Opinión

Por abortos clandestinos mueren mujeres


Mientras se debate se acalora entre el oscurantismo clerical el doble discurso del Estado, el movimiento de mujeres y profesionales; las mujeres siguen estando condenadas a morir por abortos clandestinos. Los que dicen defender la vida “desde la concepción” no sólo arrastran una larga historia de muerte, sino que, además, ocultan que este concepto es bastante novedoso en su dogma. Según la doctrina de Santo Tomás de Aquino, en el embrión no había alma: para los varones ésta se producía recién a los 40 días de la concepción y para las mujeres a los 80. ¡Qué barbaridad, hasta en la repartición de almas nos dejaron de últimas!
Basándose en esta doctrina, el aborto no era reprobable siempre que se practicara antes de esos plazos.
En el año 305, un concilio papal dictaminó la excomunión para las mujeres que abortaran después de cometer adulterio; pero los especialistas señalan que el peso de la condena recaía en el adulterio. Dicho en otras palabras, lo sancionable era el adulterio y no el aborto. ¿Qué habrá sucedido con los hombres que engendraron? ¿Habría alguna condena para ellos? Tal parece que las mujeres en esa época, además de ser condenadas, tenían que abortar para eliminar las evidencias. ¿Para proteger a quién?
Fue en el siglo XVIII que se establecieron leyes sobre el aborto --que hasta entonces era una práctica privada-- por considerar que privaba de súbditos al monarca. Para establecer este criterio antiabortista los reyes contaron con su fiel aliada, la Iglesia. Posteriormente, la necesidad de fuerza de trabajo que imponían los ritmos de la revolución industrial y la disminución de la población que producía las epidemias y las guerras llevaron a los estados a pensar estos nuevos problemas demográficos en términos de “protección de la vida”. Y la Iglesia, nuevamente, prestó sus servicios: en 1869, el papa Pío IX, por primera vez, reprueba el aborto desde el momento de la concepción, al mismo tiempo que impone como doctrina la “infalibilidad papal”, es decir que todo lo que dice un Papa se considera cierto e indiscutible. Como vemos, a pesar de los 2,000 años de historia de la Iglesia, el aborto sólo es condenado desde hace muy poco tiempo.
Actualmente, intentan imponer una nueva idea: que el embrión es una persona desde el momento mismo de la concepción, igualando “aborto” a “homicidio”. ¿Qué diría Santo Tomás de Aquino por el desprecio a su doctrina? No es vigente lo que ya no conviene. Parece que la Iglesia Católica tiene muchas contradicciones. Al menos deberían ser más congruentes y honestos con sus feligreses; probablemente habría más respeto a sus ideas. La fe no se debe basar en la ignorancia, en la falta de información. No deberían aprovecharse de la vulnerabilidad de las personas más humildes y más pobres.

El doble discurso del Estado:
Respeto a la vida, ¿sí o no?
Mientras los sacerdotes se desgañitan desde el púlpito contra todas las formas de aborto; Bolaños, la ministra de Salud, el ministro de Educación, la ministra de la Familia, la directora del Instituto Nicaragüense de la Mujer, el Poder Judicial, los padres y madres de la patria guardan silencio. ¿Cuándo van a respetar la Constitución de la República y a hacer realidad el Estado laico?
Mientras los medios masivos muestran al aborto como una noticia más, el episcopado emite documentos y el Estado implementa timoratos y deficientes programas de salud sexual, los que no llegan a las mujeres de los sectores más pobres. Mientras se escriben numerosos textos a favor y en contra del aborto, las camas de ginecología de los hospitales públicos se colman de mujeres desangradas, infectadas, con sus úteros perforados. Porque el aborto, legalizado o no, existe. Algunos se realizan en clínicas privadas, otros con agujas de tejer, sondas o pastillas, sin ninguna supervisión médica. Mientras todo esto sucede hay una realidad innegable: por abortos clandestinos las que mueren son mujeres.
Anualmente, alrededor de cuatro millones doscientas mil mujeres se someten a abortos en América Latina y el Caribe, según información brindada por la Organización Mundial de la Salud en el año 1998; pero estas cifras, como la pobreza, aumentan cada año. Algunas de estas mujeres, de clase media y media alta, se realizan la operación en clínicas privadas con todas las condiciones de higiene necesarias. Sin embargo, las mujeres pobres se ven obligadas a realizar estas prácticas en condiciones de riesgo, las que pagan muchas veces con sus vidas o que las dejan estériles para siempre. En ambos casos, lo que une a estas mujeres es la clandestinidad. ¿No es esto feminicidio?
Esta realidad, que los sectores más conservadores preferirían esconder, no puede ocultarse por la cantidad de mujeres que mueren. “Esta proporción muy alta de embarazos que terminan en abortos es una ilustración siniestra de la falta de acceso a información y servicios efectivos de planificación familiar. Los abortos inseguros han sido durante décadas la principal causa de mortalidad materna.” (Decisión Prohibida, informe de Human Rights Watch). La falta de información es una forma de discriminación. Negarles a las mujeres el derecho a disponer de su propio cuerpo es discriminación. Impedirles acceder al sexo sin el terror y la culpa de quedar embarazadas también es discriminatorio.

¡Aborto terapéutico legal y gratuito
para todas!
En el capítulo V, el artículo 165 del Código Penal vigente de nuestro país señala en relación con el aborto terapéutico: “El aborto terapéutico será determinado científicamente, con la intervención de tres facultativos, por lo menos, y el consentimiento del cónyuge o pariente más cercano a la mujer, para los fines legales”. Ahora nos quieren quitar hasta este derecho consignado en las leyes de la República desde hace 106 años.
Las mujeres por debajo del umbral de la pobreza tienen cuatro veces más probabilidades de tener un embarazo no deseado y cinco de tener un bebé no deseado. Sin embargo, la extrema derecha tiene una solución para todo: las mujeres pobres no casadas deben ser animadas a parir todos los hijos que vengan. ¡Qué el Señor nos proteja!

*Mujer, madre, abuela y ciudadana nicaragüense
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