ocupan el lugar de alumnos nuevos. La tasa de supervivencia educativa es cada vez más baja.
- La aplicación de las pruebas oficiales de Español y Matemáticas a estos grados de Primaria arrojaron datos alarmantes, en tanto el 70% o más las reprueban. Las metodologías de enseñanza continúan siendo tradicionales y desmotivadoras. El acompañamiento pedagógico al profesorado es inexistente, el magisterio se siente desmotivado, mal pagado y sin ningún tipo de reconocimiento ni aliciente.
- El clima psicosocial de los centros educativos, las relaciones humanas entre el personal directivo y docente y las formas de violencia que se dan en las aulas presentan un escenario desolador y frustrante para maestros y estudiantes.
- Los recursos didácticos que obtienen los centros no son utilizados por el personal docente en las aulas. La planta física de más del 50% de los centros es inapropiada, con aulas que se interfieren entre sí y una relación maestro-alumno excesivamente alta.
Todos estos factores compiten para anular las potencialidades existentes en los centros educativos, en los que la gestión educativa resulta completamente inefectiva para aprovecharlas. La educación se está derrumbando, con la diferencia que ahora ya no está prohibido decirlo y que la conciencia colectiva está más clara. Falta actuar en consecuencia. Frente a esta realidad, el país, los partidos políticos, el magisterio, la sociedad civil, el Ministerio de Educación, las Universidades no podemos callar, es preciso comprometernos con un cambio de lógica, demandar a quienes gobiernen un COMPROMISO ÉTICO Y TÉCNICO CON LA EDUCACIÓN, una TRANSFORMACIÓN EDUCATIVA PROFUNDA, un CAMBIO DE LÓGICA Y DE RUMBO con: políticas articuladas con las políticas públicas, movilización nacional que sensibilice y motive a la participación de todos, recursos económicos en proporción con las necesidades, articulación efectiva de los centros con la comunidad; ofertas educativas pertinentes, condiciones dignas y preparación de calidad para el magisterio, centros educativos dignos, gestión educativa de nuevo tipo, metodologías y medios de enseñanza actualizados en acción, buena gobernanza educativa desde el nivel central hasta el local y, finalmente, algo imprescindible que echamos de menos: vocación y pasión de los dirigentes y funcionarios comprometidos en invertir la lógica educativa en consonancia con el país que queremos.