Opinión

Del aborto y los pastores sin pueblo


Edwin Sánchez

Entre los políticos, como entre algunos religiosos, la verdad no siempre es una de las virtudes más ejercitadas.
Hay hombres hábiles en la manipulación y torcedura de la Palabra de Dios, para extraer ganancias de este mismo mundo, sin esperar “el de allá”, porque eso sólo se lo recetan a sus pobres ovejas para mantenerlas entretenidas.
Ahora, “líderes” evangélicos sin pueblo, se disponen a encabezar junto con jerarcas de la Iglesia Católica, una marcha contra el aborto. El presidente del Consejo Nacional de Pastores Evangélicos de Nicaragua (CNPEN), Mario Espinosa, le cede el lugar a Roberto Rojas y a su esposa, para llevar el “timón”. De más está decir que Rojas dio su entusiasta apoyo a candidatos del PLC en el pasado y a un partido confesional que al final se confesó creyente de Arnoldo Alemán.
Rojas recientemente apareció “orando” con otros pastores por el doctor José Rizo, candidato presidencial de Alianza Liberal.
Espinosa, Presidente del CNPEN, es más político que religioso. Hace algunos años, cuando la secta Moon se introdujo al país, se hizo un acto en el Teatro González. Al tomar la palabra, en vez de referirse al tema, la emprendió contra el sandinismo, que para él estaba representado en el monumento metálico al obrero. Lo de Moon pareció un pretexto para sacar a luz rencores antiguos.
En términos claros, todos estos “líderes” hacen bulto en contra del aborto terapéutico no por celos espirituales. No son alumbrados tanto por la Palabra del Evangelio como de sus propias posiciones políticas. Una marcha y todo un discurso contra el aborto, a menos de un mes de las elecciones, suena a burda manipulación política más a favor de algún candidato que de la misma vida que tanto proclaman.
¿A quién quieren estos cruzados pasarle la cuenta y por consejos de quién? Hay que ver por qué las movilizaciones que convocan como el Día de la Biblia, la Marcha de Jesús, etc., siempre les resultan en fracasos. Ahora van como furgón de cola de la Iglesia Católica, y por ende no se notará su escasa presencia, pues en río revuelto… ¿Por qué el pueblo no les sigue? La Palabra dice que las ovejas oyen la voz del buen pastor. Luego, si no los siguen, ¿qué clase de pastores serán?
El pastor Neftalí Cortés se lamentaba de que pastores de congregaciones grandes no se integraban a sus celebraciones, pero el punto central no lo tocó: ¿por qué no lo hacen? ¿Por qué se va a movilizar tanta gente para respaldar a pastores sin pueblo?
Debería hablarse sobre el aborto conforme a lo que dice la Biblia, y no pasar de contrabando teológico intereses políticos. ¿Por qué se hace ahora la marcha, a menos de un mes de las elecciones, y no en otro escenario?
Escuchamos en otras partes de Hispanoamérica posiciones como las del Presidente de la Iglesia Evangélica Metodista en el Uruguay, reverendo Oscar Bolioli: “Si bien no está a favor de la interrupción del embarazo, respeta y acompaña el derecho de la mujer a decidir sobre tan delicada cuestión”.
En declaraciones a Radio Carve, Bolioli explicó que la Iglesia no deber ser juez, sino que debe acompañar a la madre en una decisión tan difícil.
El protestantismo, dice la Iglesia Evangélica Española, a partir del Evangelio, da lugar a un nuevo concepto de moral. A partir de la afirmación de la salvación por la fe en Jesucristo, el individuo es revalorizado en la conciencia de un Dios de perdón. Así, el protestantismo, ajeno a cualquier actitud dogmática o impositiva, no concede a la institución eclesial, ni a ninguno de sus órganos, derecho de sanción en cuestiones de moral. Siempre llama al creyente a desarrollar su vida, en todos sus aspectos cívicos y morales.
“La mayoría de las iglesias históricas aceptan la práctica del aborto en casos excepcionales, como por ejemplo en casos de violación, de malformación del feto o grave peligro de muerte de la madre. En estos casos, se considera que cualquier decisión pertenece a la persona, debiendo ser recibida en una actitud de comprensión y perdón. Pero en ningún caso el protestantismo indica una norma de conducta con validez general; deja a cada persona el derecho a pensar y actuar libremente según sus convicciones y situación personal”.