Opinión

Mujeres y jóvenes: minorías sociales, a pesar de ser las mayorías demográficas


Las mujeres son minoría social, a pesar de ser una mayoría demográfica y electoral. Lo digo con plena conciencia de que la más decisiva de las transformaciones culturales en Nicaragua en los últimos 26 años ha sido establecer la justeza y la justicia de la igualdad de género. Pero esto no se expresa de manera uniforme y unívoca en toda la sociedad nicaragüense y en todos los espacios de la sociedad. Más bien lo que se observa en Nicaragua es una aceptación social muy desigual del principio de la igualdad de género mucha más reducida y precaria que su aceptación retórica. La violencia contra mujeres en la familia y fuera de ella es uno de nuestros principales problemas de la vida cotidiana, el cual afecta no sólo la convivencia social y la seguridad, sino también la propia economía.
La violación a las mujeres, dentro de la cultura machista, es de lo más normal, al menos históricamente. Durante el gobierno Bolaños (2002-2006), la violación a mujeres se ha incrementado, no importa si éstas irrumpen en el espacio público o se encuentran en sus hogares; han sido violadas. Por eso, por su normalidad, ni el presidente Bolaños ni el comisionado general de la Policía Nacional, Cordero, han sido capaces de emprender una campaña condenando la violencia sexual perpetrada contra las mujeres, sobre todo siendo un delito. Por eso ignoran el trauma sicoemocional implícito en la tortura sexual de estas mujeres, en su mayoría jóvenes.
La esquizofrenia del gobierno de Bolaños, y sus resultados, se hace cada vez más evidente en la medida en que las violaciones a los derechos humanos de la población no sólo se muestran incontrolables, sino que siempre hallan justificación política en la cultura de represión social e impunidad, que desde el poder desprecia los derechos humanos de quienes ya no le son políticamente útiles. ¿Dónde quedó el apasionado discurso de los derechos de las mujeres en voz de Bolaños? ¿Dónde están las mujeres que forman parte del gabinete de gobierno abanderando a las mujeres violadas? No, la defensa de los derechos de las mujeres nunca aterrizó en políticas de Estado palpables, porque no es resultado de la congruencia, sino del oportunismo político de todos los partidos neoliberales.
El ejercicio de poder en Nicaragua por hombres de todos los partidos políticos se ha caracterizado por un evidente sexismo y un sistemático rechazo de las autoridades a reconocer el derecho de las víctimas. Hablar de los derechos de las mujeres aporta votos, es políticamente correcto, pero aplicarlos implica compromisos éticos que el gobierno Bolaños no estuvo dispuesto a asumir.
Desde hace más de dieciséis años, la pobreza avanza por Nicaragua con rostro y vestuario femeninos: trabajar de manera informal, emigrar o prostituirse, son las escasas opciones que quedan a las representantes del mal llamado sexo débil para sobrevivir. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) asegura que en Nicaragua la tasa de desempleo femenino es mayor a la registrada entre los varones.
Otras fuentes añaden que las mujeres jefas de hogar cuentan con menos ingresos monetarios que sus contrapartes masculinos, tanto en los hogares pobres como en los de mayor ingreso. Esto se explica porque, a pesar de las leyes existentes, este sector continúa sufriendo la desatención y la negligencia del sistema legal.
Atrapadas en el ciclo de la pobreza, las mujeres nicaragüenses carecen del acceso a los recursos y los servicios necesarios para transformar la situación, lo cual se agrava a partir del recrudecimiento de la globalización. La vinculación cada vez mayor de la economía a los mercados mundiales suele incidir en la reducción de los gastos públicos y de los programas sociales, trasladando el costo a las familias, donde suelen ser ellas las que llevan sobre sus hombros la carga adicional.
Los jóvenes son también otra mayoría demográfica que es tratada como minoría social. El desempleo afecta de manera más pronunciada a las mujeres y a la población joven. Menos del 20 por ciento de los egresados del sistema educativo consiguen un empleo adecuado en su primera inserción laboral. Las tasas de desempleo abierto para jóvenes duplican y hasta triplican las tasas de los adultos. Sin embargo, desde otro ángulo, más del 60 por ciento del electorado en Nicaragua tiene entre 16 y 29 años. Esto quiere decir que los jóvenes pueden definir el resultado de las elecciones presidenciales de 2006.
Hay además las minorías que son demográficas, pero también sociales y culturales. Discapacitados, indígenas y homosexuales por señalar los más notorios. En Nicaragua, ocho de cada diez nicaragüenses son mujeres, jóvenes, discapacitados, indígenas, homosexuales, adultos mayores y pertenecientes a minorías religiosas. Sin embargo, sufren algún tipo de discriminación por su condición.
El país está viviendo un éxodo de jóvenes, cansados de no encontrar alternativas y posibilidades de vida en el país y de quienes, con la promesa del futuro, les han robado el presente e hipotecado el futuro y la esperanza. El desempleo y la pobreza son una amenaza directa a la estabilidad política, a la cohesión social y al desarrollo económico. La de-socupación de jóvenes tiene implicaciones amplias en el mercado laboral y social de Nicaragua. Esto contribuye a la exclusión económica y pobreza, e incrementa la probabilidad del desempleo en el futuro.
Este fenómeno obstruye el desarrollo normal de los jóvenes desde adolescentes hasta su etapa adulta. Los altos niveles de desempleo juvenil también encadenan a una exclusión de la sociedad y una desconfianza en los procesos políticos. Es una de las causas del mayor incremento de crimen y abuso de drogas entre los jóvenes.
La pobreza y desempleo, el difícil acceso a financiamiento para jóvenes con proyectos, la pérdida de confianza en las instituciones y el desperdicio del talento, son escenarios de la realidad juvenil. Ante estas circunstancias, es necesario canalizar mayores recursos a los programas de jóvenes empresarios que, con ideas de negocios viables, pueden contribuir al desarrollo sostenible y consecuentemente al combate del desempleo y la pobreza extrema.
La interacción entre todos estos tipos de minorías tiene varios espacios de confluencia, pero uno es particularmente decisivo. La brecha entre las expectativas que genera una retórica neoliberal que dice favorecer la igualdad de oportunidades y de trato, y las expresiones concretas de rechazo y discriminación que sufre cada día. La rabia y el enojo que uno logra percibir entre jóvenes y mujeres en muchas regiones del país y en muy variados ámbitos socioeconómicos es un potente indicador de esa frustración de expectativas. Aquí se encuentra la base objetiva sobre la cual se finca una multitud de redes entre minorías sociales y culturales. Estas redes pueden facilitar la conversión de minorías activas y mayorías demográficas en una mayoría política alternativa para favorecer el cambio y rechazar el modelo neoliberal.

El último libro publicado por Oscar-René Vargas se titula: “Elecciones 2006: La Otra Nicaragua Posible”.