Opinión

Los dos Beatles fueron cinco


Puede tomarse el presente escrito como apéndice a mi artículo titulado El Sonar de los Beatles, publicado por EL NUEVO DIARIO en su edición fechada 12 de agosto de 2006. Hacerlo está correcto, es consecuente. Aprovecho para comentar que mis variados trabajos ofrecidos por este medio son resultado de experiencias propias en la vida, conocimientos adquiridos y escrutinios sólidos. He sido honesto y diáfano en función de la originalidad.
Por ejemplo, para este texto y para el aparecido el día 12, basé la búsqueda en documentos originales de la casa disquera londinense EMI, más mi propia concepción. Seguro de su singularidad, paso al objetivo recordando que, en principio, los estudios usados por los chicos de Liverpool para sus matrices discográficas fueron aquellos de Abbey Road, propiedad de la EMI inglesa.
Pues sí, son dos Beatles, aunque juntos en un mismo costal, ése de la música extraordinaria. Como relaté en un par de trabajos anteriores sobre el cuarteto inglés, nunca pude disfrutarlos en vivo. Pero gracias a Roberto Nitopi, un brasileño radicado en Caracas, amante del grupo y coleccionista, analicé varias pistas piratas grabadas en un festival londinense, que según él fue en la Navidad de 1964, en el Odeon Cinema de Hammersmith.
Estos registros imperfectos, como todos en vivo y acompañados por alaridos de las fan, ofrecen varios de sus temas súper conocidos, como Can’t buy me love, A hard day’s night, Twist and shout, Honey don’t y Long tall Sally. Sí, desafinan. Así mismo existe cierta lógica pobreza musical, producto de tres guitarras, un drum más una armónica. Pero la magia brotada, que no se puede narrar, hace de estos Beatles, únicos en el bolso de la excepcionalidad.
Los otros Beatles, los de los estudios de Abbey Road, refuerzan al máximo ese insólito depósito artístico. Pero aquí Los Beatles necesitaron de un refuerzo, de George Martin, bien llamado el quinto Beatle. En esos discos estupendos, Martin hizo de productor, mezclador, cortador, músico intérprete, orquestador, arreglista, director musical y, sobre todo, editor dictatorial del producto final. George, también participó en sus espectáculos en vivo.
Contribuyendo, Martin escogió a los músicos acompañantes, propuso y buscó sonidos nuevos, ordenó enmiendas necesarias, cuadró horarios de grabación, supervisó a ingenieros de sonido, aprobó o sugirió efectos especiales, estuvo presente y fue responsable de todas las sesiones de grabación. George Martin fue un yipón todo terreno 4x4 y parte de su vida musical, que compartió hasta la separación del grupo, transcurrió junto a estos dos Beatles y ellos tres entraron fácilmente en el talego de la música inhabitual.
Los Beatles fueron dos, pero también tres y, más acertado aún, cinco.